Vladimir de la Cruz: La Independencia de los Estados Unidos

Su significado y su importancia

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.                                                    

El 4 de julio celebramos el proceso que culminó con la Independencia de la Estados Unidos.

La independencia en 1776, hace 245 años, resultó de la lucha que se dio en la colonia inglesa denominada Nueva Inglaterra, que comprendía 13 estados, cuyos límites eran la costa Atlántica, los lagos Ontario y Erie, los montes Aleganios, la Luisiana y la Península de la Florida. El Acta de Independencia fue firmada en el Segundo Congreso de Filadelfia, aquel 4 de julio de 1776, constituyéndose, de esa forma, en la primera revolución o movimiento anticolonial victorioso.

En estos territorios de los Estados Unidos también tuvieron interés los españoles y los franceses en sus afanes conquistadores y colonizadores. Así, en 1497, Juan Cabot llegó a Terranova y desde allí bajó hasta la Florida; en 1512, Juan Ponce de León llegó a la Florida, quien la llamó Tierra Florida por su vegetación y por la víspera de la Pascua, fecha en que había llegado; en 1539, el entonces gobernador de Cuba, Hernando de Soto descubrió el río Misisipi.

En el caso de los españoles los territorios de los actuales Estados Unidos y Canadá, y del Asia, formaron parte del gran Virreinato de Nueva España o de México, al que perteneció Costa Rica.

Los franceses hugonotes, eran franceses practicantes de la religión protestante que, en 1562, establecieron una colonia en la Florida, huyendo de las persecuciones a las que eran sometidos como resultado de las guerras religiosas que se habían desatado en Francia, que se mantuvieron hasta avanzado el siglo XVII e inicios del siglo XVIII, aun cuando desde el rey Enrique IV de Francia y III de Navarra les habían garantizado libertad religiosa y tolerancia.

En 1578 y 1584, los ingleses reanudaron sus esfuerzos conquistadores y colonizadores con las expediciones de Humphrey Gilbert y Walter Raleigh, a quienes la reina Isabel I de Inglaterra les había otorgado patentes reales para fundar colonias en América. Gilbert también había participado en las guerras religiosas en Irlanda. Como explorador y navegante creía que había un paso hacia la China, hacia el Catay, por la parte norte del continente americano. En su segundo viaje llegó a la región de Terranova. Por su parte, Raleigh había llegado hasta la actual Carolina del Norte.

Hacia 1606, ya se habían constituido en Londres dos empresas colonizadoras, las Compañías de Londres y de Plymouth, a las que el gobierno monárquico inglés les dio tierras, denominadas después como Nueva Inglaterra y Virginia, donde se desarrolló la plantación de tabaco.

A diferencia de los procesos conquistadores y colonizadores de América Latina, la riqueza pública y la población crecía con gran rapidez. En Nueva Inglaterra, después de 1620, se fortaleció el poblamiento con puritanos expatriados, que firmaron el llamado Pacto de los Peregrinos, comprometiéndose a respetar las leyes y el bien común, fundando así Nueva Plymouth, luego Boston, Massachusetts y Connecticut. Esta zona de Nueva Inglaterra va a ser el sitio de nacimiento de los Estados Unidos, que tiene cinco estados muy particulares: Connecticut, Maine, Massachusetts, Nuevo Hampshire y Rhode Island. También trataron de asentarse en las nuevas tierras fundando la Nueva Ámsterdam, más tarde expulsados de ellas y fundando Nueva York.

Los indígenas no formaban parte de la población colonial, que prefería reducirlos y eliminarlos, a pesar de que dominaban grandes extensiones de tierras, entre ellas las praderas de los Estados Unidos, con predominio principal de las comunidades indígenas de los Sioux, Apaches, Cheroquis y Cheyenes.

En esta misma época los holandeses introdujeron el tráfico de esclavos negros en esta región. Los esclavos llegaron a constituir una parte muy elevada de la población. La situación de la esclavitud dividió la formación de los estados nacientes de los Estados Unidos. En el sur, con aprobación de la esclavitud y de los mayorazgos y, en el norte, con rechazo y desconocimiento.

Los conflictos que internamente vivía Inglaterra, entre el Rey y el Parlamento, favorecían a las colonias, mezclándose las religiones, en sus distintas regiones, con los nuevos colonos, como la religión anglicana en Virginia, la puritana en Nueva Inglaterra y la católica en Maryland. Entre los pobladores de Nueva Inglaterra se estimulaban las ideas de la democracia.

Más tarde, Guillermo Penn, cuáquero, de la religión protestante, que estimulaba la sencillez, el igualitarismo y la honradez, fundó la colonia de Pensilvania, con la ciudad de Filadelfia, que quiere decir «amor fraternal». En 1732 se fundó la última colonia inglesa, Georgia.

A fines del siglo XVII, los católicos habían aumentado por las persecuciones de que eran objeto en Irlanda, desde donde se trasladaban a las nuevas tierras. De igual modo llegaron puritanos y protestantes alemanes. Esta mezcla de prácticas religiosas condujo a desarrollar un espíritu de gran respeto y de tolerancia espiritual.

La educación y la instrucción pública fueron un instrumento muy importante de desarrollo en esos años, porque obligaba a crear una escuela en cada ciudad por cada 100 o 50 casas, según el caso. También se convirtió en un elemento de mejoramiento y superación personal de los colonos. Con la educación también florecieron los periódicos, desde 1704 cuando se fundó en Boston el primer periódico en los Estados Unidos, el Boston News-Letter.

Más tarde, durante la Revolución Americana, los periódicos Pennsylvania Magazine de Tom Paine y el Boston Gazette de Sam Adams, jugaron un papel a favor de la independencia. Paine era considerado como uno de los grandes revolucionarios norteamericanos que creía, además, que la Revolución Americana debía llevarse en punta de lanza por el resto del continente. Luego se fundó el primer periódico de Nueva York, The Gazette, en 1725, al que le siguió el New York Weekly Journal, editado por John Peter Zenger, quien llegó a ser arrestado y acusado de sedición por publicar críticas contra el Gobernador británico. En su juicio fue declarado inocente, lo que constituyó un precedente para la libertad de expresión en Estados Unidos.

A finales del siglo XVIII, todavía bajo la dominación británica, los periódicos se acercaban al medio centenar y sus contenidos eran más ensayos políticos con una línea claramente identificada con la independencia.

