Vladimir de la Cruz: Matilde de la Cruz Martínez, siempre estará en nuestros corazones

(Palabras pronunciadas por Vladimir de la Cruz en la ceremonia de los oficios fúnebres de Matilde de la Cruz Martínez, el día 23 de octubre del 2021, en la Iglesia de San Pedro, de Montes de Oca)

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.

Nos reunimos en esta ceremonia religiosa para recordar brevemente y despedir a nuestra querida Matilde de la Cruz Martínez, la hermana de Alvaro y María Elena, de Donna, quien fuera nuestra tía y también mi Madrina.

Matilde nació en la Juntas de los Abangares, donde estaban radicados sus padres, sus padres, y nuestros abuelitos Manuel y Carmen, y  sus abuelos y nuestros bisabuelos Gilberto y Matilde, todos ellos de origen colombiano, que habían llegado después de las guerras liberales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en ese país. El bisabuelo Gilberto llegó a ser un hacendado importante de la zona, le llamaban el Gran Colombia y contribuyó para que Las Juntas fuera declarado Cantón. El abuelito Manuel fue  contador y trabajó en Las Minas de Abangares, le llevaba 30 años a mi abuelita Carmen. De ese matrimonio nacieron once hijos, dos infantes fallecieron en la Juntas.

Fue un hogar de tradiciones fuertes en su educación y valores de trabajo, éticos y morales. A la muerte de  mi bisabuelo Gilberto, la abuelita Carmen tomó la decisión de venirse hacia San José, a finales de la década de 1930, para darles más oportunidades de  vida, de progreso y profesionales a sus hijos, en ese momento todos adolescentes y niños, Matilde de 12 o 13 años. Así llegó, a San José,  al momento cuando el Dr. Rafael Angel Calderón Guardia asumía la Presidencia de la República, en 1940, a quien acudió rápidamente, en cuanto pudo, de manera desesperada para buscarle trabajo al abuelito Manuel, que el Dr. Calderón Guardia le facilitó. De allí nació un vínculo de la abuelita,  hasta su muerte, con el Gran Reformador de Costa Rica, e hizo que religiosamente sus hijos e hijas también le rindieran respeto y admiración. Matilde fue una de ellas que lo acompañó en las lides políticas en la tradición republicana y calderonista. Matilde rompió ligeramente  ese vínculo en la campaña de 1998 cuando asumí la candidatura presidencial del Partido  Fuerza Democrática, donde mi tía me brindó su apoyo, e hizo que la familia, de distintos modos también lo manifestara.

Matilde era la consentida de mi abuelito Manuel.

En San José, para sobrevivir, mi abuelita impulsó una Pensión, de hospedaje y de comida, que mantuvo hasta que Alvaro se graduó, y con Matilde y los hermanos decidieron que la abuelita Carmen dejara de trabajar. Así se cerró la Pensión De la Cruz, con la que había ido sacando poco a poco a sus hijos e hijas.

De acuerdo a la tradición,  y al momento que se vivía, a los varones se les orientaba y apoyaba hacia carreras profesionales,  porque se partía de la idea que tenían que mantener hogares, pero de la mujeres, de Matilde, Lilia e Irma, mi abuelita Carmen se preocupó de que tuvieran también un soporte profesional, y en esa época la posibilidad era la carrera de secretariado. La Universidad apenas estaba abriendo sus puertas en 1941. Todas ellas se llegaron a desarrollar en este campo como grandes profesionales, esmero, distinción y excelencia. En este sentido, la tía Matilde, por su propia iniciativa, la primera que asumió esta carrera, buscó la mejor opción para estudiar y prepararse, en todo sentido, que había y que se brindaba en la capital. Consiguió una pequeña escuela, la Escuela de Comercio de Isabel de Mendiola, con posibilidad de  desarrollarse mejor como Secretaria Ejecutiva y  bilingüe. Así empezó tempranamente  su vida laboral y profesional, en un ascenso bien trabajado y pulido con los años y su propio esfuerzo. Su trabajo contribuyó, con el de Gilberto, el hermano mayor, para ir sacando adelante a los hermanos y hermanas. La década de 1940-1948 fue muy dura en todo sentido, por la situación internacional de la Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones en el país, por la coyuntura política interna de esos años, por la Guerra fría que le siguió con sus repercusiones en el país hasta  la guerra civil de 1948, que afectó a la Familia de distintos modos.

