Walter Coto: Cambiar de paradigma para financiar al Estado en beneficio del pueblo

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Walter Coto Molina, Abogado (Dr.).

Muchas veces he insistido en el rompimiento mental que requieren nuestras dirigencias políticas y un buen número de consejeros que padecen de las mismas anteojeras. Tenemos ya  un millón de desempleados, otro millón en economía informal,  una olla a punto de un  estallido social, y sin embargo  el Gobierno y ciertos sectores sociales siguen abogando por las mismas fórmulas del pasado.  No pueden desprenderse del paradigma, de que para financiar el Estado  solo se puede hacer incrementando la carga tributaria, y obteniendo préstamos. Cualquier otra iniciativa por más creativa que sea, para financiar el enorme hueco fiscal, ni siquiera la consideran. Se acostumbraron a comer siempre lo mismo, y de ahí nadie los mueve. Esa actitud es una verdadera calamidad, porque haciendo lo de siempre,  los resultados serán siempre los mismos, en nuestro caso,  por esa vía rutinaria, vieja y gastada,  no tendremos los recursos suficientes para desarrollar sosteniblemente el país.

El problema principal de Costa Rica es entonces político y mental. Hay una atrofia política  intelectual pasmosa. No hay dirección ni orientación  porque faltan cerebros creativos. La política costarricense  se empequeñeció, y lo peor,  es que ella ha arrastrado a profesionales distinguidos que aprendieron a decir también no,  de primera entrada, cuando se presentan opciones disruptivas para enfrentar los problemas nacionales. Tampoco el modelo verde no es excluyente para aprovechar los recursos naturales con rigurosidad ambiental. Países como Noruega con mayores índices de sostenibilidad ambiental que Costa Rica así lo han demostrado de manera continuada.

Yo creo que la agonía en que estamos nos debe estimular para cambiar de paradigma. En adelante el Estado Costarricense debe financiarse también  usando en serio las riquezas que se encuentra  en sus mares, en su territorio, en sus instituciones  y en su posición geográfica, como lo hacen los países  pequeños que piensan en grande,  y que tienen índices de bienestar y ambientales muy superiores a Costa Rica. Aquí estamos haciendo las cosas al revés.

Como nadie sabe hacia dónde queremos ir, todos los remiendos son de recibo. Véase la agenda de extraordinarias. Una verdadera ensalada.  No hay debate sobre propuestas sustanciales con visión estratégica. Lo que se sigue haciendo es un picadillo de intereses, sin un partido, sin un Ejecutivo, sin un Congreso y sin un conjunto de sectores organizados  que marquen camino. ¿Cuál es el rumbo?  Da lástima, porque pareciera que estamos haciendo todo lo necesario para que el país se vaya al carajo. Las discusiones nacionales son muy coyunturales y fragmentadas y todas dentro de un paradigma político y económico que está agotado, asfixiante y asfixiado.

El mundo y Costa Rica  viven una nueva realidad que requiere una nueva legalidad, una nueva institucionalidad, una nueva economía, una nueva cultura. Si no entendemos esto, no vamos a migrar hacia nuevas oportunidades. Nos quedaremos en el encuadramiento jurídico, económico y legal del siglo pasado. La política es una de las actividades humanas que está  más en decadencia, y con ella los partidos, y los aparatos de poder, muchísimos rechazados por la ciudadanía y la nueva realidad.  En el futuro ni siquiera el Estado que conocemos hoy existirá, menos los partidos políticos. Seguir gestionando la economía del país con el paradigma del fracaso es un contrasentido. Nuestro pueblo no se merece que lo saturen de más deuda, ni de más cargas,  porque, ¿de qué ha valido tanto sacrificio, si todo sigue peor?  Es absolutamente indispensable volver los ojos al aprovechamiento de otras actividades económicas diferentes a las tradicionales, con criterios,  eso sí, ambientalmente rigurosos, que nos permitan como país, un uso equilibrado inteligente y anti dogmático de las riquezas que tenemos en el subsuelo. Algunos dicen que no podemos hacerlo,  porque el Estado no tiene dinero, y porque no existen los conocimientos, por ejemplo, para aprovechar el oro de crucitas. El financiamiento saldría de ahí mismo, y cuando uno no tiene conocimiento, en la era de la información sencillamente se adquieren. Quieren apostar por el conocimiento y le da miedo ir a buscarlo.

En éste comentario por razones de espacio no puedo abundar en nuevas ideas que pueden provocar un cambio de paradigma nacional, en este caso sobre el financiamiento requerido por el Estado para cumplir sus  obligaciones, y las nuevas necesidades de la población. Me limito solo a mencionar una, referida al aprovechamiento puntual y concreto del oro que se encuentra en crucitas, y que le pertenece al Estado conforme con la Constitución vigente. Según datos y mapeos existentes, Crucitas posee en valor actual cerca de 5 mil millones de dólares en oro, el cual ya está explorado, e incluso inscrito en una bolsa de valores internacional.  No se trata de una presunción. Es  oro que existe. El Bank of América vaticina que para el 2021 la onza de oro puede llegar a $ 3000 dólares.  El artículo 50, en concordancia con el 94 de la ley 7558 del Banco Central de noviembre de 1995, establece que el Banco puede hacer uso de emisión monetaria para comprar oro, por lo que podría ser entonces el adquirente del oro de crucitas, y con el respaldo de ese activo generar los recursos para sacar al Estado en muy buena parte del hueco financiero  en que se encuentra. Para la extracción del oro,  el Estado contrataría una empresa que técnicamente tenga la experiencia  para ese proceso y pueda, semana a semana entregar el mineral para que el Banco Central lo compre y le cancele su valor al Estado, teniendo incluso un reforzamiento de las reservas del mismo Banco Central.

Si  no se  está de acuerdo con esta idea, pues que digan entonces; ¿de donde  nuestros gobiernos con el paradigma vigente,  que no es el de la economía verde, hasta ahora un mero discurso, van a tener recursos sostenibles para detener el decrecimiento y reactivar  una economía,  que no alcanzará para cubrir las obligaciones del Estado paquidérmico que hemos fabricado.

Hace tres meses participo como ciudadano  en un grupo de distintas corrientes que logramos redactar un proyecto  para aprovechar,  y de paso poner orden en la explotación del oro que hay en Crucitas, una riqueza que nos pertenece a todos, y que día a día se la llevan del país, con la complacencia del Estado y de grupos de distintos signos. Conviene por el bien de nuestro pueblo, superar discrepancias y conversar inteligentemente y sin radicalismos sobre esta iniciativa en concreto,  que tiene el potencial de obtener más dólares que aquellos que se piden al FMI y a otras instituciones financieras. En política los plazos se hacen largos cuando no se toman decisiones,  y no se comienza. Digan por favor, ¿cuáles son las opciones puestas en la mesa para financiar el Estado, que no sean más préstamos y más impuestos, sin que haya aún, un ápice de medidas de reactivación? Ese es el tema. Por eso creo, que el Oro de crucitas es una opción. Pero hay que empezar.

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