En Nueva Inglaterra la educación llegó a establecerse como obligatoria para el pueblo y a cargo del Estado, bajo la dirección de Comités Electivos que decidían por votación las contribuciones que se necesitaban. Esto hizo que en esta época la educación se extendiera más en los Estados Unidos que en cualquier otra parte del mundo.

En Massachusetts también se le dio impulso a la educación media y superior, fundándose la Universidad de Cambridge en 1638, alcanzando ocho universidades en vísperas de la independencia, en 1775.

En la América colonial española para este mismo período ya se habían fundado las universidades de Santo Domingo, en República Dominicana, en 1538, las de San Marcos, de Lima, en Perú, y la de México en 1551, la de San Carlos, en Guatemala, en 1676, la de León, de Nicaragua, el 10 de enero de 1812, llegando al momento de la independencia a casi 40 universidades en la América española, la mayor parte de ellas declaradas pontificias y reales.

El comercio fue, finalmente, el último elemento y la clave de la prosperidad de las colonias inglesas y la causa de su independencia.

Las colonias inglesas poseían para su administración y gobierno una división de poderes, el Ejecutivo concentrado en el Gobernador, el Legislativo que descansaba en el Consejo y la Asamblea, y el Judicial con sus jueces y jurados, poderes que tenían distintos grados de dependencia con Inglaterra. Así funcionaban los Provinciales, que más dependencia tenían; el de los Propietarios, cuando se fundaban por un particular con concesión real, gobernados por su fundador; en ambos los colonos nombraban el Consejo y la Asamblea; y, el de Cartas, por el cual los colonos estaban facultados para nombrar todas las autoridades políticas y de gobierno, como funcionaba en Nueva Inglaterra, donde se organizaban por compañías o corporaciones, lo que dio una gran autonomía, participación y decisión en los asuntos de la comunidad y, sin ninguna duda, en un gran espíritu de independencia, libertad, valores morales propios, defensa de sus derechos, respeto a la ley, el amor a la instrucción. En estas colonias, Connecticut, Rhode Island y Massachusetts se vivía una especie de República.

Inglaterra, Francia y España se enfrentaron en distintas ocasiones por el predominio y posesión de estas tierras. Guerras, como las de los Siete Años, 1756-1763, hicieron que las colonias dieran a Inglaterra los soldados, los abastos y los servicios que la guerra demandaba.

Por el Tratado de París, de 1763, que puso fin a esta disputa, Inglaterra pasó a ejercer el dominio colonial de Canadá; España le cede la Florida para recuperar Cuba, que unos meses atrás había dominado Inglaterra debido a la simpatía española por la independencia de las colonias inglesas. Así el dominio inglés llegó desde el Canadá hasta el Golfo de México. Por su parte, Francia perdió el dominio que tenía en Canadá, cedió el dominio de la Luisiana a España, compensando la pérdida de la Florida, dada a Inglaterra, prefiriendo Francia afirmar sus posesiones coloniales en el Caribe, en Guadalupe y Martinica principalmente. Así, Inglaterra se había impuesto como potencia militar en todos los órdenes.

A pesar de que la guerra había desarrollado las actividades productivas, de comercio y de prosperidad en general, Inglaterra impuso una serie de medidas tributarias a los colonos que fueron el detonante final de la lucha que se iba a realizar por lograr su independencia, y evitar las trabas tributarias y arancelarias que desde la metrópoli se cargaban sobre los colonos, restringiendo su libertad de comercio, sus principios democráticos y su libertad. Las contribuciones forzadas después de 1765 del derecho de sello o papel sellado, el vidrio, el papel y el té fueron de las más rechazadas.

Con motivo de estas luchas se constituyeron dos asociaciones, Las Hijas de la Libertad y Los Hijos de la Libertad. En ellas participaban mujeres y artesanos, mercaderes, abogados, trabajadores urbanos y campesinos que se oponían a esas leyes y propiciaban la independencia. También se oponían a los abusos del gobierno inglés. A ellos se les debe y se les reconoce el llamado Motín del Té. Fomentaban también la solidaridad y la fraternidad intercolonial para la resistencia. Propusieron medidas de no comprar productos ingleses, quemaron residencias de funcionarios ingleses; reclamaron el derecho de los colonos a imponer y declarar sus propias leyes. Impulsaron los Comités de Correspondencia, que fueron verdaderos motores y agentes de la revolución. En todos los estados se organizaron mediante esta forma. Actuaban como grupos secretos. El grupo de Boston, el «Boston Caucus Club», fue fundado por Samuel Adams, hermano de John. Estos grupos, de lucha por la libertad, tuvieron de símbolos el Árbol de la libertad o los Postes de la libertad, que eran estructuras de madera coronadas con gorros frigios, que fueron símbolo también de la Revolución Francesa. Su lucha esencial fue contra los impuestos, llamando a resistirlos.

Otro elemento importante que contribuyó en la Independencia de los Estados Unidos fue la Sociedad Filosófica Americana, fundada en 1769 en Filadelfia, siendo su primer presidente Benjamin Franklin, gran patriota, liberal, masón y de profundas convicciones morales. La Sociedad fue en los Estados Unidos la fuente de la Ilustración americana, del llamado Iluminismo americano. A Benjamin Franklin le siguieron en la presidencia David Rittenhouse y Thomas Jefferson, quien la dirigió por 17 años.

Toda la lucha por la independencia, que se mantuvo por más de un siglo, se expresó en la resistencia a la dominación colonial inglesa, en las insurrecciones militares y en la lucha contra las políticas económicas y tributarias; enfrentando la ley, apoyándose en el Parlamento y en los recursos legales e institucionales que se les ofrecieran para expresar su descontento, reclamando que los impuestos que se establecieran debieran ser declarados por los colonos; contra los formalismos de la presentación de escritos, como el del papel sellado.

Las protestas se expresaron poniendo banderas a media asta, quemando mercaderías, quemando las leyes, oponiéndose por las asambleas locales; enfrentando también la ley de aduanas; y, el pueblo en distintas comunidades se lanzaba a las calles.

