Walter Coto: ¿Cuál es la salida?

El peor enemigo que tenemos, no es la izquierda  ni la derecha, ni los sindicatos, ni los empresarios usureros, ni los malos diputados o malos presidentes, ni la corrupción, ni los burócratas, el enemigo mayor es el miedo y la falta de humildad para sentarnos y construir acuerdos integrales,  que  resuelvan no solamente  los reclamos gremiales, sino sobre todo los desafíos generales de nuestra nación que nos están llenando de vergüenza y de dolor.  Hagamos cada uno lo que nos corresponde desde nuestra trinchera. No seamos indiferentes.

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Walter Coto Molina, Abogado (Dr.).

El otro día Roberto interrogaba a Pablo en el parque de Turrialba, con estas preguntas que Pablo contestaba con frases muy cortas.

Roberto: ¿Está Costa Rica dividida, fracturada, desconfiada, y angustiada? Pablo,  Sí correcto.

Roberto: ¿Está nuestro país con muy serios problemas económicos, sociales y políticos?  Pablo, Claro es innegable.

Roberto: ¿Es la crisis actual, el resultado de problemas que se han venido acumulando, y cuya solución se ha postergado irresponsablemente? Pablo, sí, así es.

Roberto: ¿Es también la crisis presente, resultado de la impericia y de la falta de honradez, formación, conocimiento y experiencia política de quienes nos ha estado gobernando? Pablo, sí también parece claro,  que así es.

Roberto: ¿En el campo económico estamos en esta situación porque los fondos públicos se distribuyen y despilfarran entre actos de corrupción, leoninas contrataciones, abusos y privilegios institucionales,  y  una deficiente gestión administrativa de los servicios públicos? Pablo. Es correcto.

Roberto: ¿Presenta el país signos preocupantes de debilitamiento peligroso  del sistema democrático e institucional histórico,  que  en el pasado ha sido motivo de orgullo nacional e internacional? Pablo,  si es cierto. Muy triste.

Roberto: ¿Está Costa Rica en un proceso lamentable de ensanchamiento de la desigualdad social, de avance de la pobreza, de crecimiento del desempleo,  y en general de problemas sociales en todo el territorio nacional? Pablo, sí  es cierto, eso es visible.

Y si todo eso es cierto, dijo Roberto;  ¿Qué podemos hacer?  Pues yo diría agregó  Pablo, que  llegó la hora de  ocuparnos en serio del país, y de solucionar los problemas que tenemos entre todos,  antes  que sea tarde.

Pero;  ¿cuál es entonces la salida, señaló Roberto? Bueno empecemos, dijo Pablo.  La primera condición para  cualquier salida es entender que Costa Rica somos todos, que el país es lo que somos vos y yo, que no está separado de nosotros, que es  reflejo de lo que hemos construido, unos más que otros, que si hay violencia, divisiones, ansiedades, falta de comunicación, incertidumbre, miedo, es porque ya sea, por acción u omisión  hemos sido de algún modo creadores de ese estado. Los gobernantes buenos y malos son electos por nosotros,  y son el reflejo y fruto de nuestra sociedad. Comprender eso con valentía y honestidad, y ser conscientes de ello, nos ayuda a acercarnos. No hay otra posibilidad más que acercarnos y hablarnos con sinceridad. Tenemos más en común de lo que nos imaginamos, pero somos tercos en resaltar siempre  más nuestras diferencias.  Si nos aproximamos, podemos aprender a  examinar juntos los problemas, en una relación donde no exista el que enseña y el enseñado, el gurú y el discípulo, el potente y el débil, el amigo y el enemigo. En ese contexto, es posible relacionarnos y zanjar los odios y divisiones, rompiendo las representaciones y las imágenes, los muros  y las fronteras gremiales, y confrontaciones estériles de egos, porque yo soy costarricense, y Costa Rica es mi tierra y mi patria es mi suelo, mi aire, mi entorno,   y todos lo somos, y lo somos todos,  y debemos  cuidarla   como niña recién bañada.  Entonces esa es una primera condición, volvernos a relacionar todos como patriotas, para articularnos, integrarnos, y construir juntos. Es un gran desafío psicológico, es un gran cambio de consciencia, una nueva actitud. Hay que martillar sobre esa necesidad. Nada sostenible se puede construir divididos, llenos de odio y de violencia, saturados de conflictos y desavenencias, desintegrados en pequeños intereses. Compartir con el otro que piensa diferente es sabiduría, no hacerlo por prejuicios es tontería. Un minuto para construir juntos es más productivo,  que un millón de minutos destinados a los conflictos improductivos. Claro que un abrazo será siempre más sensato que un balazo.

