Walter Coto: Apreciaciones sobre el dialogo social (incluye podcast)

En términos generales y a modo de conclusión, el planteamiento de diálogo que anunciaron los Presidentes de los Supremos Poderes es un buen paso, pero debe recomponerse.

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Walter Coto Molina, Abogado (Dr.).

Los Presidentes del Legislativo y el Ejecutivo convocaron días atrás a un diálogo nacional. El paso va en buena dirección, pero ahora hay que ayudar a que el planteamiento que se anunció se mejore para que sea provechoso. Muchos costarricenses hemos llamado al diálogo nacional, como única vía para atender con seriedad y en democracia los problemas gravísimos que hoy padecemos. Mi convicción,  sin embargo es que el diálogo tiene que ser  muy serio, inclusivo, transparente, democrático, estructurado, con un facilitador, y con garantes,  y desde luego con plazos para las conclusiones.

No es ni debe ser un diálogo para legitimar a ninguna autoridad política, social o gremial, ni para instrumentalizar torcidas intenciones de ninguna de las partes. El diálogo verdadero y sincero es primero que todo para salir de los problemas que nos agobian como Estado y sociedad en el aquí y en el ahora, y en otra etapa,  que no debe esperar,  debe servir para sentar las bases de un nuevo proyecto país tendiente a ir generando  un nuevo pacto social. Ese diálogo hay que construirlo entre todos, repito entre todos, sin exclusiones y sin rencores.