La desobediencia política y civil se hacía sentir. Esto se manifestaba de mejor manera en el enfrentamiento a las tropas inglesas que hacían los ciudadanos. La desobediencia civil fue la forma de reaccionar contra normas o acciones del Gobierno, que de manera pacífica se manifestaba o realizaba. Es obvio que el solo acto de desobediencia a la autoridad de gobierno era un acto de fuerza en sí mismo. Y su fuerza y eficacia dependería del mayor número que desobedeciera, o de la capacidad jurídica que se tuviera para respaldar esa desobediencia ante los actos de gobierno que se imponían para su cumplimiento.

Se pedía desobedecer o desacatar normas jurídicas, decretos ejecutivos o leyes de la República, que surgieran de la Autoridad facultada para emitir esos actos jurídicos.

Aunque se conocen formas de lucha de este tipo desde el siglo XVI, el origen de esta forma de lucha se debe, en los tiempos actuales, al gran poeta, escritor y ensayista norteamericano Henry David Thoreau, quien a mediados del siglo XIX, en 1849, escribió la obra «Desobediencia Civil», con el objetivo de negarse él, y llamar a negarse, a pagar impuestos del gobierno norteamericano que se justificaban para financiar la intervención de rapiña que estaban realizando en México, período en el que Estados Unidos se apropió de gran parte de los territorios mexicanos, en esa época, incluso con colaboración de William Walker, que después lo tuvimos en Centroamérica y en Costa Rica, intentando expandir los dominios esclavistas de los estados sureños norteamericanos y de someter a la esclavitud a los pueblos centroamericanos.

Thoreau protestaba contra la guerra que consideraba injusta, en el período en que el gobierno también justificaba la esclavitud. Para él «el gobierno por sí mismo, que no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir». Así surgió la desobediencia civil como una forma válida de lucha y de participación política.

Las políticas agrarias impulsadas por Inglaterra obligaron a algunos propietarios, incluso del sur, a dejar las tierras y a liberar esclavos. Los esclavos libertos se sumaron luego a la lucha por la independencia y a quienes participaran en la lucha por la independencia se les garantizaría la libertad, aunque no a todos se les cumplió esta oferta.

En 1769, George Washington escribía que nadie debía de vacilar un instante en llegar a emplear las armas para defender los intereses preciosos de la libertad.

Los colonos reunidos en Congresos en Nueva York y Boston obligaron a Inglaterra a ceder en sus imposiciones, excepto el té, lo que provocó reacciones muy violentas. En medio de estas luchas se formó un partido nacional, rompiéndose el vínculo de Inglaterra y sus colonias.

Inglaterra conspiraba por retomar el poder efectivamente. En abril de 1775, el General Gage trató de apoderarse en Lexington del depósito de armas de los colonos, sufriendo una gran derrota. La noticia de la victoria alentó la insurrección contra los ingleses; se multiplicaron los reclutas voluntarios y las asambleas de los estados sumaban tropas.

En Virginia, el 4 de septiembre de 1774, la Asamblea acordó una Declaración de Derechos, por la cual reclamaban para sí las mismas libertades que los ingleses tenían para ellos.

El 10 de mayo de 1775, un Segundo Congreso de Colonos, reunido en Filadelfia hizo un llamado público al alzamiento en armas contra la metrópoli, a la cual le declaró la guerra. Para ello emitió papel moneda y formó el ejército, bajo el mando del entonces coronel George Washington, quien ya había combatido contra los franceses en Canadá, y quien fue elegido unánimemente General, cargo que aceptó sin remuneración alguna. En julio de 1775, Washington con 14, 000 soldados, sitió Boston, defendida por los ingleses, que huyeron hacia Nueva York.

El movimiento revolucionario era duramente criticado por los ingleses.

En 1776, el 10 de febrero, en Carolina del Sur, se pedía una Carta en la que constara la total independencia; el 12 de abril, en Carolina del Norte se instruía a sus delegados al Congreso para reclamar la autonomía americana. Igual lo hicieron en Rhode Island, Massachusetts y Virginia. El 7 de junio, en Virginia se propuso abiertamente la independencia y el 2 de julio todos los estados, excepto Nueva York, rompieron relaciones políticas con Inglaterra.

El 4 de julio de 1776, en el Segundo Congreso de Filadelfia, se aprobó la Declaración de Independencia, redactada íntegramente sobre la base que había elaborado Tomás Jefferson, junto con John Adams y Benjamin Franklin. En lo esencial y trascendente se destacó que todos los hombres han sido creados como iguales y se encuentran bajo el cuidado del Creador, quien les otorga derechos inalienables como la vida, la libertad y la felicidad, que los gobiernos tienen por objeto garantizar; que los gobiernos derivan su poder del consentimiento de los gobernados y que cuando un gobierno, cualquiera sea su forma, se opone a estos fines, el pueblo tiene derecho a cambiarlo, abolirlo y reemplazarlo por un nuevo régimen que descanse sobre estas bases para alcanzar la felicidad de los ciudadanos.

Estas ideas recogían el pensamiento progresista de la Edad de la Razón, de quienes lucharon contra el dogma y el autoritarismo: Francis Bacon, Hugo Grotius, Andrés Vesalio, Nicolas Copérnico, Baruch Spinoza; el revolucionario irlandés, Charles Lucas; el italiano, César de Beccaria; los filósofos suizos, Francois Vatel y Alessandro Burlamaqui; el jurista alemán, Samuel Pudendorf; los franceses, Charles Louis de Secondant señor de la Brede y Barón de Montesquieu, Francois Marie Arouet, conocido como Voltaire y Denis Diderot; los ingleses, John Milton, Sidney, Harrington, Priestley y, en especial, John Locke; y los norteamericanos, Roger Williams, Jonathan Mayhew y John Wise. Todos ellos representaban en sus obras las luchas contra la opresión.

La teoría política de la Declaración de Independencia es profundamente democrática y revolucionaria. En la propuesta original de Jefferson se denunciaba el tráfico de esclavos africanos y el sistema de producción al que servía. Los delegados de Georgia y Carolina del Sur objetaron este párrafo, junto con delegados de otros estados donde había un floreciente tráfico de esclavos.

Jefferson decía que la vida en la Tierra no hacía las veces de un valle de lágrimas y de sufrimiento; que no significaba un tormento en sí mismo para alcanzar el cielo; ni creía que las personas nacían malas por naturaleza, ni que los gobiernos eran la representación del brazo secular del Creador. Para él los hombres son buenos, no malos; son capaces de gobernarse a sí mismos; los gobiernos son producto del hombre.