Y luego que sigue, dijo Roberto?  Pues mira, debe haber un gran acuerdo nacional. El país necesita para generar el nuevo parto, un gran pacto, pero no solo entre cúpulas partidarias, o del poder, sino un acuerdo nacional inclusivo donde quepan todos,  donde haya oportunidad de debatir y construir el país con las ideas de todos, un espacio donde se coloquen los temas transcendentales, con metodologías claras de trabajo, plazos definidos, y vías de implementación.  Lo ideal sería un gran acuerdo para deliberar acerca de una nueva organización del poder y de la institucionalidad,  que sea funcional,  y responda a las necesidades del nuevo siglo,  manteniendo y racionalizando las grandes conquistas de derechos humanos, sociales, individuales y democráticos que el país ha consolidado. Eso parece esencial, porque la organización actual que tiene Costa Rica,  está  limitando seriamente la posibilidad del desarrollo nacional. Más de 350 instituciones públicas, por ejemplo,  no son sostenibles aunque el IVA, la renta, y las ganancias de capital se incrementen mucho más. Un acuerdo nacional tiene que construirse con una visión holística, porque los remiendos y parches, que se le han venido haciendo al sistema político y a las instituciones, con reformas parciales y leyes casuísticas, son insuficientes e incluso agravan los problemas. Además el acuerdo debe generarse pensando en lo que le conviene al bienestar de la gente, no a la izquierda, ni a la derecha, ni a los organismos internacionales, ni a los cleros, ni a los intereses egoístas de minorías,  ni poderes de facto. La reconstrucción nacional debe tener como referente lo que le conviene al país, que pareciera debe ser una sociedad democrática donde se respeten los derechos de todos, en un marco de libertades empresariales, con deberes y obligaciones que ayuden a satisfacer la convivencia en paz de todos los sectores de la población. Una institucionalidad realmente funcional y participativa, que facilite el desarrollo, y  que vuelva a estar al servicio de la gente, y no la gente en función del Estado.

¿Y si no hay un acuerdo nacional, qué pasaría,   replica Roberto?  En   en la coyuntura en que se encuentra nuestra sociedad, agrega Pablo,  lo realmente sensato es llegar a un gran acuerdo en paz, por parte de todos los sectores para recomponer el país. Si  esa vía no es posible habrá violencia, y en el peor de los casos una ruptura constitucional, cuya medicina podría ser peor que la enfermedad. En esa circunstancia  podríamos hundirnos. Es evidente que desintegrados y sin rumbo, peleando los unos y los otros, enfrentados,  por ejemplo, los grandes empresarios con los sindicatos y a la inversa, con un pueblo en estado de bisagra, a veces azuzado por alguna prensa interesada,  no vamos a ninguna parte,  más que al despeñadero. O ganamos todos,  o lo perdemos todo.  La salida debe ser entonces democrática, inclusiva, valiente, políticamente inteligente, holística y patriótica. Ciertamente las elecciones de cada cuatro años poco están aportando a la solución de los problemas graves nacionales.  En consecuencia sin desdeñar los cambios electorales, hay que pensar en otras opciones, en otras salidas para re-fundar el país,  y colocarlo a la altura de las necesidades y demandas  de la población,  y de los desafíos que tenemos como sociedad. Algunos choferes gobernantes no han dado la talla, pero también el camión que les ha tocado conducir  está herrumbrado y trabado. Crear una nueva organización política y administrativa es una posible salida, además por el valor agregado que ella aporta desde el punto de vista psicosocial. Inaugurar una nueva etapa en la vida nacional podría dar un impulso y una ilusión que no se ha podido lograr. Debatir nacionalmente una nueva organización del país puede ser muy pedagógico,  y ayudaría a elevar la cultura de la política nacional,  que hoy es tan superficial. Soñar con un nuevo diseño de la sociedad que deseamos y queremos es edificante. Fundarla juntos es hermoso y representa un gran reto. Nada de eso es posible,   si no sembramos un gran acuerdo nacional orientado e impulsado sin agendas ocultas,  por líderes limpios humildes y transparentes que con sabiduría política orienten, articulen e integren a la sociedad,  en una propuesta participativa e inclusiva que le convenga al país. El peor enemigo que tenemos, no es la izquierda  ni la derecha, ni los sindicatos, ni los empresarios usureros, ni los malos diputados o malos presidentes, ni la corrupción, ni los burócratas, el enemigo mayor es el miedo y la falta de humildad para sentarnos y construir acuerdos integrales,  que  resuelvan no solamente  los reclamos gremiales, sino sobre todo los desafíos generales de nuestra nación que nos están llenando de vergüenza y de dolor.  Hagamos cada uno lo que nos corresponde desde nuestra trinchera. No seamos indiferentes.

 


Walter Coto Molina
Es Abogado, catedrático, ha sido Secretario General del PLN así como Diputado y Presidente de la Asamblea Legislativa y aspirante a la Presidencia de la República.

 

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