Vladimir de la Cruz: ¿Qué celebramos el 15 de setiembre en Centroamérica?

La reconstrucción democrática de Centroamérica y los esfuerzos nacionales que se impulsan unitariamente sientan las bases de la esperanza de que en un futuro, no muy lejano, los pueblos de Centroamérica puedan derrotar esos fardos que pesan sobre nuestra Independencia.

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.                                                    

Al celebrar el 201 aniversario del Acta de Independencia aprobada y proclamada en Guatemala, el 15 de setiembre de 1821, recordamos, cómo a partir de ese momento, de esa fecha, Guatemala, que era la cabecera de la Capitanía General dispuso, en ese acto comunicar de su decisión de independizarse de España, al reto de las Provincias centroamericanas, para que cada una tomara libremente su propia decisión.

En la decisión tomada en Guatemala pesó mucho lo que venía ocurriendo desde principios de 1821, en el sur de México, donde se asentaba la cabecera del Virreinato de Nueva España, al cual pertenecíamos como Capitanía General de Guatemala, y nosotros, la Provincia de Costa Rica, como parte de esta Capitanía. En México Agustín de Iturbide había sido enviado a aplacar y acabar con los movimientos independentistas que impulsaba Vicente Guerrero.

El 24 de febrero de 1821 Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide pactaron una alianza, en el llamado Plan de Iguala, que cambió el curso de los acontecimientos de los días siguientes. El 5 de julio de 1821 las tropas de la plaza de México, sublevadas contra el Virrey Apodaca, le obligaron a presentar su renuncia, y el 30 de julio el nuevo virrey, Juan de O’Donojú, comprendiendo la situación de independencia del Virreinato optó por entrevistarse con Iturbide, llegando a firmar el 24 de agosto el Tratado de Córdoba con Agustín de Iturbide, confirmando en lo fundamental el Plan de Iguala, consecuencia de lo cual Iturbide fue nombrado Presidente, se proclamó la Independencia del Imperio Mexicano, se confirmó el Tratado de Iguala Agustín de Iturbide se declara Emperador.

Estos sucesos conmueven a región sureña de México y la Provincia de Chiapas, perteneciente a la Capitanía General de Guatemala, colindante con Oaxaca. Así, el 28 de agosto El Cabildo de la Ciudad de Comitán acuerda proclamar la Independencia el siguiente 1º de setiembre, fecha en que también se declaran independientes Chiapas y Oaxaca. El 3 de setiembre también lo hizo El Ayuntamiento de Ciudad Real (actual San Cristóbal).

El 4 de setiembre de 1821 el Ayuntamiento de Guatemala conoció de estos movimientos, y el Jefe Político Superior, Gaínza, en el Ayuntamiento, reconoció que se recogían firmas para que se publicase la independencia. En esta sesión se produjo un intenso debate donde el patriota Mariano Aycinema propuso imitar a Oaxaca, y se redactó un Memorial que lo firmaron casi 500 personas. Este mismo 4 de setiembre, en El Salvador el padre José Matías Delgado realizó un acto similar enviando un memorial en los mismos términos.

El 5 de setiembre el Ayuntamiento de la Ciudad de Tuxtla se declaraba Independiente, provocando que el 8 de setiembre toda la Provincia de Chiapas declarara su Independencia, se separara de Guatemala, se uniera al Imperio Mexicano de Iturbide, y repercutiera esa decisión en el resto de la Capitanía General de Guatemala.

De esta manera, 13 de setiembre de 1821 Guatemala conoce lo sucedido en Chiapas lo cual provocó manifestaciones ante el Palacio de los Capitanes «pidiendo a gritos que se proclamase la independencia”, que se prolongaron el 14 de setiembre en vigilia, obligando a convocar a reunión urgente a la Diputación Provincial, bajo la presión de las manifestaciones ciudadanas, donde tuvo un papel muy destacado María Dolores Bedoya, la esposa de Pedro Molina, uno de los grandes patriotas independentistas.

