Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo

Este año se cumplen los 200 años de la constitución de los Poderes Públicos del país. Son 200 años de existencia del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial, desde que nos constituimos en Estado de la República Federal. En la República Federal participamos de la misma integración de poderes públicos, con carácter centroamericano, por el carácter federal que tuvimos políticamente hasta 1838, cuando el Jefe de Estado Braulio Carrillo nos sacó de la Federación Centroamericana, año en que también habían salido Nicaragua y Honduras.

Obedeció esa estructuración a la forma republicana que se venía imponiendo con la caída de los regímenes monarquistas, al calor de la influencia de la Revolución e Independencia de los Estados Unidos, de 1776, y de la Revolución Francesa, 1789, así como de la influencia de las ideas políticas que se habían desarrollado desde el siglo XVIII, todas antimonárquicas, impulsando la voluntad y la representación popular, como la base de la organización política que surgía.

Pesos y contrapesos en esa composición organizativo político era el imperativo. El gobierno ni el mandatario surgía por designio divino, por voluntad de Dios, sino por el pacto social realizado por los hombres para asegurar su convivencia, procurando alcanzar la mayor felicidad posible.

De estos poderes, los dos primeros, el Ejecutivo y el Legislativo, tienen el mayor peso político por el carácter representativo que los constituye. Son el resultado, en su integración, de la elección directa del pueblo electoral, de los ciudadanos, quienes tienen el poder y la facultad de la representación política, quienes se reconocen como el Poder Soberano y en quienes descansa la Soberanía Nacional y Popular.

Por la práctica política, por el carácter de la representación política, el Poder Legislativo es el más importante, por tener allí una mayor y más amplia representación ciudadana expresada, en el caso nuestro, en los 57 diputados, resultantes de una variedad de partidos y sectores políticamente organizados, en procesos electorales. Actualmente, la Asamblea Legislativa se integra con representación parlamentaria de seis partidos políticos siendo Libración Nacional el de mayor cantidad, 19 diputados, y el partido gobernante con 10, con lo cual solo ellos dos tienen prácticamente la mayoría parlamentaria con capacidad de imponerse sí así lo quisieran, obteniendo un diputado más, para tener la mayoría suficiente para aprobar ciertos proyectos de ley y para nombrar las autoridades del Poder Legislativo.

El Poder Ejecutivo asume la dirección del Estado y del Gobierno que se manifiesta en sus distintas ramas ministeriales. Legalmente está sometido a lo que las leyes permiten hacer al Gobernante y a sus ministros, bajo la estructura de lo que conocemos como Estado de Derecho.

El Poder Ejecutivo se representa constitucionalmente en cuatro formas. En la imagen del Presidente de la República, que es electo popularmente con dos vicepresidentes, en la de los ministros, que actúan por sí, en sus funciones propias, o en colaboración con el Presidente de la República, y en el Consejo de Gobierno cuando actúan todos los ministros y el Presidente como un solo cuerpo.

El Presidente como tal está obligado a rendir cuentas de su gestión gubernativa cada año, ahora lo hace cada 2 de mayo, ante la Asamblea Legislativa. Simbólicamente es una rendición de cuentas ante el pueblo. Con él los ministros igualmente están obligados a rendir cuentas, en los primeros 15 días de mayo, ante el Poder Legislativo enviando sus respectivos informes de labor.

El Informe del Presidente es sujeto de evaluación, y discusión parlamentaria, en los días siguientes a su presentación por parte de los diputados. A los informes de los Ministros no recuerdo que se les haya dedicado tiempo de discusión, ante los diputados, desde 1950 hasta hoy. Se reciben y se archivan literalmente.

El Presidente como figura es la máxima representación del Estado y del Gobierno, tanto para efectos nacionales como internacionales. De allí su importancia. En su ausencia le sustituyen los vicepresidentes. Si fuere una ausencia definitiva, en su orden el primer vicepresidente y el segundo vicepresidente, si llegare el faltar el primer vicepresidente. Si son ausencias temporales, cualquiera de los dos vicepresidentes le sustituye por designación expresa del Presidente.

Si faltaren los dos vicepresidentes de manera absoluta y definitiva, quien sustituye al Presidente de la República es el Presidente de la Asamblea Legislativa, como sucedió en el gobierno de Oscar Arias, en el 2006-2010, en varias ocasiones que tuvo que salir del país. De aquí deriva la mayor importancia de este puesto y de quien debe ocuparlo, del conjunto de diputados que reúnan las condiciones constitucionales de la sustitución presidencial.

