Walter Gutiérrez: Vías alternas en la experiencia internacional sobre drogas (II)

La legalización de las drogas es necesaria, tanto en nuestro país como en aquellos con fuertes problemas de consumo. Las justificaciones para esta afirmación las dan una guerra sin sentido contra carteles muchísimo más poderosos y dinámicos que cualquier cuerpo armado, cientos de miles de vidas perdidas, la decadencia social en la que viven los pueblos y ciudades secuestrados por el conflicto y las violaciones a las libertades individuales que se han perpetrado en nombre de dicha guerra.

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Walter Gutiérrez Picado.

El debate sobre la legalización debe dar como resultado una política pública que tenga como eje central la libertad y dignidad del individuo. Tanto en su perspectiva de consumo como en la gestión del problema de dependencia. Un mercado ilícito es sinónimo de violencia, insalubridad y muerte. La prohibición empuja al consumidor a un ambiente inseguro y promueve que las comunidades en condición de pobreza sean secuestradas por los carteles de la droga y todos los negocios que esto conlleva, como el sicariato.

Para las personas, especialmente los jóvenes, el narco siempre será negocio en tanto sea una actividad con márgenes de ganancia tan grandes y convivan en ambientes donde las oportunidades de empleo y educación sean escasas. La única forma de erradicar esto es quitarle el incentivo al mercado ilícito y hacer de la producción y distribución de las drogas, una actividad económica legal que genere recursos al Estado para que, ojalá, sean invertidos de la mejor forma.

Pues bien, teniendo claro que la guerra contra los carteles está perdida y lo que significa la existencia de un mercado ilícito, es necesario que iniciemos un debate serio, informado, libre de prejuicios y dogmatismos sobre el consumo de drogas. Para esto, es necesario ahondar en la investigación y el análisis de los casos en donde el consumo de drogas tiene un abordaje distinto al nuestro.

Despenalización: el caso de Portugal.

Portugal fue el primer país del mundo en despenalizar el uso de todas las drogas. En 2001 se aprobó eliminar la penalización de la tenencia de drogas, en su lugar, la tenencia se trata como una infracción administrativa. La persona que es interceptada con cantidades bajas de droga para el autoconsumo, debe acudir a una comisión conformada por un funcionario del área legal y dos profesionales de la salud, quienes determinan si se es dependiente o no. En caso de considerarse dependiente, la comisión puede otorgarle una multa, una sanción administrativa o solicitar su ingreso a programas de tratamiento voluntario.

En resumen, los resultados de este tipo de legislación son positivos. Menos personas encarceladas y muchas más recibiendo rehabilitación. Disminuyen los costos sociales de atención de problemáticas relacionadas al consumo, así como las muertes relacionadas a las drogas. También, un efecto positivo es sobre la incidencia de nuevos casos de VIH/SIDA en consumidores, según indica la Drug Policy Alliance:

“Entre el año 2000 y el 2013, el número de nuevos casos de VIH entre la gente que usa drogas decayó de 1575 a 78, y el número de nuevos casos de SIDA decayó de 626 a 74”

Además, según dicho informe, si bien es cierto han aumentado ligeramente las personas que dicen haber probado algunas drogas al menos una vez en la vida, las tasas de consumo de último mes y año disminuyen desde 2013. Esto es importante porque uno de los temores de hablar sobre flexibilizar el uso de drogas es que aumenten el consumo. Sin embargo, en el caso de Portugal, los números son positivos y no se registran grandes aumentos.

Uso de droga en Portugal (Edades 15–24 y 15–64)

Tomado de: Drug Policy Alliance, 2015.

Aunque la experiencia en Portugal es positiva respecto a la no criminalización de las drogas, esta forma de gestionar la problemática solo alivia una parte del problema, puesto que sigue alentando el consumo en el mercado ilícito y exponiendo a las personas al riesgo que estos conllevan. Sin embargo, refleja que el abordaje humanista del problema es la vía a seguir y pone una serie de elementos a discusión para un debate sobre legalización de todas las drogas.

Uruguay: legalización y regulación estatal.