En 1810, Jefferson escribía que la libertad y la felicidad del hombre deben ser los objetos de la organización política, el fin de toda ciencia y todo empeño humano. Jefferson rechazó la aristocracia, la monarquía y el derecho divino de los gobernantes. Reconoció la igualdad de los hombres y el que la soberanía radicara en ella.

Si el gobierno, decía Jefferson, no descansa en el consenso, el derecho a la revolución es indudable; si los gobiernos oprimen, ahogan a los ciudadanos y se convierten en instrumentos de explotación y no trabajan para promover la felicidad, se vuelven tiránicos y traicionan al hombre. Por ello los hombres pueden y deben romper esas cadenas para lograr la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La Declaración de Independencia reflejaba el movimiento iluminista y humanista de la época. Sin embargo, las limitaciones que tenía la Declaración de Independencia estaban en que, al mismo tiempo que proclamaba la igualdad, la libertad y la búsqueda de la felicidad, habían 600,000 esclavos de por vida en Estados Unidos, que transmitían esa condición; y que no reconocía la igualdad real de la mujeres, al punto que la esposa de Adams, Abigail, le reclamaba que querían emancipar a todas las naciones del mundo manteniendo un poder absoluto sobre las esposas, que eran limitaciones de tiempo, lugar y clase. La universalidad y humanidad de sus postulados siguen incólumes.

Los negros jugaron un papel importante en la Revolución Americana. Se levantaron también bajo los estandartes de «libertad o muerte». En Inglaterra, como en los Estados Unidos antes de la revolución, había literatura que condenaba y denunciaba el racismo y el esclavismo. James Otis sugería en 1764 que el derecho a la libertad también era para los negros y defendía el derecho de rebelión de ellos contra sus amos. Otros antirracistas y antiesclavistas fueron Isaac Skilmann, Antohony Benezet, Benjamin Franklin, Benjamin Rush y Thomas Paine, que exigía la abolición de la esclavitud. Más tarde, en 1780, Paine redactó en Pensilvania una ley aboliendo la esclavitud que fue aprobada. Otros grupos religiosos como los bautistas, metodistas y cuáqueros se pronunciaron contra el esclavismo, que se organizaban en los «English Friends».

Desde antes de la Independencia de los Estados Unidos los negros, que representaban casi el 20% de la población de las colonias, cuando se iniciaba el proceso de rebelión independentista, antibritánico, y que llegaban a los 600,000 esclavos, luchaban también por la abolición de la esclavitud, y había quienes, en su nombre también lo hacían, sin lograrlo de manera efectiva, a pesar de que también desempeñaron un papel importante en el proceso independentista norteamericano, sin que esa participación, compromiso y lucha les hubiera significado mayores grados de «libertad», «libertad o muerte» y «libertad o tiranía», como eran algunas de las consignas de la independencia. Hubo alrededor de esta lucha de los negros una conciencia norteamericana que también se desarrollaba en su favor.

Los estados del sur eran los que concentraban la mayor cantidad de negros y mantenían las relaciones de producción, sociales y políticas bajo el signo de la esclavitud. Se ha llegado a afirmar que el valor de los negros, considerándolos «propiedad», o «bienes», en ese momento, eran más de un cuarto de un billón de dólares, lo cual, desde el punto de vista esclavista era una gran inversión y negocio.

El trabajo de los esclavos era desde los nueve años hasta que su edad se los permitiera. Niños y mujeres en estos extremos no estaban fuera de este proceso de brutal explotación.

Desde aquellos años el racismo que se vivía se impuso en la mentalidad de la sociedad norteamericana, la que existía, la que estaba en proceso de nacimiento con la independencia, y la que surgió con la independencia, aun cuando hubo luchadores contra esta discriminación, racismo y esclavismo, entre ellos los mismos negros.

La lucha por la independencia, y por la libertad, por su naturaleza, por su esencia revolucionaria, se oponía, y atacaba la esclavitud.

La lucha por romper con Inglaterra, con sus lazos de dominación, implicaba internamente la lucha contra las distintas formas de dominación, entre ellas la lucha por la liberación de los esclavos.

La lucha por la independencia en cierta forma atacó el sistema de esclavitud. No se podía luchar por la independencia, por la libertad política, económica y social de Inglaterra, arrastrando las cadenas de los miles de negros que habitaban, y trabajaban en las Colonias inglesas, y que colaboraban en la lucha de su independencia. En algunos estados era más evidente la presencia de quienes alzaban la lucha contra el esclavismo.

En los estados del sur era más fuerte el esclavismo. Dentro del proceso de independencia estos estados acentuaron los controles sobre los esclavos. Para estos estados la crisis de la independencia no favorecía el ambiente de la liberación de esclavos. Incluso se llegó a dar esclavos a quienes se incorporaran a la lucha independentista, y hasta se pagaron salarios con esclavos.

Muchos de los negros que se incorporaron a la lucha anticolonial lo hicieron alentados de lograr la suya. La negación de la libertad los llevó a rebeliones, escapadas o huidas, motines, o en condición de fugitivos, como hicieron muchas veces los indígenas en las colonias españolas cuando huían a zonas de refugio, que durante años se mantuvieron impenetrables para los conquistadores y los propios colonizadores y evangelizadores.

Alrededor de los planteamientos que se hacían contra la dominación inglesa también se hacían para la libertad de los negros. Peticiones de este tipo se hicieron en Nueva Inglaterra, Massachusetts, Connecticut, Nuevo Hampshire. En algunos de esos planteamientos se nota la influencia masónica cuando en ellos se redacta que «el Gran Padre del Universo ha concedido la libertad con equidad a toda la humanidad, a la que ellos no han renunciado por ningún pacto o convenio».

En 1775, en Filadelfia, se creó la primera Sociedad para Promover la Abolición de la Esclavitud siguiéndole otras.

En la Declaración de Independencia hay un antiesclavismo implícito al declarar que todos los hombres nacen iguales, dotados de derechos inalienables, como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Antes de 1776, en muchas Cortes los negros habían actuado para pedir su libertad, aunque sin éxito.

La historia de los Estados Unidos conoce levantamientos de negros antes de la independencia, en 1767 en Alexandria, Virginia; en 1774 en Andrews, Georgia; en 1775 en Virginia del Norte, en los condados de Beaufort, Pitt y Graven, al igual que en otros estados.