La labor del Gobierno y de la Asamblea Legislativa se divide, en sus cuatro años, en períodos anuales llamados Legislaturas, que están definidas desde el primero de mayo de un año al 30 de abril del siguiente. De esta manera, el próximo 30 de abril está terminando la Segunda Legislatura del actual Gobierno y de la Asamblea Legislativa. Y, el primero de mayo inicia la Tercera Legislatura, que irá del 1 de mayo del 2024 al 30 de abril del 2025.

Cada Legislatura de la Asamblea Legislativa, a su vez, como parte de ese equilibrio de poderes, se divide en Sesiones Ordinarias y Extraordinarias. Seis meses en cada una, dividas de modo alternativo en períodos de tres meses. En las Sesiones Ordinarias solo los diputados y sus partidos políticos, entre ellos el de Gobierno, pueden presentar Proyectos de Ley. En las Sesiones Extraordinarias solo el Presidente, como representante del Poder Ejecutivo puede presentar Proyectos de Ley. De esta forma se asegura el ejercicio de Gobierno y el desarrollo de políticas públicas que emanen de leyes.

La importancia y relevancia política del Poder Legislativo descansa en hacer las leyes, interpretarlas auténticamente si es del caso, y ejercer control político sobre el Poder Ejecutivo y las autoridades ministeriales e institucionales, y tener en su seno una mayor representación política del Pueblo Soberano.

El primero de mayo próximo inicia el primer período de Sesiones Extraordinarias del Poder Legislativo, de la Tercera Legislatura de Gobierno. De allí también la importancia que se le da para saber cómo el Presidente, con sus Proyectos de Ley, pretende orientar el país en la ruta que se ha trazado, para su tercer año al frente de la Administración Pública.

El primero de mayo, también, es importante para el Poder Legislativo, y para el país, porque se nombra, ese día, el Directorio Legislativo, que es el grupo de diputados que, por el siguiente año, o Legislatura, dirige las sesiones parlamentarias o legislativas.

El puesto más relevante del Directorio Legislativo es el Presidente del Poder Legislativo, porque en la disposición constitucional de relevo presidencial, en caso de ausencia total del Presidente y los dos Vicepresidentes, es el Presidente de la Asamblea Legislativa quien sustituye, temporal o definitivamente al Presidente. Esta situación solo se ha dado, desde 1949 hasta hoy, en el Gobierno de Oscar Arias Sánchez cuando el Presidente Legislativo, Francisco Antonio Pacheco, en la cuarta legislatura de su gobierno, 2009-2010, ante salidas al exterior del Presidente Arias, en varias ocasiones asumió la Presidencia de la República porque los dos vicepresidentes de Oscar Arias habían renunciado a sus cargos.

El cargo de Presidente Legislativo por esta razón debe ser bien valorado y meditado políticamente por los diputados. No se trata de nombrar a cualquiera de los diputados, que todos tendrían igual posibilidad y oportunidad, sino de escoger entre todos ellos el que mejor acredite por su experiencia política y atestados personales, pero también por la madurez y sensatez que pueden dar la edad y la experiencia política.

Tampoco se trata de nombrar a manera de una pasarela política, donde se coloca a un diputado por una Legislatura y a otro por otra, para que cuatro diputados tengan esa distinción. Se trata de escoger un diputado que por sus reconocimientos y merecimientos propios tenga la categoría, el señorío, la capacidad y experiencia política, la madurez emocional política, sentido común y capacidad respetuosa, pero enérgica y de independencia de poderes, de representación del Poder Legislativo ante el Ejecutivo cuando corresponda.

Esta escogencia política, de quién dirige el Congreso Nacional, es de la mayor responsabilidad política, de los diputados y de los partidos que integran el Poder Legislativo.

Ha habido en los últimos gobiernos y asambleas legislativas, de los períodos 2014-2018 y 2018-2022, la idea de nombrar diputados sin experiencia al frente del Poder Legislativo. Algunos han salido buenos en su gestión. Otros no tan buenos. Algunos fueron nombrados por cálculos políticos del manejo de los votos que cada fracción parlamentaria representa.

La inexperiencia se ha ensayado facilitando al partido gobernante, especialmente en los gobiernos del 2014 y 2018, partidos relativamente nuevos, con pocos diputados propios en cada una de esas administraciones, situación similar al actual gobierno, que se les diera en la Primera Legislatura la oportunidad de dirigir la Asamblea legislativa en el supuesto de una posible mejor coordinación con el Poder Ejecutivo, en el primer año de inicio de funciones presidenciales y legislativas. Esa mayor y mejor coordinación también depende del buen trabajo, en este gobierno, de la Ministra de la Presidencia.

