Walter Coto: Algunas consideraciones sobre las elecciones municipales del 4 febrero 2024

Las elecciones municipales recientes dejan al menos tres aspectos de mejora que requieren un abordaje inteligente.

Walter Coto Molina, Abogado (Dr.).

El principal elemento de  preocupación medular de las elecciones recientes, incluso reportado por la misión de observadores internacionales,  se ha centrado en el porcentaje de abstencionismo que llegó a una cifra  de 68,28%. No es el abstencionismo más alto que hayamos tenido, pues en el 2002 llegó a un 77.2% y en el 2006 a un 76,2%, incluso en el 2010 a un 72,1%.  Había venido descendiendo un poco, pero ahora volvió a subir más de 5 puntos respecto al 2020 que fue  de un 63,7%.  Las causas de la desidia de la ciudadanía para no  votar tienen orígenes muy diversos, y sin duda es todo un desafío para la sociedad democrática, la cual debería nutrirse siempre de la participación de sus habitantes, en especial cuando en su condición de soberanos delegan su representación.

No es este espacio el apropiado para detallar la multiplicidad de factores que llevan al abstencionismo en las elecciones locales, pero si es necesario con el ánimo siempre de proponer,  que el Tribunal Supremo de Elecciones constituya post anuncio de los resultados definitivos,  un panel de costarricenses que examinen el tema a profundidad con análisis de todas sus vertientes, y produzcan en un plazo definido una propuesta,  que pueda servir para que sin mecanismos de coacción como existen en otros países,  el ciudadano costarricense interiorice más la ciudadanía activa y   participe más,  no solo de los quehaceres de las comunidades, sino de la elección de sus representantes. La democracia participativa es esencial en el futuro del país, incluyendo la participación para  delegar la representación.

Hay que construir a partir de la data, y de las reflexiones sesudas sobre las causas del abstencionismo, una estrategia nacional  para que el ciudadano valore más la importancia de participar en las elecciones no sólo votando sino creando, cuestionando, y  aportando.

Desde luego este es un reto mayúsculo porque es bien sabido que hay también  fuerzas y grupos que les interesa que acudan a las urnas el menor porcentaje posible de electores,   porque esa escasez les produce resultados favorables. Esta proposición  en mi humilde  imaginario,  va también en la dirección de que en la evolución de las sociedades donde la tecnología sirve para hacer más eficiente los procesos y para romper intermediaciones,  quizás podamos llegar a un momento donde se vote desde los hogares,  y desde cualquier lugar donde se encuentre el ciudadano, y quizás eso sirva para que a la par de un fortalecimiento de la cultura de participación, se incremente la presencia ciudadana en la elección  de sus  representantes. Veo el futuro en términos de  que algún día dejaremos de tener un Estado como lo conocemos hoy,  pues guardo la esperanza que en niveles superiores del desarrollo humano y de su evolución, la autogestión ciudadana responsable privilegie y esté por encima de lo que hoy llamamos gestión institucional. El mundo avanza hacia transformaciones insospechadas,  también en la instrumentalización de la gobernanza y de formas distintas de  participación. Hay que aprender a soñar el futuro sin que nos quedemos dormidos.  Hay que anticipar el desarrollo de las sociedades y no quedarse amarrado ni encadenado a realidades que ya no son.

Otro elemento notoriamente preocupante es  la poca visibilidad que en estos procesos tienen los candidatos a regidores y síndicos municipales. Más del  90 por ciento de la propaganda electoral y de la comunicación electoral en estos procesos tiene como figura estrella al candidato o candidata a la alcaldía, es decir quien será el Ejecutivo local con sus vicealcaldes o vicealcaldesas como acompañantes,  pero no al órgano deliberativo y decisorio que es el Consejo Municipal. En la realidad en todos los cantones hay un desconocimiento enorme  acerca de quiénes son los candidatos a regidurías, y a síndicos. Los Consejos Municipales están desde el punto de vista de la visibilidad electoral en una gran opacidad,  y en muchos casos continúan así durante todos los años de su mandato, situación que  se debe corregir,  porque las  decisiones de ese órgano municipal son altamente importantes para las  comunidades.