El 15 de setiembre de 1821 en la Ciudad de Guatemala, por la mañana se reunieron 56 personajes, representativos de los poderes públicos, civiles, eclesiásticos, militares y el pueblo, quien de hecho tomó el edificio. En la sesión se leyeron los pronunciamientos de los Ayuntamientos de la Provincia de Chiapas, proclamándose la Independencia de Guatemala. E invitando al resto de las Provincias para que decidiesen lo mismo, por cuanto no había representantes de todas ellas en reunión de ese 15 de setiembre.

A recordar estos sucesos evocamos hechos significativos que dieron origen a esta gloriosa fecha, la condición de colonia que era la Capitanía General de Guatemala del imperio español y la lucha que contra esa dominación política, económica, social dieron los pueblos americanos.

La América hispánica era una extensión de los dominios españoles. 300 años atrás a sangre y fuego se habían impuesto sobre las culturas aborígenes, autóctonas, sobre los pueblos originarios que habitaban el continente, que generosamente los recibieron en su primer contacto, y establecieron por la fuerza un modelo de violencia institucional y social que en la esencia de sus formas llega hasta la época actual.

La violencia impuesta por España se manifestó de muchas y variadas maneras. Tan solo veamos algunas.

La apropiación de los territorios americanos, a nombre de la Corona española, significó la expropiación de las tierras que naturalmente les pertenecían a las culturas antiguas americanas.
El establecimiento de los nuevos conceptos de propiedad española, real al principio, únicamente de los reyes españoles, y luego de las personas que iban autorizando en uso y posesión plena de la misma, desarrolló el concepto de propiedad privada que no existía en las comunidades indígenas, propiedad que resultó de la usurpación de que fueron víctimas en esa época.

Expropiados de sus tierras, se les somete a la fuerza, a trabajarla, pero no ya para su interés propio y común, sino en interés de otros, de los extranjeros, los colonialistas del imperio español, que disfrutaban tierras y hombres, bienes de capital y mano de obra.

La riqueza generada con las tierras y el trabajo humano, ya no la aprovechaban las comunidades indígenas sino que se la apropiaban los conquistadores y los colonizadores que se desarrollaron con los años.

Apropiación y expropiación de tierras, sometimiento del trabajo para generar riqueza para otros, bajo una explotación física brutal, marcaron los inicios de la exclusión y marginación social que posteriormente se desarrolló con las comunidades y culturas aborígenes, que en muchas partes de nuestro continente todavía se manifiestan con igual intensidad y violencia.

Un régimen de propiedad privada sobre medios de producción, hombres y riquezas naturales, que llega hasta nuestros días, se impuso por la violencia. A quienes lo enfrentaban los mataban.

Otro rasgo de este modelo de violencia lo constituyó la imposición política de las autoridades, instituciones y estructuras del imperio español sobre las formas de gobierno de las comunidades indígenas, cualquiera que ellas fueran.

El desconocimiento de las autoridades aborígenes se acompañó con el aniquilamiento de sus líderes, jefes y caciques, y con la imposición de las autoridades extranjeras, el sometimiento y obediencia a ellas, desarrolló una nueva condición humana en América, la de súbditos de la monarquía española, que debían obediencia y lealtad al poder político extranjero. A quienes resistían los mataban.

El sometimiento físico y político se acompañó de la violencia espiritual religiosa, la destrucción de templos, la construcción de nuevas edificaciones sobre los templos religiosos indígenas, mientras se imponían los nuevos valores religiosos de los conquistadores y colonizadores.

La religión de los conquistadores justificó la violencia ejercida. La extensión imperialista colonial se acompañaba de la expansión religiosa que profesaban los reyes españoles. La religión impuesta defendió la dominación política y económica convirtiéndola en la razón moral de la conquista y la colonia, ofreciéndoles a los aborígenes americanos la salvación, no en la tierra, sino en el cielo, la salvación que había que ganarse con sacrificio, con trabajo, con sometimiento, con resignación y obediencia, con aceptación de una condición de inferioridad, pero llena de fe, esperanza en un mundo mejor que se podía ganar después de la muerte. Colón en carta a la Reina, en 1503, dijo: “Qué cosa maravillosa es el oro…quien tiene oro es dueño y señor de cuanto apetece. Con oro hasta se hacen entrar las almas al paraíso”.