  1. La eliminación de los bloqueos resuelve el derecho al libre tránsito, pero no resuelve los problemas del país. Limpiar las carreteras ciertamente es necesario, pero dejarlas libres de obstáculos no elimina la desigualdad, la pobreza, las injusticias, la falta de empleo, la corrupción, ni el déficit fiscal,  entre muchas otras cosas.  Las protestas y los bloqueos son el efecto de causas estructurales y de políticas públicas erróneas, que todos tenemos que sentarnos a pensar  para resolverlas. Es el momento  para atacar las causas, y no solo los efectos. Por eso el diálogo tiene que además de resolutivo sobre urgencias,  ser además visionario.
  2. A la luz de lo dicho, es preciso examinar el planteamiento de dialogo social efectuado por los Presidentes del Legislativo y del Ejecutivo, que contiene las reglas impuestas por ambos representantes, bajo la facilitación del Programa del Estado de la Nación, quien implementará la metodología del proceso, según se  dice,  de modo autónomo e independiente.
  3. La primera pregunta que surge es  sí; ¿el Presidente del Congreso estaba autorizado para involucrar oficialmente al Poder Legislativo en la Convocatoria?, puesto que ya hay diputados y fracciones que indican que ese acto del Presidente Legislativo fue a título personal, y que por tanto no los sujeta a lo que se derive de los acuerdos que surjan en la mesa.  Ese solo hecho demuestra, que no se tuvo el cuidado de llevar el planteamiento previamente a todas las fracciones. El haber anticipado ese paso,   hubiese reforzado a mi juicio,  el compromiso que se genera alrededor del mismo, y habría estado mejor blindado desde el principio.
  4. Es acertado que se haya definido en una primera etapa del diálogo,  recomendar medidas para enfrentar la emergencia fiscal, pero es  insuficiente  que para una segunda etapa, solo se piense en empleo y recuperación económica, que aunque son temas fundamentales,  dejan de lado las causas estructurales que padecemos derivadas de un Estado atrofiado,  que reclama a gritos una remodelación y un rediseño institucional,   que sirva a la producción, a las empresas, y a la gente. Dialogar acerca de lo fiscal, y de las variables de empleo y reactivación está muy bien, pero la solución de los problemas del país no pasa solamente por ahí. Caso contrario en poco tiempo estaremos haciendo u nuevo diálogo para resolver las mismas variables.
  5. En el planteamiento del problema a resolver,  tendiente a disminuir el déficit primario en 2.5% del PIB y la deuda en 8 puntos del PIB, con acciones de ingresos, gastos y gestión de deuda,  convive lo  técnico con lo político. Sin embargo hay que recordar que muchos costarricenses de todos los sectores y economistas,  ya le han propuesto al gobierno hasta la saciedad, soluciones con esa mezcla, definiendo fuentes de ingresos, rubros en reducciones de gasto, e incluso reingenierías de la deuda tanto interna como externa. Llama entonces la atención que habiendo recibido el Gobierno propuestas en ese sentido, coloque como elemento central  del diálogo ese tema, sobre el cual tiene muchas propuestas en su mesa presidencial. Eso evidencia que el problema es esencialmente político, es decir de decisiones políticas. Tener conciencia de ello es importante, pensando que las propuestas que surjan del diálogo tienen sentido si alcanzan niveles de resolución política.
  6. Los parámetros que fija la convocatoria para aceptar recomendaciones siguen llamando a más impuestos, puesto que en el balance de los rubros, se procurará maximizar el aporte que hace cada rubro en la solución, donde obviamente el aumento de la carga tributaria resulta siempre lo más fácil e inmediato. Lo que no se ve en los parámetros de solución,  es la necesidad de que los poderes del Estado no estén ausentes de la cuota de sacrificio, que se percibe solo la endosa a los sectores, y en especial a los empresas productivas.  Es sintomático que esos parámetros sigan mostrando una necesaria ubicación en el  pensamiento lineal, casi contable, de ingresos, gastos y deuda, cuando es posible recrear otras fórmulas y combinaciones menos convencionales,  para alcanzar los propósitos de salir del atolladero financiero.
  7. En cuanto al número y la composición de la mesa hay tres consideraciones:
    Primera;  que hayan sido los dos Presidentes,  los que ellos mismos hayan definido por su propia cuenta, los sectores que van a   la mesa sin consulta. Incluso señalan desde arriba,  quienes deben nombrar a los  representantes, en algunos casos,  personas muy afines al Gobierno, como en el Foro de Mujeres del Inamu.  Hubiese sido importante en términos de una semana, discutir con  los distintos sectores y sociedad civil,  una propuesta de integración de mesa previamente consensuada. Pero de nuevo el método de la convocatoria  vertical, puede pasar factura, al punto que hayan sectores convocados que no quieran asistir por diversas razones,  aspecto que además ha pasado desapercibido para el facilitador del proceso.
    Segunda; llama la atención el número de  miembros de la mesa, constituido  por 29 miembros.  ¿Por qué no, por ejemplo,  50 o 45?  ¿Cuál ha sido el criterio técnico para que sean 29?  Ya hay grupos que se sienten excluidos o con poca participación, e incluso que no van a asistir a la mesa. Claro que nunca estarán todos, ni los que estén quizás deban estar, pero en un proceso de diálogo serio,  me parece que generar consultas previas sobre la composición,  es el mejor método democrático para apuntalar compromisos con el proceso.
    La tercera consideración es  una omisión de bulto, que hace frágil la mesa de diálogo,  y que  presume la falta de  voluntad para acreditar un encuentro nacional  sincero. El gobierno se resiste a entender,  que la mayoría de la gente que ha estado en las calles,  es gente del pueblo de diferentes estratos y sectores de la sociedad civil,  y que no son delincuentes ni narcotraficantes, ni tampoco infiltrados por el mismo Gobierno. Estos son una minoría. En el diálogo que se convoca no hay un solo representantes de Rescate Nacional. ¿Por qué seguir ignorando una representación de ese grupo, usando el pretexto de que son intransigentes, cuando en la revisión de los hechos, este no es un gobierno que tenga credenciales de transigencia ni tolerancia?  ¿De qué sirve al gobierno desconocer esa realidad?  El mismo Presidente Alvarado  años atrás estuvo también en las calles, y conoce de esas situaciones. En mi opinión  los bloqueos en las calles crean una dicotomía en la población,  de apoyo por un lado al movimiento que censura al gobierno, y por otro, de rechazo de medios de prensa y población,  por la interrupción del libre tránsito.  Los dirigentes y sindicalistas hacen rato han hecho lo mismo, bloquear, en lugar de usar otras formas de presión democráticas. Así como los gobiernos solo piensan en endeudar al país y en imponer más impuestos, sin que tengan neuronas para implementar otras formas de solución al déficit, así  también los dirigentes sociales solo piensan en bloqueos, sin explorar otras medidas más efectivas  de presión que no  provoquen el rechazo de la población. Sin embargo, el momento presente no es para excluir a nadie del dialogo, y en el planteamiento que comento,  sin duda esa es una omisión adrede del Ejecutivo que no se justifica, porque sus consecuencias pueden ser peligrosas. La violencia no está, ni se produce solo en las calles, la violencia se gesta hace rato desde el poder político. La gente está cansada de tanta incompetencia, de tanta chapucería, de tanto cinismo, de tanta mentira, de tanta corrupción,  y de tanta asfixia política y económica.