Matilde desde joven logró conseguir trabajo en compañías pequeñas hasta que llegó TACA destacándose  hasta los niveles gerenciales. Con TACA como empleada empezó a viajar, y por los beneficios de tiquetes, que se les brindaban a los empleados, le abrió las puertas de viajes a sus hermanos, vinculándolos a la cultura estadounidense, especialmente a Alvaro y a Enrique.

De sus viajes a Estados Unidos empezó a traer ropa para vender, lo que le resultó muy bien. A medida  que fue creciendo en este negocio, dejó de ir a tiendas a comprar para dirigirse directamente a las fábricas, incluso en New York. Su dificultad económica para este negocio la llevó a solicitarle préstamos a don Mariano Tovar, a quien regularmente  y seguridad se los pagaba hasta que don  Mariano, conociéndola, depositando fe y confianza en ella,  le propuso una cuenta abierta, con sociedad  incluida, para la traída de la ropa. Llegó a ser  muy buena vendedora de los artículos que traía, gozando de una clientela muy selecta.

Fue Matilde en su época una gran  emprendedora, como se conocen hoy este tipo de personas.

Sus conocimientos de Secretariado se propuso perfeccionarlos y logró ser admitida en la Escuela de Secretariado de la Universidad  de Kansas City, Missouri, Universidad  en la que también estaba Rodolfo Méndez Mata, con quien cultivó, desde entonces, una amistad y admiración  permanente, y le acompañó en sus lides políticas. La experiencia en la Universidad de Kansas hizo que posteriormente se preocupara por enviar a su hermana Irma a estudiar allí.

En su ascenso laboral logró incorporarse al Instituto Interamericano de Ciencias y Agrícolas, y con  ello a la Organización de Estados Americanos, como funcionaria, que le permitió vivir, especialmente en Perú, que la marcó en muchos sentidos. Con el IICA logró otra beca para ir a Michigan a especializarse en la edición de libros donde llegó a ser una experta y reconocida editora de este organismo internacional.

Como editora se vinculó a las empresas editoras nacionales, como la Librería e Imprenta Trejos, llegando a tratar directamente con el ex presidente José Joaquín Trejos, afirmando ese vínculo su relación republicana calderonista. Michigan le abrió horizontes culturales y mejores trabajos.

Estando en Lima colaboraba estrechamente con la Embajada de Costa Rica, casi como una funcionaria externa. Su ilusión fue de retirarse, al terminar su vida laboral a Washington, pero conoció Lousiana y allí echó sus anclas, enamorándose de ese Estado y de New Orleans.

Perú siempre lo tuvo en su corazón. El primo Ronald, su sobrino y nuestro primo, con  frecuencia la acompañaba a almorzar llevándole comida peruana.

Estando en New Orleans le tocó al Huracán Katrina. Para esos días mi hijo Tupac trabajaba en Batton Rouge y New Orleans. Matilde se negó a acatar las órdenes de dejar las casas frente al peligro de inundación, como ocurrió. Tupac tuvo que irla  a sacar en bote cuando el agua llegaba al borde de la puerta de entrada de su casa, que estaba en una ligera loma. Después de esta experiencia regresó a vivir permanentemente en Costa Rica.

Con Tupac tuvo una intensa amistad  y  relación. En una visita que hiciera Plácido Domingo a New Orleans Tupac la invitó a irlo a ver, y a cenar privadamente con el gran cantante, lo que disfrutó muchísimo. En el concierto de Plácido, lo abrazó, como una enamorada de 15 años y se dio  una gran fiesta con él, que le costó sus días de hospitalización,

En sus viajes por Suramérica llegó a Colombia, en búsqueda y encuentro con las raíces familiares,  donde contactó a la familia paterna y a los familiares colombianos, sus tíos, a Manuel, Alberto, a Rafael, a Pepa y a Mercedes, y a sus tres hermanos, por parte de padre, entre ellos Carlos que durante un tiempo vivió en Costa Rica.

