Willem H. Buiter: Cuando «todo lo necesario» no alcanza

The US Federal Reserve's surprise weekend announcement of a large interest-rate cut, renewed quantitative easing, and other expansionary measures is a welcome response to the COVID-19 pandemic. But as markets were quick to note, monetary policy cannot save us from this crisis.

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by Willem H. Buiter

NUEVA YORK – Al interpretar las medidas que anunció la Reserva Federal de EE. UU. este fin de semana para mitigar las secuelas de la pandemia de la COVID-19, no hay que confundir movimiento con acción.
Posiblemente, esta última jugada de la Fed para flexibilizar la política monetaria no tenga precedentes, especialmente porque fue anunciada un domingo por la tarde. La Fed recortó la tasa de fondos federales 100 puntos básicos (para llevarla al rango del 0 al 0,25 %), lo que probablemente se traducirá en una reducción significativa del costo marginal del endeudamiento bancario para las empresas y los hogares. La Fed también está reactivando la flexibilización cuantitativa (FC). En los próximos meses, aumentará sus tenencias de títulos del Tesoro al menos en 500 000 millones de USD y sus tenencias de títulos con respaldo hipotecario emitidos por una de tres agencias cuasigubernamentales (conocidas como Ginnie Mae, Fannie Mae y Freddie Mac) al menos en 200 000 millones de USD. Y reinvertirá todos los pagos de capital exigible de esas tenencias en títulos con respaldo hipotecario emitidos por agencias.
Además de esa medida, la Fed amplió recientemente sus operaciones de acuerdos de recompra (repo) a un día y anunció que relajará los requisitos de capital y liquidez para los bancos. Pero la parte más importante del anuncio del 15 de marzo fue la promesa de promover «acciones coordinadas de los bancos centrales para ampliar la liquidez del dólar estadounidense» conjuntamente con el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo y el Banco Nacional Suizo. A tal efecto, se redujo el precio de las líneas de intercambio (swaps) de dólares existentes fue reducido en 25 puntos básicos; y, lo que resulta más significativo, los bancos centrales «comenzarán a ofrecer dólares estadounidenses semanalmente en cada jurisdicción con vencimiento a 84 días, además de las operaciones con vencimiento a una semana que se ofrecen actualmente».
Con este compromiso, la Fed parece finalmente estar reconociendo que el mundo no termina en el extremo oriental de Long Island. Pero, por supuesto, la Fed podría haber hecho aún más en respuesta a la crisis de la COVID-19. Por ejemplo, podría haber anunciado metas más ambiciosas para sus operaciones de FC. Y podría dar empujado la tasa de fondos federales hacia el territorio negativo, dado que el límite inferior efectivo está en algún punto en el rango del -0,5 al 0,75 % (podría ser mucho menor de no ser por el lamentable papel que desempeñó la moneda). Es cierto, algunos académicos sostienen que existe un umbral (o «tasa de reversión») por debajo de la cual los recortes mayores reducirían los créditos bancarios en vez de impulsarlos, pero no hay evidencia convincente que justifique esos temores con las tasas actuales.
En todo caso, incluso si la Fed hubiera implementado esos pasos adicionales, seguiría siendo un participante de poca monta en este gran drama. El papel principal debe quedar en manos de los responsables de las políticas fiscales, que hasta el momento han estado ausentes. A diferencia del derrumbe de 2008, la pandemia de la COVID-19 no es una crisis financiera que amenaza con derramarse hacia la economía real. Es una crisis que comenzó en la economía real —donde produjo choques tanto de oferta como de demanda— con implicaciones profundas para el sistema financiero.
Ignorar las secuelas financieras de la pandemia causaría más daños a la economía real. Es entonces fundamental que haya fondos disponibles para las empresas y los hogares cuyas fuentes de ingresos se vieron interrumpidas o eliminadas completamente. Si estos fondos se proporcionan con una tasa de interés del 1 al 1,25 % o del 0 al 0,25 % es una cuestión secundaria. La preocupación principal es que, según los criterios «normales» para los préstamos, la solvencia de muchos prestatarios existentes se considerará como significativamente perjudicada. Para evitar incumplimientos e insolvencia generalizados necesitamos medidas fiscales como garantías crediticias, o intervenciones cuasifiscales como el crédito provisto por el banco de desarrollo estatal alemán a las empresas que no logran cumplir los criterios convencionales de solvencia.
Hay también buenas razones a favor de los estímulos fiscales específicos. Claramente, los gastos para la atención sanitaria (las pruebas y el tratamiento de la COVID-19) deben ser cubierto por el Estado, al igual que la licencia por enfermedad de los trabajadores que no pudieron ganar su sustento como resultado de la pandemia. Y se debe otorgar una compensación similar a los padres que no pueden trabajar porque los cierres de las escuelas los obligaron a quedarse en casa con sus niños y a todos quienes perdieron ingresos debido a la cuarentena o el aislamiento por decisión propia. Finalmente, los recortes fiscales específicos y el aumento del gasto público son formas obvias de contrarrestar los costos resultantes de los trastornos en las cadenas de aprovisionamientos y los patrones de demanda establecidos.
La incertidumbre generalizada que produce la pandemia afectará el consumo de los hogares (por un aumento del ahorro precautorio) y la inversión corporativa (por el aumento del valor de opción de esperar). Las políticas monetarias expansivas convencionales pueden ser de cierta ayuda para lidiar con estas consecuencias keynesianas tradicionales de la crisis. Pero, bajo las condiciones actuales, el aumento de la demanda agregada por los recortes de la tasa de interés y la FC probablemente resulte modesto. Las condiciones financieras pueden flexibilizarse un poco (en la medida en que esto ocurra a través del debilitamiento del dólar estadounidense, será un efecto de empobrecer al vecino), pero el impulso a la demanda efectiva será mínimo en nuestras endeudadas economías.
Por lo tanto, a menos que tengamos una respuesta fiscal significativa a la crisis del coronavirus, debemos estar preparados para deslizarnos continuamente hacia una recesión, o algo peor. Bajo las circunstancias actuales, la política monetaria sencillamente no es capaz de afectar de manera significativa el desempeño de la economía.

Traducción al español por www.Ant-Translation.com


Willem H. Buiter

Willem H. Buiter

Willem H. Buiter, a former chief economist at Citigroup, is a visiting professor at Columbia University.

 

 

Copyright: Project Syndicate, 2019.
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