Cuando se les permitió integrarse al ejército revolucionario lo hicieron sirviendo heroicamente en distintos puestos y en las principales batallas, incluso en posiciones de mando. El mismo George Washington, el 30 de diciembre de 1775, autorizó el enlistamiento de negros al ejército.

Durante el período revolucionario, desde 1770, en distintas legislaturas se recibían memoriales pidiendo la abolición de la esclavitud.

Al momento de la independencia, decía Washington, nada se podía esperar de Inglaterra. Fue un inglés naturalizado en América, Tomás Paine, quien proclamó la necesidad de declarar la independencia, convencido que en punta de lanza debía continuarse la revolución hasta donde hubiera situación colonial y opresiva que combatir y hasta alcanzar la plena libertad e independencia. Así establecieron la Declaración, de que las colonias estaban unidas y tenían el derecho de llamarse estados libres e independientes. Los escudos de armas ingleses, fueron destruidos inmediatamente como quemados los retratos del Rey.

La reacción inglesa no se hizo esperar. Atacaron las tropas de Washington en Nueva York obligándolo a retirarse. Por ello el Congreso dio máximos poderes a Washington y, tras los éxitos revolucionarios en Trenton y Princetown, se recuperó la confianza revolucionaria en la causa de la independencia.

La causa americana en Europa despertaba grandes simpatías, especialmente en Francia, por lo que los revolucionarios americanos envían a Benjamin Franklin a buscar solidaridad y ayuda económica. Así se incorporó Gilbert du Mottier, marqués de Lafayette, donde peleando por la Independencia de los Estados Unidos sirvió como general, considerado un héroe de esta lucha, y un cercano colaborador de George Washington, Alexander Hamilton y Tomás Jefferson. La lucha revolucionaria se extendía en esos días hasta el Canadá.

Entre reveses y triunfos la causa de la libertad de las colonias se fue imponiendo y Francia reconoció la Independencia de los Estados Unidos el 6 de febrero de 1778 y estableció con Benjamin Franklin un Tratado, resolviendo tratar así con los insurgentes y revolucionarios. Le siguieron en el reconocimiento España y Holanda.

En el sur esclavista el proceso fue más lento. Con apoyo de Francia y las tropas todas comandadas por Washington, en 1781 finalmente los ingleses fueron derrotados.

En 1780 hubo protestas negras en el estado de Massachusetts contra la limitación del voto a los blancos que no pagaban impuestos considerando que era injusto que se limitara este derecho por el no pago de impuestos.

Los antiesclavistas y abolicionistas de los estados del sur eran una minoría con poca capacidad de influencia política en la toma de decisiones legislativas y estatales. John Houston y otros consideraban a los negros, en posibilidad de liberarse, más aliados de Inglaterra que de Estados Unidos, si los ingleses les ofrecieran la libertad. Por ello ejercieron más control sobre los negros, aún después de declarada la independencia, por la presencia todavía inglesa en las tierras norteamericanas, y porque la lucha que se mantenía después de 1776.

James Otis, en 1764, señaló en su libro Derechos en las colonias británicas, que el derecho a la libertad por el que se luchaba, alcanzaba inevitablemente a los negros, que la libertad les era inalienable. Del mismo modo, señalaba que el derecho a la libertad de las colonias era igualmente el derecho de los negros a la suya, o en su lugar el derecho de los negros a la rebelión contra sus amos, y que esta rebelión no podía considerarse un crimen o un delito.

En 1772, el reverendo Isaac Skilman, en «La oración sobre las bellezas de la Libertad», exigía la abolición de la esclavitud, considerando además que el derecho a la rebelión contra la esclavitud era un derecho acorde con las leyes de la naturaleza.

Benjamin Franklin, uno de los grandes padres fundadores, como se le considera, de los Estados Unidos, por su participación en la lucha emancipadora, por lo demás gran científico, uno de los redactores del Acta de Independencia y de la Constitución de los Estados Unidos, fue un gran abolicionista, llegando a ser presidente de la Sociedad para Promover la Abolición de la Esclavitud.

A la lucha de Benjamin Franklin se unió Benjamin Rush, de tradición presbiteriana, médico de esos años, también vinculado intensamente al proceso independentista de las colonias, quien llegó a ser presidente de la primera Sociedad Antiesclavista que se fundó en los Estados Unidos, quien atacaba en sus intervenciones y escritos la trata de esclavos y la esclavitud como sistema.

También se le unió a Benjamin Franklin y a Benjamin, Rush, el educador Anthony Benezet, quien también en Pensilvania había impulsado sociedades abolicionistas, entre ellas la Sociedad de Pensilvania para la Abolición de la Esclavitud.

La esposa de John Adams, también redactor del Acta de Independencia, Abigail, manifestó que si era válido luchar por la independencia igualmente era válido luchar por la libertad de los negros, que gozaban del mismo derecho a la libertad.

En pleno proceso de enfrentamientos militares por la independencia hubo negros que huyeron, aprovechando las circunstancias, hacia el norte, incluso en fugas colectivas.

En Virginia, en noviembre de 1775, se les ofreció la libertad a los negros que se sumaran a los revolucionarios, lo que se aplicaría solo a esclavos adultos y varones, condenando a muerte a los que se fugaran y fueran capturados.

A favor de los esclavistas estaba la circunstancia de que Inglaterra no levantaba banderas antiesclavistas o abolicionistas en su lucha. Era a la vez un gran traficante y comerciante de esclavos. La lucha opresora que mantenía hacia las colonias lo era también contra los esclavos negros.

El gran revolucionario Thomas Paine, el 8 de marzo de 1775, escribió en un periódico de Filadelfia, el artículo «La Esclavitud africana en América», exigiendo la abolición de la esclavitud, pidiendo que se les concedieran tierras ya en condición de libertos, para que «pudieran ganarse la vida».

A estos personajes se sumaron, durante los años de resistencia y de guerra independentista, grupos de religiosos bautistas, metodistas y de manera sobre saliente los cuáqueros, opinando y actuando de manera antiesclavista. Los cuáqueros, hacia 1785, habían eliminado la esclavitud en sus hogares y familias, llegando a plantear en el propio Congreso de la Unión que se legislara en ese sentido y, hacia 1783, se solicitó se declarara ilegal la esclavitud, con el apoyo de la Sociedad Amigos de Pensilvania y Nueva Jersey.