Por su parte, el aparato y el engranaje jurídico impuesto por los conquistadores y colonizadores le dio valor legal a todo lo que hacían, lo que les quitaban a las culturas aborígenes, legalizó la guerra de conquista, la eliminación física de los que la resistían, y las nuevas estructuras económicas y políticas que surgían.

Junto a esto, la desigualdad en los medios de guerra, el hierro, la pólvora, el caballo, por citar unos, que le dieron a los conquistadores superioridad de combate, mayor capacidad de aniquilamiento y sometimiento de los vencidos.

Los años de la conquista y el desarrollo posterior de la colonia modelaron socialmente el continente. Se impuso el blanco europeo y americano sobre el indígena, sobre el mestizo nacido de su mezcla, el exterminio y genocidio de indios se acompañó de la introducción de esclavos negros, y con ellos más mezclas sociales, mulatos, zambos, pardos, tercerones, cuarterones y muchos grupos más, todos excluidos del poder, la propiedad y la riqueza, todos sometidos y explotados.

Económicamente el continente se modeló de acuerdo a las necesidades y políticas impuestas por España, cuyo diseño llegó hasta el siglo XX, y en algunos aspectos hasta nuestros días.
La América fue dividida en regiones, las regiones en subregiones, virreinatos, capitanías generales, alcaldías, partidos, provincias etc. A cargo de ellas autoridades políticas, económicas, judiciales y religiosas. A mayor regionalismo administrativo más control político y social, por la duplicación de las estructuras político militares y de los funcionarios a cargo.

El poder de los reyes y de la iglesia era monopólico, excluía otras autoridades y prohibía y perseguía el ejercicio de otras religiones.

La economía igualmente monopólica. Solo a través de determinados puertos en España y América se permitía el atraque de barcos y naves, de comercio de mercaderías y hombres. Monopolio incluso de compañías navieras encargadas de las rutas.

Del mismo modo, el continente lo especializaron en áreas productivas con carácter monopólico, que hizo de nuestros países hasta hace pocos años países monoproductores en su economía, y con ello monodependientes de la metrópoli colonial y de su mercado imperialista.

Al mismo tiempo que esto ocurría, con el transcurrir de la conquista y la colonia, surgieron núcleos de resistencia al orden conquistador y colonial, de las comunidades indígenas, como de los grupos que resultaban de las mezclas sociales. La conquista y la colonia siempre fue resistida por aborígenes.
Sublevaciones indígenas hubo en todos los países del continente, las que se recuerdan principalmente por sus líderes, que testimonian la resistencia a la dominación extranjera, como fueron en América, y el Caribe, Caonabo, Mayobanex, Guarionex, Hatuey, Guama, Lautaro, Caupolicán, Colo Colo, Manko Inca, Tupac Amaru, Tupac Katari, Rumañahui, Atahualpa, Hayna Capac, Pelantaru, Guaicaipuro, Pacamaconi, Mara, Manaure, Cuauhtemoc, y, en Centroamérica, Presbere, Coyohe, Diriangen, Lempira, Urraca, Tecun Uman, Kaibil Balam.

¿Que defendieron los indígenas? Sus tierras, su cultura, su organización, sus etnias, sus mujeres.

También se defendieron, avanzado el colonialismo, del reclutamiento y la explotación en las minas, en las haciendas y las plantaciones, rechazaron los impuestos y las cargas tributarias, las malas condiciones de trabajo, y el ser convertidos en esclavos. Los mestizos y los negros también se sublevaron.

Mientras esto pasaba, en Europa se daban transformaciones importantes. Desde 1520 la crisis en el catolicismo con Lutero hizo surgir no solo una corriente cristiana más, sino también nuevos valores, que reflejaban el nacimiento de una nueva clase social ascendente, la burguesía, y poco tiempo después con su concepción humanista, cuestionadora del régimen monárquico, y nuevas concepciones del desarrollo económico.

Las nuevas ideas políticas, la nueva interpretación del poder y la representación política, los nuevos conceptos de la economía librecambista, el humanismo, el enciclopedismo, el iluminismo y la ilustración, poco a poco empezaron a penetrar en los territorios americanos, prendiendo en los criollos, en los grandes educadores americanos, en quienes tenían acceso a la cultura y la educación.

El orden monárquico europeo en el Siglo XVIII entró en crisis.

