Walter Coto: A propósito de cuatro amigos que partieron

Requiest cant in pace amigos y amiga

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Walter Coto Molina, Abogado (Dr.).

El fin de semana antepasado fallecieron en fila, como si pasase un terremoto. tres amigos y una amiga. Algunos de ellos ocuparon cargos públicos.
 Independientemente del criterio que tengamos de ellos, la verdad es que ya no oiremos más sus voces, ni tendremos su presencia física, ni sus sonrisas, ni sus ideas.
 Así es la vida; un breve recorrido entre dos eternidades, la del nacimiento y la de la partida para siempre.
Realidad dura y cruda. El mazazo final. El momento inexorable.
Ayer fuimos importantes, mañana somos recuerdo. Antier nos creíamos inflados de verdades y de apegos. Hoy somos lo que de verdad somos, una pequeña parte de energía universal, un pedazo del todo.
Quienes nos dejaron ya no se preocuparán más del Registro Público, ni de los impuestos, ni de nada.  Los que temporalmente quedamos ya no veremos sus sonrisas, ni sus gestos, ni sus palabras, ni leeremos sus artículos.
En un día del calendario,  todo eso se acabó de  porrazo. Así es de brutal la ruptura. Un latigazo en seco.
Por un rato se hablará de virtudes, capacidades, bondades y defectos.  Pero nada más. Ya no tienes movimiento, ni cerebro, ni deseos, ni corazón, ni afectos, ni odios ni respuestas.
 Todo se esfumó. Quedaste sin equipaje, te volviste indefenso, sin armas y sin dulces. Dejaste de ser todo, y ya no tienes nada.
 Tampoco verás la luna acompañada de estrellas fulgurantes, ni el cielo azul de las mañanas asoleando las montañas, tampoco tendrás más en tus regazos, a tus hijos y nietos contando cuentos del pasado, ni recibirás besos de tu pareja, ni habrá café con pan o con tortillas en la mesa.
 Todo se acabó en un santiamén. Los ojos bien abiertos se cerraron como cortinas al anochecer.
Así es la vida, mis amigas y amigos. Así de real es esa realidad. Así es de democrática la muerte.
Por eso,  mientras seguimos gozando el privilegio del «aún no», es decir de la vida, escuchemos las señales que emanan de nuestros cuerpos, de nuestras emociones y sentimientos, aceptemos la vida tal como es, y meditemos para conectarnos con la esencia en el gozo del silencio.
No dependamos de los aplausos externos que son pasajeros, ni cultivemos el apego porque la maleta se regresa vacía, disfrutemos en cambio a plenitud de nuestra existencia a diario, cooperemos con nuestros semejantes y con el flujo del universo, seamos humildes y buenas personas, amemos sin condiciones, disfrutemos de la amistad de nuestros amigos, liberemos la carga de los juicios irritados, y eliminemos los miedos y los odios, para alimentar  el amor.
Eso sí, veámonos todos los días en el espejo, porque ahí es donde reconocemos el verdadero rostro que tenemos.
Requiest cant in pace amigos y amiga.
Vuestra partida ha provocado esta disruptiva y realista reflexión. pasajera.

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