En los gobiernos de cada una de las colonias se presentaron solicitudes y acciones en igual sentido. En Rhode Island, por influencia cuáquera, se llegó a aprobar una declaración, en 1774, en la cual se afirmaba que cualquier negro que se introdujera como esclavo sería o quedaría libre. Para ellos era un problema esencial, la lucha por la libertad de los blancos era a la vez una lucha de todas las personas, y la libertad de los blancos debía extenderse a todas las personas. Esta disposición no liberó a los negros, hasta que, cuando se incorporaron al ejército, para luchar contra Inglaterra, se emancipó a los que participaron militarmente de esa lucha.

La patriotas y revolucionarios, principalmente, eran abolicionistas. Muchos gobernadores blancos no lo eran defendiendo el negocio que significaba el tráfico de negros. En Baltimore, en 1774, se logró acordar abstenerse del comercio de esclavos y sabotear a los comerciantes de esclavos.

En 1776, en Massachusetts se declaró ilegal la trata de esclavos. Así se estableció, también, en 1776, en la Constitución de Delaware. En 1776, en Nueva York, se avanzó con una ley, en el Congreso Provincial del Estado, que establecía una emancipación gradual, lo que se aprobó hasta 1798.

En 1777, en la Constitución de Vermont se prohibió la esclavitud de cualquier persona, nacido o no en los Estados Unidos. En 1780, en Pensilvania se aceptó una ley contra la esclavitud, redactada por Thomas Paine y George Bryan. Este mismo año en Connecticut se impulsó una ley similar que se terminó de aprobar hasta 1784, año en que también Rhode Island aprobó una ley de abolición gradual, año en que la Constitución de Nuevo Hampshire la abolió.

En 1781, la Suprema Corte de los Estados Unidos, en el caso Commonwealth vs. Jenninson, condenó a un blanco por haber azotado a un negro diciendo que «era su esclavo», multándolo, sobre la base de que la Constitución estatal señala que todos los hombres nacen libres e iguales, y de que todas las personas tienen derecho a la libertad, destacando que la esclavitud no armoniza con la Constitución.

En 1804 el estado de Nueva Jersey abolió la esclavitud, por influencia de los cuáqueros. Este año se estaba independizando Haití y provocando un movimiento antiesclavista e independentista en el Caribe.

En 1782, en Virginia, se establecieron, por un breve plazo, mecanismos para la manumisión de esclavos, bajo el impacto de la recién proclamada independencia en 1776.

Mientras esto se expresaba en los estados, en el gobierno federal no tenía igual eco. Las leyes que se promulgaron en esos años eran más antibritánicas que antiesclavistas. La propuesta de Jefferson, denunciando, en el borrador del Acta de Independencia, la esclavitud, y su tráfico, «del rey cristiano de Gran Bretaña», fue eliminada a solicitud de los representantes de Georgia y Carolina del Sur, y de otros estados todavía esclavistas.

De esta forma está claro que, durante los años de la lucha por la Independencia de los Estados Unidos, durante su desarrollo y en los años posteriores hubo importantes movimientos antiesclavistas y emancipadores de los negros en Estados Unidos.

Las luchas de los negros dentro del proceso independentista también se expresaron en las actividades de los llamados marrons, que eran esclavos fugitivos, que fue muy extendida, en levantamientos, tumultos y en complots, como sucedió en 1767 en Virginia, y en 1774 en Saint Andrews, en Georgia. Las represalias contra ellos fueron la ejecución, la horca, quemarlos vivos, la decapitación, el azote, las marcas en sus cuerpos, la corta de orejas. Uno de los levantamientos más grandes se dio en los condados de Beaufort, Pitt y Graves, en Carolina del Norte en 1775.

Aun así, los negros se incorporaron al ejército revolucionario independentista, y lo hicieron también en la marina, en todos los puestos de los barcos, hasta el de pilotos, con menos restricciones que en la infantería. También lo hicieron como tambores del ejército, recogiéndose sus imágenes en pinturas alusivas a la guerra.

En plena guerra hubo propuestas para que los negros no se les permitiera incorporarse en las filas del Ejército, enfrentando una decisión del Congreso de permitirles a los negros libres hacerlo. George Washington, desde el 12 de noviembre de 1775, estuvo de acuerdo con que participaran del ejército.

Cuando en 1776 Nueva York permitió que los hombres que habían sido reclutados al ejército a la fuerza fueran cambiados por otros, blancos o negros, hubo esclavistas que entregaron negros, a quienes se les concedió la libertad.

Sosteniendo la revolución los negros se incorporaban al ejército con la condición de que les dieran la libertad y se les emancipara, derecho que se extendió, en Rhode Island y Massachusetts a los negros que habiendo escapado se enrolaran de nuevo. En Carolina del Norte los negros esclavos podrían obtener la libertad de sus amos al terminar la guerra si habían servido al ejército. Parecido actuaron en Maryland y Nueva York en 1780 y 1781. En Nueva York hubo regimientos completos de esclavos. En Carolina del Sur esto no fue posible lograrlo.

En todos los combates los negros se distinguieron. De ello testimonian las pensiones que les fueron asignadas, la inclusión en las listas de heridos y muertos. En todas las grandes batallas se cuenta la presencia de negros, en Brandywine, 1777, en Boonesborough, 1778, en Fort Griswold, 1781, en Eutaw, 1781, en Cornwallis, 1781, en la marcha de Saratoga a Oswego, 1783, en Concord, en Lexigton, en Bunker Hill, en Ticonderoga, Long Island, Stony Point, Savannah, Trenton, Monmouth, en 1776 acompañaron a Washington cruzando el Delaware, en el ataque de los cuarteles ingleses de Newport, Rhode Island, donde las principales autoridades militares británicas fueron capturadas por el negro Jack Sisson, según se cuenta.

Aparte de estas luchas también los negros lucharon en montañas, desarrollando acciones militares de tipo de guerrillas. Hubo compañías del ejército comandadas por oficiales negros. Algunos negros desarrollaron tareas de espionaje exitosamente. A algunos negros además de su manumisión y libertad les dieron, como recompensa, pensiones anuales y hasta tierras, por los servicios prestados.

