Walter Antillón:  De  la  jerarquía  a  la  independencia – (carta abierta a los sindicatos y asociaciones de jueces)

Hay que repetirlo fuerte y claro: los decenios del sacrificio forzado de los derechos sindicales de los trabajadores del sector privado de Costa Rica, que en su tiempo se tradujeron en desamparo e indefensión, y en la miseria y la desdicha de innumerables familias humildes, terminaron al cabo siendo concausa, retardada pero acumulativa, de la infame brecha económica que pone un abismo entre los ricos y los pobres.

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Walter Antillón Montealegre. Jurista.

Naranjo,  28 de noviembre de 2019

Para:  ACOJUD, ANEJUD, ANIC, ASOJOVEN, ASPROTECOFI, SITRAJUD, SINDIJUD.

Estimados dirigentes, afiliados, asociados:

En un momento de eclipse de garantías ciudadanas básicas, me tomo la atribución de convocar a Ustedes, Jueces de Costa Rica, a retomar sin aplazamientos la lucha por una Justicia independiente, liberada de jerarquías internas: la exigencia del juez independiente es incompatible con su subordinación jerárquica. De acuerdo con lo que ha dispuesto el Comité de Naciones Unidas sobre independencia judicial:

“Los jueces resolverán los asuntos que conozcan con imparcialidad, basándose en los hechos y en consonancia con el derecho, sin restricción alguna y sin influencias, alicientes, presiones, amenazas o intromisiones indebidas, sean directas o indirectas, de cualesquiera sectores o por cualquier motivo.”

 Tengámoslo presente: los jueces deben estar en posición de desempeñar sus funciones ‘sin miedo ni expectativas’ (sine metus et spe):

  • SIN NINGUNA RESTRICCIÓN
  • SIN INFLUENCIAS
  • SIN ALICIENTES
  • SIN PRESIONES
  • SIN AMENAZAS
  • SIN INDEBIDAS INTROMISIONES.

En efecto, en el ejercicio de la función jurisdiccional, las jerarquías minan la independencia y producen graves distorsiones en la calidad y la cantidad de la Justicia. Una experiencia de siglos tiene comprobado que el vínculo jerárquico entre funcionarios que realizan la misma precisa tarea de juzgar (tramitar y sentenciar litigios mediante el processus iudicii) implica, ya de por sí, influencias, alicientes y presiones generadas automáticamente de aquella situación. Porque sabemos que la dinámica de los casos en la diaria interacción entre tribunales puede conducir con facilidad a diferencias de criterio, comparaciones incómodas, suspicacias, animadversiones; en fin, afectaciones diversas a la humana vanidad de los jerarcas, quienes reaccionarán con espíritu de cuerpo, usando airadamente su posición de poder en forma de sanciones, descalificaciones, amenazas o intromisiones indebidas, abiertas o subrepticias; lo cual en muchos países se ha degradado fácilmente a una práctica sistemática dirigida a acentuar la distancia entre el status superior y la posición subordinada de los otros, mediante un ejercicio corrupto de potestades legales.

En la situación que atravesamos, me parece indelegable e impostergable el papel que las organizaciones gremiales están llamados a desempeñar en la conformación de una judicatura horizontal, en la que todos los componentes sin excepción respondan solamente ante los preceptos de la Constitución y las Leyes; y que sólo la especificidad del trabajo que les toca realizar sea lo que los diferencie.

Para alcanzar ese objetivo es preciso ante todo lograr el fortalecimiento interno: que los dirigentes asuman con responsabilidad y con devoción la delicada tarea de repristinar y sembrar en la comunidad de los jueces los grandes principios de la cultura judicial democrática, de altruismo, de dignidad y de austeridad cónsonas al oficio de juzgar.

Porque, si bien es cierto esta lucha deberá culminar con la promulgación de una nueva norma constitucional que consagre la paridad de los jueces como un valor superior de la Justicia, debemos estar claros en que las primeras batallas a vencer serán insoslayablemente la batalla cultural y la batalla moral, que han de librarse en el fuero interno de cada dirigente, de cada afiliado: para desterrar de allí el cálculo egoísta, la indiferencia, la codicia, el conformismo, el oportunismo, la adulación que envilece; y para que crezcan la cultura del compromiso con nuestro Pueblo y con los grandes valores de la Humanidad; para que crezcan en cada uno el hambre y la sed de Justicia.

Los invito respetuosamente a que pensemos en estas cosas, que son las que en definitiva cuentan, a la hora de hacer las cuentas de la Patria.

Quedo a la disposición de Ustedes, fraternalmente,

Walter Antillon, abogado
Carnet 785

 


El autor es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica. Ha sido candidato a la Vicepresidencia de la República por el Frente amplio.

 

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