Parece increíble que el Estado de la Nación, que representa al Consejo Nacional de Rectores  de las Universidades,  se preste para facilitar un diálogo excluyente, porque ese no es precisamente el mensaje reiterado que da el Estado de la Nación en sus valiosos informes.  Don Jorge Vargas que merece todo respeto,  está siendo víctima de una maniobra que condiciona muchísimo la viabilidad del diálogo. Sin duda si se quiere construir la paz,  la voz de los que están en la calles también tiene  que escucharse en la mesa, a la par de los otros sectores y miembros de la sociedad que merecen todos expresar sus propuestas.

En términos generales y a modo de conclusión, el planteamiento de diálogo que anunciaron los Presidentes de los Supremos Poderes es un buen paso, pero debe recomponerse. De lo contrario nace con su viabilidad comprometida. Ya hay sectores convocados muy importantes que han anunciado,  que en esas condiciones podrían no asistir.

Así como está construido el diálogo,  parece que la prioridad es  legitimar las acciones y decisiones del Ejecutivo,  arrastrando eso sí, inteligentemente al Poder Legislativo. La razón es muy sencilla, según lo indica el documento, el Presidente decidirá la política a seguir, cuando no haya consenso, con lo cual tan solo bastará que si el Presidente no esté de acuerdo con algún punto o una propuesta,  instruya de inmediato  a sus cuatro miembros para que voten en contra, y no se genere consenso. Dicho de otra manera, el modelo presentado tiene un anticipo del derecho al veto por parte del Ejecutivo sobre las decisiones mayoritarias, lo cual genera la desconfianza en el sentido de para qué ir a un diálogo,  si finalmente la Presidencia decide qué se propone y qué no,  como política pública. La vinculación de los sectores convocados respecto de las decisiones que se tomen en la mesa, es una especie de burro amarrado contra tigre suelto, puesto que al final será las medidas que tome el Poder Ejecutivo las que prevalezcan. Esa metodología resolutiva no parece nada democrática, y el facilitador del Estado de la Nación debería empeñarse también en corregirla. Si todos los sectores por ejemplo, excepto los que representan al Ejecutivo,  deciden proponer que no haya impuestos, de nada servirá, porque al no haber consenso el Presidente terminará proponiendo  impuestos.

No sé,  pero mi olfato me indica,  que ésta mesa de diálogo se está construyendo sobre la base de las necesidades del Poder, cuando lo que se requiere es que se edifique con fundamento en las necesidades del país y de la sociedad como un todo. No se trata de salvar el pellejo de nadie. Se trata de realizar un ejercicio maduro,  abierto y sincero,  para encontrar soluciones que no produzcan más desencuentros con los intereses de la población.  Ojalá  el proceso sea rectificado y mejorado sin dogmatismos y egoísmo,  para bien del país.

 

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