Con los movimientos independentistas de las colonias inglesas, la Revolución Francesa, la resistencia de los criollos americanos ante los peninsulares gobernantes, empieza a forjarse la idea del ciudadano sobre el súbdito, los Derechos y Libertades sobre el vasallaje, la servidumbre y el esclavismo, la idea del poder civil sobre el teocrático, la idea del pacto y el contrato social sobre el designio divino.

En América frente a la libertad negada solo quedaba el camino de la resistencia política, solo así se podían tomar decisiones propias. Los criollos asumen un papel conductor de los grupos sociales excluidos y marginados de la colonia. Curas y sacerdotes también se vinculan a estas luchas y movimientos y no en pocas ocasiones los dirigen. Empiezan a destacar los grandes líderes de la Independencia americana y a producirse movimientos insurreccionales y conspiraciones anti españolistas. Destacan, entre otros, en estas luchas Sucre, San Martín, Artigas, Miranda, Bolívar, Hidalgo, Morelos.

La Revolución Francesa llega a España y con ella se convocan las Cortes de Cádiz, que le dan representación a las colonias, cuando en América, entre 1809 y 1810, los pueblos de Quito, Caracas, Cartagena de Indias, Buenos Aires, Santiago de Cali, Nueva Pamplona, Santa Fe de Bogotá, Quito y Santiago de Chile habían constituido Juntas de Gobierno, que exaltaron el patriotismo, el amor hacia el propio país y la disposición a morir en el campo de batalla.

Allí, en las Cortes de Cádiz, también estuvo representada Centroamérica, al mismo tiempo que se daban las primeras manifestaciones anti españolistas que condujeron a la lucha por la independencia.

En Cádiz destacaban los diputados centroamericanos, el Dr. Florencio del Castillo, diputado de Costa Rica, en su lucha por la cuestión social, a favor de la libertad de los indios y las castas menos privilegiadas y más desfavorecidas.
Florencio del Castillo defendió la igualdad de derechos, solicitó reparto equitativo de tierras, mejoras de trabajo y de vida, mejor educación, rebajo progresivo de impuestos, pidió admisión en las universidades para los grupos excluidos, demandó mayor autonomía para los municipios, propuso la abolición de las mitas y las encomiendas, propuso la repartición de tierras.

Los otros diputados centroamericanos a las Cortes de Cádiz fueron de Guatemala, Antonio Juarros, José Aycinema, el cura Antonio Larrazábal, de Chiapas, Sebastián Esponda que le sustituyó el sacerdote Mariano Robles Domínguez, de El Salvador, Ignacio Avila, de Honduras, Francisco Morejó y José de la Plata de Nicaragua.

El diputado Larrazábal defendió la libertad de imprenta, la descentralización administrativa fortaleciendo la autonomía municipal, la libertad de comercio, la igualdad de derechos políticos y de representación de las castas, la educación de los indígenas.

Las Cortes abolieron la Inquisición en América, y dividieron la Capitanía General de Guatemala, o Reino de Guatemala como también se le llamaba, en dos grandes provincias, la de Guatemala que incluía Chiapas, Honduras y El Salvador, y la de Nicaragua y Costa Rica con el Partido de Nicoya.
En 1808, mientras tanto en la ciudad de Guatemala, el estudiante de Medicina, de origen costarricense, Pablo Alvarado Bonilla lanzó el grito de independencia en favor de la Libertad de América. Los años siguientes hasta 1821 pasó entre la cárcel, el estudio de Medicina y la lucha por la Independencia, e influyó notablemente en la redacción de los textos finales, especialmente, de Costa Rica.

Los movimientos anti españolistas en Centroamérica tuvieron un carácter local, de protesta contra la autoridad política, contra los gobernantes, contra sus políticas tributarias y las instituciones recaudadoras de impuestos como los estancos y los estanquillos, luchas de un enorme carácter popular, aunque no claramente definidas en la lucha por la independencia política, pero que prepararon los ánimos para que ésta se lograra.

Así se dieron entre 1808 y 1821 distintos movimientos de esta naturaleza como la sublevación de León y de Granada, en Nicaragua, orientada contra el despotismo del Capitán General Bustamante.