Las elecciones recientes deben ser también motivo de reflexión sobre  la cantidad de opciones partidarias  que se presentan,  frente a la calidad de los postulantes que ellas ofrecen. Dicho sea de paso, esa misma preocupación se evidencia también en las elecciones presidenciales y legislativas. En este campo, percibo que estamos frente dos formas de democracias, la cuantitativa y la cualitativa.  Nuestra  democracia cuantitativa permite que haya  dos o tres partidos con sus candidatos,  o incluso pudiera ser, que haya mil partidos postulando candidatos municipales. La democracia cualitativa en cambio,  aboga más bien porque haya filtros  que permitan garantizar mejor calidad de representación y no simplemente más opciones de representación. Hay países democráticos  que tienen filtros en materia electoral, como por ejemplo, Francia.  Ese es todo un tema que merece ser abordado en algún momento en beneficio del país. Cuento simplemente un hecho vivido en este proceso.

En mi  interés de contribuir como ciudadano en mi querida Turrialba, seguí de cerca el proceso municipal, y  como miembro del Comité Cívico de la localidad propuse que hiciéramos un debate con los 9 candidatos a la Alcaldía, el cual realizamos, y aunque la papeleta oficial del TSE contemplaba 9 partidos con sus candidatos, al debate solo llegaron 7,  porque hubo dos que nunca pudieron ser ubicados, no solo en nuestro debate, sino en tres debates más que se realizaron en el Cantón. Hubo dos candidatos que  nadie los escuchó, nadie los conoció, nunca se supo quienes eran y cuáles eran sus ideas, y al final aparecieron uno con 69 votos y otro con 178 votos. Ambos estaban en la papeleta oficial del TSE, pero siempre desaparecidos.

Otro tema que conviene analizar porque ciertamente es una  debilidad,  sigue siendo el de las fuentes financiamiento, que son desiguales, discriminatorias, y poco transparentes. En lo personal creo que el paradigma actual que sostiene los recursos usados para las elecciones municipales e incluso también las nacionales,  debe ser sustituido  por un  sistema más equitativo y mayormente blindado respecto de las fuentes de financiamientos espurias y peligrosas para el sano ejercicio del sufragio. El financiamiento en este caso de las elecciones  locales que pagamos con nuestros impuestos no está siendo entera y socialmente productivo para la democracia dado el ausentismo a las urnas, la opacidad que se manifiesta en muchos casos,  y por las desigualdades en los mecanismos de participación.

No obstante las anteriores consideraciones,  las elecciones municipales mostraron en mi opinión  algunos elementos muy positivos que es preciso también reconocer. En Costa Rica también tenemos que aprender que no todo son lamentos, ni todo es malo.

La organización, administración y operación del proceso por parte del Tribunal Supremo de Elecciones sigue siendo muy buena. Más allá de los cuestionamientos de  algunos partidos, en especial uno de ellos, previo a las elecciones, que impidió la participación por no cumplir con los requisitos exigidos, el trabajo del TSE, preferentemente el día de las elecciones, sin duda alguna es de alta calidad y de extrema eficiencia en la emisión de los resultados arrojados en las urnas de votación. Así lo reconoció también la misión de observadores internacionales de la OEA. La verdad es que el TSE ya nos tiene acostumbrados a ese nivel de administración del proceso electoral,  y eso nos hace sentirnos orgullosos, muy por encima de las inevitables críticas surgidas en democracia, y de algunos errores, fundadas muchas  de ellas,  por diversas motivaciones a menudo no razonables. Nótese la diferencia,  por ejemplo,  ese mismo domingo, con las elecciones presidenciales del Salvador en las que  pasaron varios días sin saber cuánto fue el nivel de abstencionismo, cuantos  votos obtuvo el  ganador, y algo realmente inédito, el presidente reelegido, él mismo,  se dio los resultados  obtenidos, y  se declaró reelegido, ante el ausentismo y la falta de declaratoria eficiente del Tribunal Electoral.

