Voces incendiarias y cantos de sirena…

Algunos siguen pensando que la cuota de sacrificio es una cuestión de “cualquiera menos yo”.  Hay que conversar y analizar aquellas propuestas sobre la mesa a profundidad. Las otras, las apocalípticas y destructivas no deberían ocupar el tiempo de una ciudadanía genuinamente preocupada y responsable. 

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En estos días han trascendido varios audios y videos en las redes sociales  incitando a la violencia contra el Poder Ejecutivo y bueno, contra la institucionalidad en general. Por otro lado, hay quienes mediante cantos de sirena piden la redención de la Patria. Todo ello producto de una coyuntura que sin lugar a dudas es compleja. Lo preocupante es que en efecto existen claras señales de que las cosas no andan bien y además tampoco se están manejando nada bien, así que no se pretende ignorar esa realidad.

De hecho la respuesta del Gobierno es de manifiesta pasividad ante los temas prioritarios, y activa sobre los no tanto. Se percibe asimismo una notable pérdida de impulso, acompañada de cierta desidia, con respecto a la agenda social. Es como sí en el empujón de la agenda fiscal, el Poder Ejecutivo se hubiera empantanado, sin capacidad de reaccionar ante el descontento y la desaprobación de diversos sectores.

Hay agitación en el entorno, justo antes de la aplicación de la reforma fiscal, al tiempo que controversiales iniciativas de ley se encuentran listas para su discusión en el Congreso.  Ante tal circunstancia debiera darse una buena articulación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo para unificar una agenda país, de modo que la legislación obedezca de alguna forma a las políticas de Estado.

Tal coordinación no se ve y ni siquiera se percibe. Se hace evidente por ejemplo, la necesidad de contar con medidas efectivas de avance; sobre todo en materia de reactivación económica, pero eso tampoco se está viendo.

El Presidente dedica más tiempo a tareas y eventos adjetivos, que a los problemas de fondo que el país está experimentando.  Participa, por ejemplo, del evento multitudinario sobre el orgullo gay; pero se niega a recibir a un grupo de pescadores, a quienes acecha la pobreza a niveles desesperantes. Declara además en ese contexto el Presidente, la celebración de ese orgullo en un día, el cual riñe con otra celebración religiosa, la cual por décadas ha formado parte de la cultura y la fe y las creencias, de una buena parte de la población costarricense.

Entiéndase que los dos temas merecen respeto, pero el desequilibrio en la atención del mandatario sobre lo importante y urgente, en uno y otro caso, luce insensato al sentir de la colectividad. La cuestión es lograr un adecuado equilibrio y un interés genuino, en este caso del Presidente de la República,  por salir adelante con los problemas más serios que afronta Costa Rica.

Los diferentes grupos del país y en particular sus liderazgos deben ser conscientes que hay gasolina derramada por todo lado y que un fósforo –lamentablemente- puede ser bienvenido en cualquier sitio. En eso radica principalmente el asunto que ocupa este editorial. Los mensajes apocalípticos se han multiplicado y desatado en las redes sociales. También debe tenerse presente que Costa Rica, para aquellos que aman las comparaciones con otras realidades de América Latina, tiene bases suficientes para superar el difícil momento por el cual se transita. Esa al menos es la esperanza.

Hoy hay que hacer más con menos, pero también se necesita más solidaridad. Hay que aportar proporcionalmente, pero se debe aportar sin mezquindad. Algunos siguen pensando que la cuota de sacrificio es una cuestión de “cualquiera menos yo”.  Hay que conversar y analizar aquellas propuestas sobre la mesa a profundidad. Las otras, las apocalípticas y destructivas no deberían ocupar el tiempo de una ciudadanía genuinamente preocupada y responsable.

No hay que perder la sensatez ni tener la estulticia por compañía. Hay mucho espacio de mejora y la re-elección del Magistrado Rueda, es quizás una prueba fehaciente de lo que se puede lograr en aras de la defensa de la institucionalidad, y en este caso a la vez, de preservar la independencia del Poder Judicial.

El tránsito por la recuperación apenas comienza y posiblemente haya que transcurrir por caminos oscuros y tenebrosos, a sabiendas que ese es el panorama en el horizonte.  No debemos ceder en nuestro empeño por construir y por mantener a los incendiarios bajo control. Tampoco hay opción. Y con respecto a los cantos de sirena, lo importante es no escucharlos, ni cederles ventaja, porque entonces estaremos perdidos de verdad.

Todavía podemos enderezar la nave…El Gobierno mientras tanto, que asuma verdadera responsabilidad por decisiones más sensatas e inteligentes, aún puede.

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