En algunos estados, como Virginia, cuando al terminar la guerra, se quiso someter de nuevo a la esclavitud a los que habían combatido, el Congreso obligó a que se les confirmara la libertad que se les había ofrecido y se habían bien ganado.

A ello se sumaba el desarrollo económico de la dinámica interna de los Estados Unidos en gestación, el sur agrarista y esclavista, el norte industrial y antiesclavista. El desarrollo de la industria y del capitalismo moderno necesita mano de obra libre y asalariada, no esclavos, «esclavos modernos», como los llamó Marx, pero hombres libres.

Los estados sureños, particularmente, todavía a mediados de la década de 1850-1860, acuerparon las avanzadas esclavistas y anexionistas que quiso realizar William Walker, llegando a Nicaragua, estableciéndose allí, donde declaró de nuevo la esclavitud, en 1855, provocando la llamada Guerra de 1856 y 1857, donde el ejército de Costa Rica, liderado por el presidente de la República, Juan Rafael Mora Porras, avanzó sobre el suelo nicaragüense para liberar a Nicaragua, e impedir la anexión de las tierras centroamericanas y de que Walker sometiera a la esclavitud a los pueblos centroamericanos. Exitosa fue la guerra desarrollada por Costa Rica, a la que se sumaron, particularmente en la segunda parte de esta, las fuerzas militares de los otros estados centroamericanos, siempre bajo la guía táctica y estratégica del presidente Juan Rafael Mora y su Estado Mayor.

No se puede entender y comprender la lucha por la Independencia de los Estados Unidos, sin tener en cuenta el importante papel que los negros jugaron en ella. Para los negros fue una revolución inconclusa. Para ellos, y para los abolicionistas, la lucha por la libertad continuó y continúa.
Los negros en la cultura y la sociedad norteamericana han significado un enorme papel, y prestigio, para esa gran nación en todos los campos.

La guerra de Independencia de los Estados Unidos no acabó con la esclavitud en ese gran país, pero dejó sentadas las bases para la Guerra Civil, en la segunda mitad del siglo XIX, 80 años después de la independencia, a la que algunos han llamado la Segunda Revolución Norteamericana, que terminó estableciendo la abolición de la esclavitud, con gran dificultad.

El 3 de septiembre de 1783 Inglaterra se vio forzada a reconocer la Independencia de los Estados Unidos, en el Tratado de Versalles. Con el Tratado de Paris, de 1783, bastantes negros pudieron ir a Inglaterra como fugitivos, y se calcula que casi 10,000 ya se habían desplazado entre 1782 y 1783. El propio Thomas Jefferson afirmó que Virginia había perdido más de 30,000 esclavos por fugas, en Georgia alrededor de 15,000, y en Carolina del Sur cerca de 25,000 ya no estaban al terminar la Guerra de Independencia. El estado de Carolina del Norte, por su parte aumentó la traída de esclavos en los siguientes años.

Las rivalidades existentes, a pesar de la lucha por la independencia, entre los estados, los impulsó a buscar una alianza. Los hombres más ilustrados de la Revolución Americana sentían esta necesidad, lo que los llevó a impulsar la convocatoria de la Convención para aprobar una Constitución. La Convención se reunió el 2 de mayo de 1787, presidida por Washington. Cuatro meses de sesiones y la Convención la presentó al Congreso.

En 1787, el Congreso Constituyente, nuevamente reunido en Filadelfia, aprobó la Constitución de los Estados Unidos, una de las más liberales del mundo.

El 4 de marzo de 1789 se reunió el Primer Congreso en Nueva York; el 30 de abril George Washington juró como primer presidente de la naciente República, cargo al que fue reelegido para un gobierno de ocho años.

En 1800 fue fundada, en su memoria, la ciudad de Washington, también fue el Primer presidente del Congreso y de la Unión. El patriotismo de Washington y su espíritu unitario aseguró la paz interior y evitó la disolución estatal.

Años más tarde, durante los días de la Guerra Civil norteamericana, hacia 1865, en el mes de diciembre, en el pueblo Pulaski, del condado de Giles, del estado de Tennessee, surgió en los Estados Unidos, una de las organizaciones más tenebrosas y criminales, de carácter racista, que han existido en ese país, el Ku Klux Klan, organización que contribuyó a desarrollar otros pares organizacionales, cuya finalidad inicial era mantener controlados los negros recién liberados, desarrollando su actividad desde Tennessee hasta las Carolinas, más tarde extendido a otros estados.

El Ku Klux Klan es quizá la expresión de la principal organización de extrema derecha en los Estados Unidos. Promueve la supremacía de la raza blanca, el racismo, la xenofobia, la homofobia, el antisemitismo, el anticomunismo y en alguna época también el anticatolicismo. Durante la época del desarrollo del fascismo en Europa, miembros destacados del Ku Klux Klan realizaron escándalos apoyando a la Alemania nazi.

La lucha contra la segregación racial a mediados del siglo XX exaltó la presencia del Ku Klux Klan y sus atroces crímenes. El resultado de la lucha por los derechos civiles, y los derechos humanos de los negros en Estados Unidos, desde esos años hasta hoy, no ha concluido. Parte de estas luchas se concretaron en el Acta de Derechos Civiles de 1964.

El Ku Klux Klan sigue vigente en Estados Unidos.

La existencia de esta organización puso de manifiesto la limitación de la independencia respecto a la libertad de los esclavos, de las libertades en Estados Unidos, por las prácticas racistas, xenofóbicas y supremacistas aún existentes.

Las colonias inglesas eran muy heterogéneas tanto por el origen como por el carácter de sus habitantes: católicos o protestantes, esclavistas o antiesclavistas, cultivadores o plantadores. Sobre ellos pesaba la opresión del gobierno inglés que los cargaba de impuestos, les negaba el voto y la palabra en lo relativo a los gastos. Se sacrificó el comercio sometiéndolo a los intereses británicos, que para los colonos se tornaban extranjeros, se mantenía el lucrativo negocio de la trata de esclavos negros contra la oposición de los virginianos.

Las leyes favorecían los intereses británicos sobre los intereses de quienes construían y formaban las colonias inglesas y perfilaban el nuevo país. El poder del gobierno británico se fortalecía, el autoritarismo se imponía y la terquedad del monarca se acentuaba. Tal situación empezó a enardecer los ánimos contra el gobierno, por lo demás colonial y opresivo y extranjerizante para quienes habitaban en América.