Otro elemento positivo es el avance de representación que obtuvieron las mujeres al ser electas  Alcaldesas. Nunca antes habíamos tenido tantas mujeres comandando  gobiernos locales. Sin duda ese hecho es refrescante en la política nacional,  y un avance democrático. Sin tener los datos definitivos todo parece indicar que 22 mujeres  alcanzaron a ser electas en diferentes municipalidades  de los 84 cantones de todas las provincias. Como se ve no todo está mal en nuestra democracia debilitada. Favoreció en esta oportunidad indudablemente el fallo del 27 de febrero del 2019  de la Sala Constitucional,  aplicado por el TSE que impuso la paridad horizontal obligatoriamente.

También debe resaltarse el uso del voto electrónico que contrario a las críticas previas que reflejaron algunos sectores y analistas, el ensayo resultó una muy buena experiencia por el uso rápido, fácil, cómodo y   eficiente del dispositivo utilizado.  Yo voté electrónicamente y llegué con los ojos bien abiertos para mirar la fiabilidad y  seguridad, así como la operatividad y facilidad del sistema para los electores,  y la verdad es que quedé satisfecho de su implementación y observé muy buenas opiniones de la gente que votó.   Es un primer ensayo, pero funcionó bien. Pero esto es solo un aviso, pues  el uso de la tecnología cada vez más intensivo  y extensivo,  transformará los sistemas de votación y los procesos electorales radicalmente, y de manera inevitable. La tecnología no pide permiso, para instalarse,  simplemente llega, y si es conveniente  para el país, entonces  se debe usar.  Hay que tener siempre  una mentalidad abierta para los cambios que vienen,  muchos de ellos viajan a la velocidad de la luz. Pero además hay países que tienen muchos años de usar el voto electrónico. Obviamente la ciudadanía debe ser informada de los costos de esa herramienta en las elecciones, y de los costos beneficios que ella representa para el país.

Otra consideración  positiva de este proceso es que permite un espacio de confrontación aunque sea todavía muy incipiente,  de exposición y debate de propuestas e ideas concretas para el desarrollo local. Si no existieran las elecciones municipales quizás esos espacios no se darían,  y ni los candidatos serían visibles como ocurría en el pasado cuando se votaba por las tres papeletas en las elecciones presidenciales.  Es un hecho cierto,  que en  casi todos los cantones hubo debates entre los aspirantes que fueron organizados, unos  por medios de comunicación locales y nacionales,  y otros por universidades y asociaciones y vecinos comunales.   Ese espíritu de conversar y discutir  la problemática local, esa pluralidad en la manifestación de las propuestas,  es un ejercicio valioso a pesar de las imperfecciones que aún tienen esos encuentros.

En términos de oferta electoral hubo un menú amplio, que no necesariamente como dije antes,  garantizaba calidad, pero que evidenció que en nuestro país las elecciones municipales no se sustentan en un  liderazgo autocrático nacional, que se hace extensivo a lo local, como sucede en otros países, que imponen  hegemonías y sujeciones desde el  poder,  sino que más bien las elecciones expresaron un abanico de intereses locales y visualizaron viejos y nuevos liderazgos, con cambios de actores políticos, en algunos casos relevantes,  como ocurrió con la alcaldía de San José. Debe considerarse que el sistema político administrativo del país es centralista, verticalista y mesetero, y que tenemos pendiente una gran discusión nacional sobre si el futuro desarrollo de Costa Rica se hará desde este centralismo, o se rompe ese sistema,  para avanzar en una mayor distribución del poder, otorgando  verdaderas y reales potestades a los gobiernos locales en ámbitos donde todavía siguen siendo pordioseros y tributarios de los gobiernos de turno.

En resumen las elecciones municipales recientes hay que verlas en una perspectiva más amplia. Son parte de una forma de organización existente, de una cultura de enjambres, de una realidad en transición,  de un estado de malestar de la política, que nos impone valorar y reforzar lo que es bueno para nuestra democracia,  y a su vez  corregir aquello que no está bien y que nos puede hacer daño. Hay espacio para una reflexión seria.  Hay que ver  mucho más allá de los meros números que mostraron los resultados del 4 de febrero.

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