En noviembre de 1811 en San Salvador, contra la crueldad y malos tratos del intendente Antonio Gutiérrez, una lucha inspirada en los movimientos de independencia de México, que en El Salvador lideró José Manuel Arce, prócer de nuestra independencia.

Este mismo año de 1811 arrestaron a Manuel y Nicolás Aguilar a quienes acusaban de estar vinculados con los movimientos subversivos que se estaban dando, a quienes logró liberar Manuel José Arce, logrando destituir la autoridad colonial, y desarrollando un movimiento patriota.

En 1813 y1814 se dieron movimientos similares, pública o secretamente según las circunstancias. Así otros pueblos siguieron el ejemplo revolucionario lo que provocó la reacción represiva monárquica.

La insurrección salvadoreña terminó con la cárcel de sus principales líderes patriotas. En 1814 se produce una conspiración en San Salvador que nuevamente es derrotada.

Iguales movimientos se dieron en 1811, en Nicaragua, en las ciudades de León, Granada, en Rivas. Los líderes de la insurrección en Nicaragua fueron capturados y trasladados a Guatemala donde condenados a cadena perpetua además fueron brutalmente maltratados.

Los sucesos de Nicaragua impactaron a los costarricenses, provocándose incidentes y protestas contra el gobernador colonial y sus medidas tributarias.

En Honduras habían progresado las ideas revolucionarias y se produjo un motín en 1812, conflicto que fue sofocado. Los años siguientes fueron de divulgación de panfletos en favor de la Independencia.

En 1813 en Guatemala se produjo la conspiración de Belén.
En Guatemala se habían desarrollado dos importantes periódicos, el “Genio de la Libertad” y “El Amigo de la Patria”, dirigidos por Pedro Molina y José Cecilio de Valle, donde se destacaban las ideas de la libertad y temas políticos y sociales, provocando a la vez tendencias políticas proclives a la Independencia, seguidores de Molina principalmente.
Los sucesos de la Independencia de México resonaban en Centroamérica, particularmente en Guatemala donde se encontraba la Capitanía General.

No fue casual así la Declaratoria de Independencia de Guatemala, del 15 de setiembre, siguiendo a Chiapas y sus ciudades y Ayuntamientos, provocando las Declaraciones de Independencia de El Salvador, Honduras, Nicaragua, el Partido de Nicoya y Costa Rica.

En Costa Rica la noticia de la Independencia llegó el 13 de octubre y se dispuso darla a conocer a los pueblos, manteniéndose un debate abierto, alrededor del cual los pueblos iban nombrando delegados que se reunirían en la ciudad de Cartago el 29 de octubre para tomar la resolución final, que fue a favor de la Independencia, proceso que se acompañó de una consulta posterior para Jurar la Independencia.

El sábado 13 de octubre el gobernador Juan Manuel de Cañas convocó con urgencia el Cabildo de Cartago, dando a conocer los documentos del 15 de setiembre, el Manifiesto de Gaínza, copia del bando de la Diputación de León de 28 de setiembre, documentos recibidos sin júbilo ni entusiasmo patriótico por los cartagineses, y Carta de Pablo Alvarado de 22 de setiembre instando a jurar a Independencia.

Se acordó, con excepción de un representante, imitar a León y visitar los ayuntamientos de San José, Heredia, Alajuela y Ujarraz.

El 14 de octubre el ayuntamiento de San José conoció los documentos y declaró que no conocía el Plan de Iguala y planteó la necesidad de integrar una Junta Provisional de gobierno.

Por la noche se reunió el cabildo abierto de Heredia, quienes declararon continuar asociados a la Diputación Provincial de León y rechazó la propuesta de San José.

El 15 de octubre se reúne el Cabildo volvieron a reunirse para determinar y acusar recibo de estos documentos y enviar las copias a los ayuntamientos locales, se acuerda no comprometerse con León ni con Guatemala. Se envían notas a los pueblos. Aparecen tendencias anexionistas a Colombia y a México y de separatismo.

El 16 de octubre de 1821 San José propone nombrar una Junta Provisional de Gobierno desconociendo la autoridad colonial. Alajuela y Escazú aceptan propuesta de San José. Cartago tomó la iniciativa de una reunión con representantes de los ayuntamientos, incluidos Escazú y Barva.

