Walter Antillón: Recordando a Rodrigo Madrigal Montealegre

Rodrigo Madrigal inicia una reflexión sobre el poder que discurre por años en sus lecciones universitarias y es un eje transversal en sus escritos.

0

Walter Antillón Montealegre. Jurista.

La serie de libros no estaba completa, hasta que se dio la oportunidad de abordar un tema caro a mis afectos:  los artículos de periódico y los ensayos politicos de Rodrigo Madrigal, auto-nombrado Rodrigo El Bueno para distinguirse jocosamente de su gran amigo y tocayo Rodrigo Madrigal Nieto, Rodrigo El Malo, de grata memoria.  Durante años me deleitó la lectura de esos trabajos del NEGRUS (así le bautizamos hace muchos años, por ser el más moreno de los primos), porque me lo imaginaba riéndose anticipadamente del gusto de compartir sus opiniones y mensajes mediante el recurso a divertidas anécdotas y no infrecuentes puyas contra políticos abusadores, o para darle el clima apropiado al mensaje que nos estaba comunicando.  Cincuenta años han transcurrido desde aquellos primeros artículos llenos de humor y agudeza, aparecidos en la página 15 del Periódico La Nación. Demasiadas cosas han cambiado, como en la canción de Numhauser, “Cambia, todo cambia” cantada por Mercedes Sosa.

1.-  Rodrigo Madrigal Montealegre nació en San José de Costa Rica el 12 de agosto de 1934, uno de esos precisos días en que la Gran Huelga Bananera del Atlántico estaba al rojo vivo; a lo que se suma que su primera infancia transcurrió durante los años de la Guerra Civil de España, provocada por el Golpe de Estado que Francisco Franco propinó a la República en 1936; y que su ingreso a Primer Grado en la Escuela Buenaventura Corrales (el célebre Edificio Metálico) tuvo lugar en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial.  En vista de todo lo cual, las brujas se apuraron a hacerle un horóscopo que se parecía a los de Alejandro Magno y Napoleón; y a ello se debió también que, no superada su adolescencia, fuera inscrito y pasara su buena temporada como cadete de la Academia Militar de La Salle, en Long Island, Nueva York. Pero así como, unos años antes, los esfuerzos de los Padres Paulinos del Colegio Seminario habían logrado convertirlo en agnóstico, los rudos oficiales neoyorkinos lo hicieron irrevocablemente pacifista y anti-militarista.

2.-  La Generación que ve transcurrir su primera infancia en la Década de los Treintas; que suma las estrecheces económicas de la Segunda Guerra a las de los estertores de la Gran Crisis del 29;  que se alfabetiza durante la transición del Liberalismo Olímpico de don Cleto y don Ricardo, hacia las Garantías Laborales cristiano-socialistas de Calderón, Mora y Sanabria y el diseño del Estado Empresario de Figueres, Martén y la flamante Social-Democracia; que asiste a las aulas universitarias durante la ilegalización de Vanguardia Popular, la inicua represión del pensamiento marxista y la persecución implacable de comunistas y sindicalistas de izquierda, en plena Guerra Fría (que todavía no ha cesado); es la misma generación que crece viendo surgir y multiplicarse alrededor de su País dictaduras sangrientas con los nombres de Ubico, Martínez, Carías, Somoza, Batista, Trujillo, Banzer, Gómez, Odría, Stroesner, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, a la sombra complaciente de los Estados Unidos.