Un rompimiento en la conducta latinoamericana de políticas sobre drogas lo dio Uruguay al legalizar el uso recreativo de la marihuana. En el caso uruguayo, el Estado provee licencias de cultivos y regula la venta y distribución de marihuana con una fuerte y restrictiva legislación, que establece un registro de centros de venta, proveedores y consumidores de la droga.

El modelo uruguayo contempla licencias para dos empresas productoras de cannabis, quienes lo cultivan para el Instituto para la Regulación y el Control del Cannabis, institución que regula el mercado de la marihuana. La venta está a cargo de farmacias registradas ante dicha institución, al 2018 había 14 farmacias registradas en el sistema. La ley uruguaya también permite el cultivo para el autoconsumo y la formación de “Clubes de cultivo”, en los cuales se permite cultivar hasta 480 gramos por persona. Eso sí, este producto no puede ser vendido.

Uruguay se enfrenta a los problemas que suponen la intervención estatal en la oferta de un bien o servicio: la oferta no satisface la demanda y no todos los oferentes en calidad de dar el servicio vender el producto pueden entrar en el negocio. Hasta mayo de 2018 había 24.324 consumidores registrados y solo 14 farmacias autorizadas para vender el producto. La mayoría de los puntos de venta están en Montevideo. Los registros de nuevos puntos de ventas son lentos y muy restringidos, por lo que entrar en el negocio es muy difícil. En este punto es necesario recordar que esto no es más que el Estado escogiendo quienes pueden o no beneficiarse de una actividad económica. Y que esas prácticas en muchos otros casos, conlleva una serie de problemas a futuro.

Además de los problemas del modelo estatal de regulación, venta y distribución de cannabis, la violencia entre narcotraficantes parece haber aumentado. La cantidad de asesinatos pasó de 268 en 2016 a 283 en 2017, según datos oficiales. Se estima que el 45% de los asesinatos están relacionados a peleas entre grupos criminales por el control de territorios.

Esto está directamente relacionado con la incapacidad del Estado de satisfacer la demanda, ya que el mercado de la marihuana se estima en 40 millones de dólares, mientras que sólo 10 millones han pasado a la economía formal. Además de la prohibición en otras drogas y la prohibición a extranjeros no residentes. Lo que reduce el mercado a las mafias, pero las mantiene vivas y recrudece la violencia, que, una vez más, se da en las zonas periféricas de la capital uruguaya.

Canadá: atención humanitaria para la dependencia.

Canadá se convirtió en el segundo país del mundo en legalizar el consumo de marihuana para fines recreativos y en el primero del G20 en hacerlo. La experiencia canadiense sigue siendo muy reciente para evaluar sus resultados, sin embargo, se estima que los beneficios económicos por la venta de la droga pueden llegar hasta los 1000 millones de dólares. Canadá tiene un modelo diferente al uruguayo, ya que son las provincias y territorios los que determinan las reglas para la venta.

Esta conducta tolerante con el consumo de drogas se refleja en la atención que brindan algunas ciudades canadienses a los dependientes. Ya que se trata la adicción como un problema de salud pública y se implementan políticas de atención que buscan evitar los ambientes inseguros a personas adictas que generalmente recurren al mercado ilícito para satisfacer su adicción. De esta forma reduce algunos índices de criminalidad y le devuelve la dignidad a las personas, lo que las motiva a asumir su dependencia e involucrarse en programas de tratamiento.

En Vancouver, las personas adictas a la heroína pueden acudir a centros de inyección supervisada donde les suministran instrumentos esterilizados y dosis gratuitas de la droga, recetadas por un médico. Esto en instalaciones muy distintas a los puntos de venta y consumo callejeros en los que estas personas suelen consumir la droga. Esta iniciativa, que empezó como un acto ilegal, es una respuesta a la crisis de opioides que padece Canadá. Y que, en la década de los 90, el uso compartido de las jeringas desencadenó una epidemia de casos de VIH de grandes proporciones.