La represión aumentó en Lexington deteniéndose a los jefes y provocando los primeros combates, generándose de esta forma, la Revolución Americana y levantando los colonos el grito de Independencia, que se materializó en la Declaración de 1776. La rebelión de los colonos ingleses recordó en Europa lo transitorio de los regímenes políticos y revivió la idea de la naturaleza efímera de los gobernantes.

Esta revolución enseñó que, sobre los derechos positivos, restrictivos de los ciudadanos, estaban aquellos naturales, que por su esencia siempre inspirarían el actuar, no solo en conciencia, contra lo que atentara contra la propia naturaleza de las personas sino también contra el gobierno de las clases especiales, porque el gobierno que sirve a ésas solo está al servicio de determinados intereses de clase.

Estas revoluciones enseñan tener fe en el pueblo y en la democracia como forma de gobierno. Desarrollaron el constitucionalismo. Fomentaron la igualdad, la fraternidad y la legalidad. Impulsaron el control de los monarcas y gobernantes, así como el sistema de controles entre los poderes del Estado. Estimularon la representación del pueblo y a ello le dieron al parlamento, como institución, la supremacía jerárquica del ordenamiento político moderno y a los diputados la condición de sus delegados.

El concepto de soberano cambió. Antes de esta revolución designaba al Rey. Después de ella al pueblo, porque era el pueblo quien en adelante gobernaría. La propia Constitución inicia «Nosotros el pueblo…» Incluso en los regímenes que mantuvieron al Rey este se sometería a la Constitución, la cual emanaba del pueblo. La revolución se convierte en el poder político colectivo. Esta revolución enseñó, finalmente, que los pueblos son invencibles.

Lamentablemente la revolución independentista no alcanzó hasta hoy que Estados Unidos se haya desarrollado como una sociedad más democrática mediante la firma de tratados y convenios internacionales, relacionados con la mujer, niños, medio ambiente, desarme, derechos humanos, economía, trabajo y justicia, que todavía no ha aprobado o ratificado como son el de la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; el de reprimir la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena; el de la protección y utilización de cursos de agua transfronterizos y lagos internacionales; el del derecho del mar; la de la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencias de minas antipersonal y sobre su destrucción, (a esta se opone).

Además, la convención contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios; el de la represión y el castigo del crimen del Apartheid; el Protocolo de Kioto; los Estatutos del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología; el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles, Políticos, destinado a abolir la pena de muerte.

No ha ratificado los siguientes convenios: el de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes, para reducir o eliminar la liberación de sustancias químicas nocivas al ser humano y el del medio ambiente; el de Basilea sobre control transfronterizo de desechos peligrosos; el de la diversidad biológica; el de los Derechos del Niño.

Asimismo, no ha firmado el de Libertad Sindical y de protección del derecho de sindicación; el de Derecho de sindicación y negociación colectiva; el de la edad mínima de admisión al empleo; contra la delincuencia organizada transnacional; contra la tortura; y el de la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad.

Tampoco ha ratificado el tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares; los protocolos facultativos de las convenciones sobre los derechos del niño, relativos a la participación de niños en conflictos armados, y el de la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de los niños en pornografía; ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y culturales.

Otra expresión de la limitación de los alcances de la evolución y el movimiento independentista de los Estados Unidos descansa en el papel de gendarme internacional que ha asumido desde el siglo XIX, impidiendo la libre determinación de pueblos, interviniendo para mantener dictaduras y tiranías o derrocar gobiernos democráticos que no son de su simpatía.

Estados Unidos declaró, en 1985, que se separaba de la jurisdicción y no acataría las decisiones de la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, que ha servido para solucionar controversias entre estados, al igual que, en el 2002, del Estatuto de Roma, de la Corte Penal Internacional, para enjuiciar criminales de guerra y genocidas, situación que le permite a su ejército y sus militares estar fuera de la persecución internacional por crímenes de guerra y por violación de los derechos humanos. Al recordar la Revolución Americana, de 1776, de la independencia de las 13 colonias y algunos de los aspectos históricos concretos que permitieron el desarrollo del republicanismo, surgido de esa revolución destacamos el movimiento intelectual e ideológico que inspiró estos procesos revolucionarios, que continúan dando su luz y que son una guía de acción para la mejor comprensión de nuestro tiempo.

Valoramos en ellos aquellos elementos que hicieron tomar conciencia y permitieron la organización para liquidar los regímenes políticos absolutistas, conculcadores de las libertades y de los derechos de las personas y, apreciamos la voluntad de organización contra la opresión política y social que se vivía. Sin estas dos banderas, el ideario revolucionario de libertad y la organización para alcanzarla, no hubiera sido posible esta gloriosa revolución y movimiento anticolonial de lucha popular.

Al recordar una fecha como el 4 de julio, día de la Independencia de los Estados Unidos, en su 245 aniversario, de la lucha de los colonos norteamericanos, exaltamos su revolución como la primera y la más trascendente batalla anticolonial, que abrió el camino e inspiró las luchas anticoloniales de la América Hispana; recordamos igualmente a aquellos hombres que la modelaron y a quienes por ella nos transmitieron los valores universales que hoy inspiran la causa de la libertad de todos los hombres y mujeres del mundo; afirmamos en el recuerdo de la Revolución Americana la labor de progreso de la humanidad sobre la base de la educación moral, el progreso espiritual, el mejor discernimiento y el cumplimiento de nuestros deberes; en que la lucha por La libertad y la búsqueda de la felicidad es también una llave para penetrar en el camino luminoso de hacer de los hombres y de las mujeres verdaderos obreros del progreso humano y cooperar con el establecimiento de una «nueva era humana», una nueva civilización basada en valores humanos, morales e ideales, cuyo objetivo sea el progreso, la felicidad y el bienestar de todos los hombres reconociendo que el bienestar de uno se encuentra asociado al bienestar de todos.

(Conferencia dada, el lunes 12 de julio del 2021, en el ciclo de Actividades y Conferencias «Camino a la Celebración de la Independencia de Centroamérica», organizado por la Biblioteca Nacional, la Cátedra Enrique Macaya de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, y el Instituto de Estudios en Democracia del Tribunal Supremo de Elecciones)

 

Publicado originalmente en Wall Street International


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