Matilde fue una mujer que siempre estuvo buscando su propia superación y se preocupó de apoyar, cuando más pudo hacerlo, a sus hermanos y hermanas, y a sobrinos en ese mismo afán de superación. Fui uno de los apoyados de la tía Matilde.

La guerra civil de 1948 había separado a su hermano Ignacio, mi padre, de la familia.  La familia procurando protegerlo de la represión, por su militancia comunista, lo sacó a Panamá y luego terminó en Venezuela, donde  hizo otra familia. Mamá y yo quedamos solos, yo de dos años. Matilde, que además era mi Madrina, tenía una preocupación constante por mí. Cuando iba a ingresar al colegio me pagó el Saint Francis College con la intención de darme más oportunidades educativas, bilingües y de relaciones sociales. Desde muy joven pensó no solo en sí misma sino en apoyar a toda la familia.

Matilde fue una gran mujer. Fue generosa, de gran rectitud, de fuertes valores y principios éticos, morales y familiares.  Fue tenaz, de gran honestidad y honradez.

Fue perfeccionista, era especial para escoger las cosas buenas. Tenía un carácter fuerte, dominante. Era exigente consigo misma y con todo. Sus opiniones siempre las hacía ver, las discutía y defendía.

Era buena para relacionarse, hacer amigos, que la quisieran y la apreciaran. La cocina le gustaba y cocinaba delicioso. Era muy “proper”, de “sangre azul” en los aspectos formales y protocolarios de la mesa. Mi tía Irma también lo era.

Una cualidad que había desarrollado Matilde era su impresionante forma de empacar maletas. Los viajes de traída de ropa le habían perfeccionado en esa práctica que para ella era como un arte. Para viajar tenía buenas mañas, entre ellas, que lo pesado debía llevarse a mano para evitar que en el “counter”, de las aerolíneas, no  se dieran cuenta, y para poder tener más capacidad en sus maletas,

Era súper buena compradora, usando promociones  en todo, en comidas, en ropas, en todo lo que pudiera comprar. Estaba pendiente de las promociones que bien aprovechaba.

Fue muy creyente. Participaba de la vida religiosa  en Estados Unidos siendo muy activa en su comunidad católica.

En su cocina era muy dulcera, antes de su diabetes, especialmente le gustaba la repostería fina. Su comida la elaboraba como un arte, principalmente la de hornear.

Su meta y su gran idea era de que la línea genética de la familia mejorara constantemente.

Era de grandes cosas, de gran corazón, muy especial con todos sus inmediatos familiares madre, hermanos y sobrinos, pero también sus sobrinos nietos a quien ponía en la lista de sus recuerdos y obsequios, trayendo regalos o “detalles” para los sobrinos nietos, regalitos, chocolates y confites. En este sentido fue una mujer amorosa. Especial atención tenía hacia sus ahijados.

Tuvo oportunidad de viajar a donde quiso ir, Rusia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel, prácticamente todos los países de Latinoamérica, y otros lugares.

Su vida se podría decir que fue dura de trabajo, de gran disciplina personal, pero fue linda, plena, llena de logros y éxitos.

Recibía en su casa con afecto. Cuando atendía cuidaba con esmero a los invitados en los desayunos, la comida, el café o la cena. Le gustaba atender y servir en su casa, compartir de manera que todos estuvieran y se sintieran bien y disfrutando.

Fue una persona ejemplar, de empuje, de gran energía, lo que se proponía lo lograba,

Hacía sus álbumes de familia, que le gustaba compartir mostrando sus fotos y compartiendo recuerdos con ellos.

Conversar sobre la familia le era interesante, recordar a los familiares idos también con anécdotas y detalles  de sus vidas.