El 25 de octubre de 1821 se reúne en Cartago la Junta de Legados en su primera sesión que dispone crear una Junta Gubernativa Superior Provisional. Participan Cartago, San José, Escazú, la villa de Heredia, Alajuela, Barva, Ujarrás. Ausentes Bagaces, Esparza, Pueblos de indios.

El 26 de octubre, en su segunda sesión, se propuso la creación de la Junta Superior Gubernativa, con carácter provisional, para gobernar neutralmente al país hasta que se decida la Independencia., situación que provocó grandes debates entre los representantes de los ayuntamientos, que acordaron reunirse nuevamente el 29 de octubre.

El 26 de octubre de 1821 Partido de Nicoya.

El 28 de octubre de 1821 llega noticia de León rectificando el Acta del 28 de setiembre, indicando que las ciudades de Nicaragua se habían independizado, lo que provocó gran entusiasmo y celebración.

En la madrugada del 29 José Santos Lombardo se apoderó del cuartel de Cartago para custodiar las armas allí existentes.

El 29 de octubre Ciudad de Cartago por la mañana el ayuntamiento decidió proclamar la absoluta independencia de Cota Rica del gobierno de España y subordinarse al la Junta Gubernativa Provisional y se jura la Independencia.

Los vecinos de Cartago se lanzaron a las calles avivando la independencia.

El 30 de octubre de 1821 San José jura la Independencia, y el 10 de noviembre de 1821 se Jura la Absoluta Independencia del Gobierno español.

Así, el 12 de noviembre se instaló la Junta de Legados de los Pueblos, el primer gobierno de carácter nacional de la Provincia de Costa Rica.

Independientes las provincias, en 1823 se intentó recuperar la unidad centroamericana que se había tenido constituyendo las Provincias Unidas de Centroamérica, y en 1824 se declara la República Federal de Centroamérica.

La República Federal de Centroamérica, siguiendo los pasos de Chile en 1811, de Buenos Aires en 1813 y de Perú en 1821, dictó las primeras leyes para abolir la esclavitud en Centroamérica en 1824. México lo hizo en 1829 y Venezuela, Colombia y Ecuador en 1832.

Desde aquellos días el camino de la construcción republicana del Estado Nacional y de una nueva ciudadanía, de hombres y mujeres, con Derechos y Libertades, no ha sido lineal en Centroamérica.

Ha sido un proceso doloroso, donde en ocasiones, y no en pocas, se han violentado estos derechos y libertades, se han mantenido exclusiones sociales odiosas y discriminatorias, han gobernado dictadores y tiranos, se han desarrollado conflictos internos violentos, se ha maltratado con tortura y desapariciones a hombres y mujeres, y se han distraído recursos de la vivienda, la salud, la educación y la cultura para las armas.

Sin embargo, en los últimos 30 años se han dado situaciones por las cuales, por la lucha de los pueblos centroamericanos, se ha superado la posibilidad de que vuelvan a entronizarse dictadores, sátrapas o tiranos, se ha reconquistado el camino de la democracia política, de la representación y de nueva participación ciudadana, se han fortalecido los Derechos Humanos, se han establecido mecanismos de equidad e igualdad social, afirmados mediante el Sistema de la Integración Centroamericana, que sientan las bases de la actual Centroamérica moderna, que aún carga cadenas sobre su Independencia, cadenas de pobreza, de miseria, de falta de trabajo, de analfabetismo y en ciertas áreas de exclusión social y marginación.

La reconstrucción democrática de Centroamérica y los esfuerzos nacionales que se impulsan unitariamente sientan las bases de la esperanza de que en un futuro, no muy lejano, los pueblos de Centroamérica puedan derrotar esos fardos que pesan sobre nuestra Independencia.

La Guerra de la Independencia hoy para los centroamericanos no ha terminado, es la guerra para lograr la superación de la pobreza, la miseria extrema, es la lucha por mejorar la calidad de vida de la población y de las condiciones de trabajo, es asegurar una vivienda digna, salud, educación y cultura, es la lucha por lograr sociedades más integradas, más democráticas, más justas, más solidarias, más prósperas, y para decir con Bolívar, para lograr la mayor felicidad posible para nuestros pueblos.

 

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