Walter Gutiérrez. El nuevo normal: los retos para la comunidad global

La comunidad global deberá demostrar que es capaz de prevalecer sobre el miedo y reinventarse para dar respuesta.

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Walter Gutiérrez Picado.

Constantemente hemos escuchado a los médicos y especialistas en epidemiología decir que el mundo tal y como lo conocíamos hasta antes de la crisis sanitaria no volverá nunca más. Los procesos de contagio están comenzando en buena parte del mundo y se espera que la normalización de la situación conllevará varios meses hasta que los sistemas de salud no corran riesgos por la saturación de sus servicios. Sin embargo, estamos claros que las necesidades en este periodo no se detienen y el mundo trata de acoplarse cuán rápido puede a la incertidumbre del día a día. La economía y la convivencia tratan de mantenerse a flote de la mano de la tecnología, sin embargo, ve como industrias enteras se derrumban y hábitos comunes parecieran desaparecer del ideario colectivo.

Escenario sin precedentes

Lo primero que hay que tener claro es que a un escenario como este nunca hemos estado expuestos. La última pandemia con un impacto tan profundo para la humanidad se dio en 1920, con la llamada Fiebre Española, por lo que casi toda la población mundial se enfrenta a algo nuevo

Esto tiene implicaciones en varios niveles, por ejemplo, lo cambiante que es el día a día tiene una afectación directa en la industria y la logística del comercio internacional: el consumo se detiene, las cadenas de suministros se rompen, los estados dejan de percibir tributos y la incertidumbre se apodera de las decisiones de entes públicos y privados. Este estado de inseguridad no se ha experimentado de forma generalizada en mucho tiempo y supone un reto para todos que debe sobreponerse día a día.

Los sistemas de salud se ven retados por un virus del que se ha ido conociendo a medida que ha avanzado alrededor del mundo. Países como Italia o España superan a China en cantidad de muertes y el tiempo para que otros países prevengan esos escenarios es muy reducido. Las autoridades deben coordinar esfuerzos y acelerar su accionar bajo el marco legal que posea cada país.

Esto plantea la necesidad de repensar la comunidad global y el papel del Estado nacional, no solo porque la crisis está exigiendo al máximo la capacidad de respuesta de este último, sino porque desnuda la ausencia de una acción coordinada entre países. La respuesta ante la inminente crisis económica aún se está pensando en algunos, mientras en otros, sus políticas de ahorro y disciplina fiscal, les permiten salir al rescate de sus empresas y ciudadanos. ¿Cómo queda la comunidad de naciones en esto?

Transición acelerada hacia la 4RI

Si algo ha demostrado esta crisis sanitaria es la necesidad de repensar el trabajo y, por ende, las políticas públicas para la promoción del empleo. Una gran cantidad de personas podrá mantener su empleo gracias a la implementación del trabajo desde casa, puesto que permitirá a las empresas e instituciones mantener sus actividades. A su vez, esto demuestra que la cantidad de personas que pueden optar por esta modalidad en algunos países sigue siendo mucho mayor de lo habitual.

Pero no solo es cuestión de trabajo en casa, repensar el trabajo también implica adaptar los procesos productivos para que estos sean cada vez menos dependientes de las personas. El coronavirus puede acelerar los procesos de automatización, dada la necesidad de seguir produciendo a pesar de las políticas de aislamiento que suponen estos eventos y que, pareciera, acompañarán al mundo durante meses.

La 4ta revolución industrial viene abriéndose paso con cuestiones como la inteligencia artificial, el big data, el internet de las cosas, las redes 5G y la automatización. No solo tendremos un paradigma distinto del empleo, también de la vida cotidiana. Los espacios de convivencia se deberán repensar y hacer de estos lugares que propicien espacios más limpios.

¿Estamos listos? Apostaría a que no. Probablemente se ahondarán las brechas, no solo entre países, sino dentro de ellos. En el empleo, los países con economías más informales tendrán mayores dificultades para movilizar a su fuerza laboral hacia la economía globalizada. Mientras que aquellas que gozan de una alta formalidad y una actividad económica robusta, harán los ajustes con mayor celeridad. Esa brecha, acrecentará la desigualdad de oportunidades, y propiciará una participación estatal más activa para atenderla. ¿Serán capaces los Estado de los países rezagados? Seguramente deberán afinar muchísimo más la política social, cada recurso invertido cuenta.

¿Y la comunidad global como tal?

Golpeada. Sin duda la gestión de la crisis ha evidenciado que la construcción de una comunidad internacional más cercana, conectada y uniforme sigue en proceso. El peso de las fronteras nacionales, como lo menciona Marc Bassets en un reciente artículo, ha sido trascendental para la lucha de muchos países contra el virus, y supone el resurgimiento del poder del aparato estatal de una forma mucho más marcada.

Esto sin duda reforzará los discursos nacionalistas y autoritarios de líderes populistas que ya de por sí insistían en ello, renegaban de la globalización y coqueteaban con posturas xenófobas y racistas. El levantamiento de garantías y derechos del individuo ha vuelto para lidiar contra el virus, pero una sociedad atemorizada consentirá con mayor facilidad este ejercicio.

En un plano regional, pero con repercusiones globales, la Unión Europea atiende la crisis en medio de dificultades para articular las políticas comunitarias de atención de la pandemia del Covid-19 y con realidades muy distintas. Mientras Alemania rescata a sus desempleados destinando recursos en paquetes de ayuda sin precedentes, España hace aguas con su gestión y pareciera estar destinado a un colapso de su sistema sanitario. La respuesta ha sido nacional y no comunitaria.

El principal reto hasta ahora sin duda es la crisis sanitaria, pero de esta la humanidad está preparada para salir. Los científicos has demostrado avances notables en el estudio del virus en tiempos record, de la mano de la industria tecnológica probablemente se tendrá una solución duradera. Los retos más complicados, a los que la tecnología no podrá dar solución en su totalidad seguirán siendo políticos. La comunidad global deberá demostrar que es capaz de prevalecer sobre el miedo y reinventarse para dar respuesta.


Walter Gutiérrez es Bachiller en Administración Aduanera y Comercio Exterior y estudiante de Ciencias Políticas de la UCR. Liberal progresista.

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