Con el actual gobierno, hubo intentos para que así se procediera en su primer año de gobierno, cuando el presidente Rodrigo Chaves asumió el gobierno, sin ninguna experiencia política suya, en el país, con un paso brevísimo por el Ministerio de Hacienda, con un partido político que por primera vez participaba en elecciones nacionales, donde le ofrecieron la oportunidad de la candidatura, que la supo aprovechar, para finalmente ser electo.

El partido de Rodrigo Chaves solo tuvo 10 diputados, posición muy frágil para negociar una Presidencia del Poder Legislativo, ni siquiera para esta Tercera Legislatura, porque no hay satisfacción nacional de la forma cómo ha venido gobernando, que es distinto a la simpatía personal que todavía tiene el Presidente en las encuestas. Actualmente le quedan ocho diputados propios.

Hace un año se tomó la decisión de nombrar a Rodrigo Arias Sánchez Presidente del Poder Legislativo, para una segunda legislatura. El 30 de abril vence su período. Se iniciará la tercera legislatura el primero de mayo.

Es usual en estos días previos al primero de mayo, cuando debe nombrarse el nuevo Presidente Legislativo, que florezcan candidatos. Algunos porque realmente están interesados en el cargo. Otros solo por figurar en la nominación. Otros por negociar con sus candidaturas que se les nombre a ellos, o a diputados de sus partidos, en los puestos en el Directorio Legislativo, sin aquilatar, muchos de ellos, su peso e importancia política para esos cargos. Más que todo por figurar como partidos en el Directorio, y proponer a esos diputados para las secretarías y prosecretarías.

Para esta ocasión, la Tercera Legislatura, el Presidente Rodrigo Chaves no ha mostrado interés en que uno de los diputados de Gobierno, que no puede ser su mejor diputada, Pilar Cisneros, por no ser ciudadana costarricense por nacimiento, pudiera ser el Presidente Legislativo. No tiene alternativa. El Presidente Rodrigo Chaves, que no es nada tonto, debe entender qué es lo que más le conviene para sus últimos dos años de gobierno, un Presidente Legislativo con el que puede hablar, o uno más confrontativo, si de eso se tratara, porque presidente legislativo sumiso no va a tener, especialmente en estos dos años. Debe apoyar a alguno de los candidatos que puedan surgir y que negocien con él y sus ocho diputados. Lo que más le conviene es apoyar al candidato que ya ha definido el partido Liberación Nacional, a Rodrigo Arias Sánchez, hacia su tercera presidencia legislativa, y contribuir a buscar el mayor consenso con él, lo que también le conviene al país.

Las candidaturas de los otros partidos que se mencionan, por ahora, la de la Unidad Social Cristiana, de Liberal Progresista o de Nueva República, son tan solo, por ahora candidaturas para negociar puestos en el Directorio Legislativo, si acaso, cuando no sean más que de una pasarela exhibicionista política de algunos diputados, como me pareció que fue el que le surgió al mismo Rodrigo Arias en su partido.

El año pasado, el Presidente Chaves, le dio apoyo público a su homónimo Rodrigo Arias, lo que lo colocó, a todos los efectos como ganador y no como perdedor. Buena jugada hizo hace un año el Presidente Chaves. Debería repetirla.

Todavía faltan siete semanas para que todo se defina. Pero la bulla alrededor de estas candidaturas se mantendrá, así como se tratará de debilitar la de Rodrigo Arias, sin que haya nadie en el Congreso como él, en este momento, para continuar al frente del Poder Legislativo. Lo ha hecho muy bien. Ha puesto las íes cuando ha sido necesario al Poder Ejecutivo. Le ha dado su lugar a la Asamblea Legislativa.

En la vida institucional, pública y política un personaje que es muy importante es el Ministro de la Presidencia. Los ha habido muy buenos y excelentes. Soy injusto al no señalarlos a todos, destacando solo algunos, entre ellos, por la duración en el cargo, Mario Quirós Sasso, Diego Trejos Fonseca, Wilburg Jiménez Castro, José Rafael Cordero Croceri, Fernando Berrocal Soto, Danilo Jiménez Veiga, Rodrigo Arias Sánchez, en dos ocasiones, Rodolfo Méndez Mata, Rolando Laclé Castro, Elías Soley Soler, Rodrigo Oreamuno, Marco Vargas Díaz, en dos ocasiones, Roberto Tovar Faja, Danilo Chaverri Soto, Carlos Benavides Jiménez. De todos ellos para mí sobresalientes fueron Rodrigo Arias Sánchez y Rolando Laclé Castro, quienes además se han distinguido como grandes políticos y negociadores políticos de reconocida solvencia profesional y política.