3.-  Rodrigo Madrigal, el Bueno, miembro de aquella generación, se inclinará significativamente por ese ejercicio crítico permanente que requiere el cultivo de las Humanidades y las Ciencias Sociales: primero estudia Economía en la Universidad de Costa Rica y en el Instituto Stevens de Hoboken, New Jersey; pero donde finalmente encuentra su destino es en la Universidad de París, cuando descubre las Ciencias Políticas bajo la égida de Jean Jacques Chevalier, René Dumond, Maurice Duverger, la legendaria Madame Bastide, François Bourricaud; donde tiene oportunidad de escuchar a Josué de Castro, a Raúl Prebisch, a Poulanzas; y allí se entera de que la Política es incomprensible si no se domina la Historia; si no se profundiza en la Filosofía, la Sociología, la Literatura.  Entonces, de la mano de Chevalier, estudia Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Rousseau, Voltaire; lee profusamente a Bertrand Russell, a Sartre, a Raymond Aaron, a Gunnar Myrdal, a Curzio Malaparte; y también a Dostoievski, Nietsche, Faulkner, Asturias, Carpentier; estudia el Marxismo y los procesos sociopolíticos latinoamericanos bajo la guía de Bourricaud; pero se deleita también con  Molière,  Balzac,  Flaubert y sobre todo con Maupassant; frecuenta la Opera y las Salas de Música, el Teatro, los Museos y la famosa Cinemathèque de Paris; y no abandona su guitarra clásica, que cultivó desde joven, por muchísimos años. Todo ello le dejará un hábito indeleble: leer constantemente, estudiar, investigar, reflexionar cada día; así como también le deja un talante específico que lo caracterizará a lo largo de la vida: modestia y rigor con el pensamiento propio, apertura y tolerancia con el pensamiento ajeno, matizados con aquella ironía que ha llegado a ser su segunda naturaleza.  En suma, para hacer honor a sus maestros, no más regresar de Francia, Rodrigo Madrigal, el Bueno, continúa su lectura sempiterna … hasta la fecha.

4.-  Como ha sido señalado anteriormente, en la vasta temática de la Ciencia Política hay un problema que obsesionará a nuestro homenajeado desde el comienzo de sus estudios; el cual, por lo demás, ha merecido que se derramen torrentes de tinta sobre tablillas, pergaminos, papiros y papeles desde Protágoras hasta Chomsky; y es la cuestión del Poder.   Rodrigo Madrigal inicia una reflexión sobre el poder que discurre por años en sus lecciones universitarias y es un eje transversal en sus escritos:  ¿en qué consiste el poder? ¿todo poder es ‘político’ por su misma esencia? ¿puede concebirse el poder sin un recíproco sometimiento? ¿cómo se relacionan el Poder, el  Derecho y la Economía? ¿corrompe, inexorablemente, el poder? ¿podrá un día ser abolido el poder de las relaciones humanas?  Etcétera.

Y como consecuencia de la dedicación prodigada al tema, sus variadísimas lecturas (sobre Historia Universal, Economía e Historia Económica y Financiera, sobre Estadística, sobre Historia Política y Militar, sobre Sociología y Psicología Social, etc.) han respaldado por años su reflexión alrededor de la teoría y la historia de los cambios políticos, así como de la biografía de los protagonistas de esos cambios en el Mundo Occidental en general, desde Cayo Julio Cesar hasta Charles de Gaulle, pasando por el Papa Alejandro VI, Robespierre, Lenin, Trotsky, Mussolini, Stalin y una multitud de personajes menores que sazonan sus frecuentes anécdotas; a escala mundial, repito, pero también abundantemente a escala costarricense y latinoamericana.

5.-  Los cuatro tomos que recogen el pensamiento político de Rodrigo, expuesto  en más de cuatrocientas publicaciones, entre escritos periodísticos y ensayos de mayor envergadura, en un estilo claro con elementos deliberadamente morosos, perifrásicos (aunque a veces polémicamente duro y sarcástico), nos permiten medir y rastrear la amplitud de sus perspectivas y su voluntad constante de compartir, sugerir, estimular y contrastar polémicamente las ideas políticas en nuestro País y en la Región, a lo largo de medio siglo.

Querido hermano y mejor-amigo:  ciertamente muchas cosas han cambiado en el País y en el Mundo, pero no nuestros principios ni nuestros afectos.  Como cantaba Mercedes Sosa:

Cambia, todo cambia …

pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre,

         ni el recuerdo del dolor de mi pueblo y de mi gente.

Muchas gracias por tu ejemplo, tu esencial honradez, tu enorme coraje.


(Tomado y adaptado de la obra inédita de Walter Antillón: DE  RATONES  Y  LIBROS  <Of mice and books>. Viajes por mi biblioteca, número 46)

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box