A la muerte de la Abuela Carmen ella continuó la tradición de la reunión familiar de convocar los domingos, a puerta abierta, a su casa, para los que quisieran llegar a tomar café, como se hacía en la casa de la  abuelita Carmen. Eran días y sesiones de intensas conversaciones, de ricos encuentros de familiares, con el presente y con el pasado, y de buen café.

El tío Alvaro con sus hermanas tuvo una estrecha relación. Con Matilde y con la tía Lilia mantuvo una atención especial, por más de 10 años, de atenderlas todos los domingos. El tío Enrique y la tía Donna también lo hicieron semanalmente en su casa, un día entre semana donde compartían un almuerzo familiar ampliado, aparte del día de Thanksgiving, el Día de Acción de Gracias, de la tradición estadounidense,  que los tíos Enrique y Donna celebraron y mantuvieron por años para reunir  a toda la familia y a algunos amigos especiales.

Las tres  hermanas fueron verdaderas guerreras, muy profesionales, muy reconocidas, muy responsables.

Una preocupación suya, de Matilde, era la de los hermanitos que fallecieron siendo infantes en las Juntas de Abangares. Se propuso traerlos a San José. Le acompañé en esa misión. Logramos traer lo que encontramos para depositarlos al lado de la Abuelita Carmen. Era un deseo y una visión de que la Familia se fuera reuniendo toda.

Hoy sus restos físicos estarán con toda la familia, con sus hermanas, Irma, Lilia, con la madre Carmen, con los hermanitos de Las Juntas. Hoy está reunida con la Familia.

Matilde siempre estará en nuestros corazones.

Tu ejemplo de mujer valiente, emprendedora, cariñosa, segura, de paso firme por la vida,  lo cultivaremos.  Disfrutaste la vida 94 años y ahora, por tus sólidas conviciones religiosas, gozarás la gloria de Dios.

¡Descansa en Paz tía Mati!

El siguiente Poema lo hizo el abuelito Manuel de la Cruz Infante a su hija Matilde de la Cruz Martínez, cuando cumplió 15 años, poema fechado  el 9 de julio de1942. En Puntarenas. Este poema fue leído al depositar sus cenizas en Montesacro, en Curridabat.

Para mi hjija Matilde

EN SUS QUINCE AÑOS

 

QUINCE AÑOS!! Edad encantadora,

Poblada de mil sueños juveniles,

Y de encajes de colores bellos

Que semejan quiméricos paisajes.

 

La edad privilegiada en esta vida,

De ensueños solícitos y rientes,

Como músicas de arcanas melodías

Que felices y alegres nos sonríen.

 

Campanadas de plata muy sutiles,

Que risueños alegran el oído,

Dejando en nuestra bella Primavera

Haces de luz y búcaros de flores.

 

La edad del encanto y la quimera,

Que ensancha nuestro pecho de alegría,

Es el “Hosana” que inunda nuestras almas,

En alabanza al Dios de las Bondades.

 

QUINCE AÑOS!! Es el arco que separa

Las dichas de la infancia  placentera,

De la vida pletórica de ensueños

Que nos brinda solícita la Tierra.

 

Conserva siempre los sueños de la infancia

Bellos y puros, ajenos a la insidia,

Que la lucha tenaz por el mañana,

Nos reserva sorpresas doloridas.

 

Jamás abrojos obstruyan tu camino,

Ni las espinas traicioneras hieras,

Tus bellas plantas al posarse ufanas

En la marcha triunfal de tu existencia.

 

Reviste el yo personal de tu destino,

De plácido optimismo y gran prestancia,

Sigue marchando altiva y explendente

Plena de tu poder y de tu gracia.

 

Llevando la virftud por guía,

La gentileza y el deber cumplido,

Ser buena hija y hermana cariñosa,

Tu vida en el mañana, es muy dichosa.

 

No busques en mi carta muy  sincera,

La asonancia ni el metro de la estrofa,

Son pobres frases que esparce en tu camino

El viejo de tu padre que te adora.

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