La importancia de los Ministros de la Presidencia radica en que son los interlocutores directos del Presidente y los diputados, como ante los distintos sectores políticos, sociales y empresariales. Su relevancia es que son la voz viva de sus Presidentes. Cuando Rodrigo Arias o Rolando Laclé hablaban era claro que hablaba el Presidente de la República, no solo por la confianza depositada en sus gestiones sino también por la brillantez, eficacia y eficiencia de sus actuaciones.

La actual ministra de la Presidencia, con su elegancia y discreción, se mantenido al frente de su cartera ministerial. Se ha hecho sentir con el resultado de las elecciones municipales recién pasadas. No es la voz del Presidente como fueron esos otros ministros, pero es una política a la que hay que ponerle atención. Debe entender lo que al gobierno, como a ella, más le conviene en esta elección del Presidente legislativo.

Rodrigo Arias Sánchez ha sido ya Presidente, de la Primera y Segunda Legislatura. Está presentando su nombre, con apoyo de su partido, para la Presidencia de la Tercera Legislatura. En mi opinión es la mejor candidatura que hay en la actual Asamblea Legislativa. Aparte de su formación de Abogado y Notario, ha sido y es empresario activo, con un amplio conocimiento de las instituciones públicas, del sector privado y financiero. Su carrera política ha sido siempre en el Partido Liberación Nacional como Presidente Municipal del Cantón Central de Heredia, Diputado y Ministro de la Presidencia.

Lo que le conviene al país desde ese alto cargo político e institucional es una persona como Rodrigo Arias, un cuadro político bien formado, maduro, con esa capacidad que lo distingue de negociador y visionario del momento político que vivimos.

Su gestión como Presidente del Congreso, en estas dos Legislaturas en general, ha sido muy buena, ampliamente satisfactoria, le ha dado brillo al Poder Legislativo. Podrá tener sus lunares pero le brillan más sus aciertos.

Ha sabido dirigir el Congreso con respeto hacia las fracciones parlamentarias, ha llevado bien la Agenda parlamentaria, ha sabido distanciarse del Poder Ejecutivo con elegancia, con energía, señalando adecuadamente el rumbo que debe seguirse. Cuando ha tenido que enfrentar al gobierno lo ha hecho. Le ha marcado los pasos no solo de la agenda legislativa y de la nacional, le ha señalado las prioridades del país y las prioridades legislativas.

Lo que más le conviene a las fracciones parlamentarias, más allá de sus distancias históricas, o coyunturales, con Liberación Nacional, como partido, o con los reclamos que le hacen a su hermano, el Presidente Oscar Arias, es la Presidencia Legislativa en manos de Rodrigo Arias, tanto para la dirección y representación del Poder Legislativo, como para que en un remoto caso tuviera que sustituir definitivamente al actual Presidente de la República.

En este momento el Congreso no debe tener al frente un diputado sin amplia experiencia institucional y política.

La Presidencia Legislativa no es un cargo para improvisarlo ni para ocuparlo por mera distinción curricular, como se ha estilado muchas veces con cambiar cada año al Presidente porque hay que cambiarlo, o porque hay que darle la oportunidad a otro diputado que desempeñe ese cargo.

Ese cargo es de la mayor importancia política nacional que existe, y con gran responsabilidad política se debe proceder en el nombramiento y la escogencia de quien debe ocuparlo.

En imagen pública, en este momento político que vive el país, es conveniente que la Presidencia de Rodrigo Arias tenga la mayor cantidad de votos legislativos. Hasta ahora ya está asegurada aparentemente su Presidencia. La descomposición y el empañamiento de la votación puede realizarse en la discusión de los otros puestos, sobre todo el del Secretario del Congreso, que internamente tiene un peso muy destacado en la parte administrativa.

En mi opinión, de observador político, lo que más le conviene a la Asamblea Legislativa y al país, al margen y fuera de todo prejuicio político que se pueda tener, con él o su partido, es que el diputado, y actual Presidente Legislativo, Rodrigo Arias Sánchez, continúe en la Presidencia de este Poder de Estado.

En La República

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Por Vladimir de la Cruz

Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.