Esta iniciativa canadiense refleja no solo el lado humano y desgarrador del consumo de drogas. También prueba que las condiciones que propicia la prohibición tienen un impacto inmediato en la sociedad, al crearse un mercado ilícito y clandestino, alejado de la regulación estatal y los estándares de sanidad y calidad que requiere cualquier consumo de sustancias de este tipo. Pese a que la iniciativa es muy noble, el consumo, venta y distribución de heroína en Canadá está prohibido. Y eso se refleja en los aumentos de las muertes por sobredosis.

Las drogas y el sistema bancario

La legalización de las drogas enfrenta muchos obstáculos que no necesariamente tienen que ver con el modelo de gestión del mercado legal. En el caso de Colorado y Uruguay, comparten la problemática de gestionar el dinero recaudado por la venta de cannabis. Esto debido a que los bancos con sede en Estados Unidos tienen fuertes restricciones con el dinero producto de la actividad de producción, venta y distribución de drogas. Misma política es aplicada por otros bancos de la región.

La situación pareciera irse corrigiendo de a pocos, pero sin duda el hecho de que la ley federal estadounidense aún no legaliza el consumo ni la actividad de venta de cannabis, la industria en los Estados Unidos, así como en Uruguay, se maneja principalmente en efectivo. Sin embargo, la negativa estadounidense de avanzar en la legalización de la marihuana resta oportunidades de negocio y de generación de recursos, tanto a los estadounidenses como a los países que optan por esta vía, como es el caso de Uruguay y como podría ser el caso de Costa Rica, si es que alguna vez nos decidimos dar el paso.

La vía alterna: legalización.

Queda evidenciado que los avances en políticas alternativas sobre drogas reflejan resultados positivos al ser comparados con la política prohibicionista tradicional. Sin embargo, estas experiencias han dejado algunas lecciones que vale la pena considerar.

  • La despenalización es un paso en la dirección adecuada. Despenalizar el consumo y la tenencia de drogas cambia el paradigma en el que se aborda el consumo y la dependencia, lo que promueve mayor facilidad para fomentar políticas integrales de asistencia a los consumidores dependientes.
  • La legalización de las drogas ataca el verdadero problema del consumo: las condiciones en que se da y las situaciones de inseguridad e insalubridad que esto genera. Al trasladar la actividad a la legalidad: el mercado ilícito se ve desfavorecido ante la preferencia de los consumidores de adquirir el producto en condiciones seguras y bajo la legalidad.
  • Si las formas en que se gestiona la oferta no son las adecuadas, no se solucionará el problema de forma contundente. Esto se logra mediante la creación de un marco legal que establezca los parámetros que aseguren: calidad del producto; seguridad jurídica para vendedores, productores e industrias relacionadas como la financiera; libertad de asociación tanto para grandes productores y vendedores como para el autocultivo; así como la promoción de la competencia.
  • Los programas de atención para las personas en condición de dependencia pueden ser una política pública complementaria a la legalización. Esta es una forma de devolverle la dignidad al consumidor dependiente. Sin embargo, por sí sola no representa más que una alternativa para lidiar con los problemas que genera la marginalidad que supone una actividad ilegal.

La legalización de las drogas es necesaria, tanto en nuestro país como en aquellos con fuertes problemas de consumo. Las justificaciones para esta afirmación las dan una guerra sin sentido contra carteles muchísimo más poderosos y dinámicos que cualquier cuerpo armado, cientos de miles de vidas perdidas, la decadencia social en la que viven los pueblos y ciudades secuestrados por el conflicto y las violaciones a las libertades individuales que se han perpetrado en nombre de dicha guerra.

Además, convencido de que, si se quiere lidiar con los problemas que suponen la falta de responsabilidad al momento de consumir drogas, la legalización y la generación de recursos producto de gravar esta actividad es una forma mucho más deseable que el despilfarro de dinero que hemos hecho en una política sin sentido contra un enemigo al que podríamos disminuir dejando de lado prejuicios morales, visiones obsoletas e incorporando evidencia y criterios técnicos y científicos.

 


Walter Gutiérrez es Bachiller en Administración Aduanera y Comercio Exterior y estudiante de Ciencias Políticas de la UCR. Liberal progresista.

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