La seriedad de la política en broma y con fisga. AÑO X (445-38)

William Hayden Quintero, Economista.

Como la lengua no tiene hueso, algunos la utilizan como un instrumento de intimidación, difamación y aniquilación, como si fuera una pistola que, en vez de balas, descarga ofensas. La mueven a su antojo y sin el menor sonrojo, paseándose sobre la honra ajena sin el menor remordimiento. Lengualargas se les dice a estas personas. También, en nuestra rica lengua española, se les llama jetones, porque tienen el hocico como el de un cerdo: personas abusonas y atrevidas que inventan falacias. «Al que le cae el guante, que se lo plante». El máximo exponente de estos lengualargas y jetones es el superministro Chaves y Laura Fernández, su heredera, quien hasta en esto lo está imitando.

Esta semana ella difamó al Poder Judicial al afirmar que «está hasta los tuétanos invadido por el narcotráfico». Los ticos básicos chavistas, que aún los siguen y todo se lo creen, ahora andan diciendo que la Corte es la guarida de Pecho de Rata y que lo fue de Celso Gamboa.

Cierto es que Celso Gamboa, un caso aislado, es un capo del narcotráfico. Escaló hasta las posiciones más altas del Poder Judicial, utilizó esa plataforma, gozó de gran credibilidad y fue un visitante VIP e incluso consejero del expresidente en Monterán, según se desprende de su expediente. Lástima que no haya cantado. Hoy está extraditado a los Estados Unidos junto con Pecho de Rata, mientras aquí sus negocios e influencias continúan viento en popa.

De esa penosa situación inferir que todos los magistrados, funcionarios y empleados del Poder Judicial son narcotraficantes constituye, simple y llanamente, una jetonada.

No debemos pecar de ingenuos ni seguir chupándonos los dedos. Costa Rica está peligrosamente cerca de convertirse en un narcoestado. El narcotráfico se ha infiltrado en numerosas esferas institucionales del país.

El Banco Central, por ejemplo, mantiene reservas monetarias internacionales cercanas a los 20.000 millones de dólares. Según un reciente estudio de la SUGEF, una parte importante de esos recursos proviene del lavado de dinero, circunstancia que, según el autor, permite mantener artificialmente bajo el tipo de cambio.

Por cierto, en lugar de mantener la mayor parte de esas reservas invertidas en títulos del exterior con bajos rendimientos, se me ocurre que, conservando un colchón equivalente a seis meses de importaciones, el resto podría destinarse a adquirir bonos de deuda externa costarricense para cancelar obligaciones viejas o evitar nuevas emisiones de eurobonos, contribuyendo así al alivio fiscal.

El sistema financiero nacional también se encuentra bien aceitado con esos recursos. Recibe dólares, los convierte en colones, los presta y obtiene cuantiosas ganancias.

Costa Rica parece convertirse en otra Manhattan. Surgen torres de condominios hasta en los pueblos más pequeños, muchas de ellas desocupadas. El negocio inmobiliario vive un auge extraordinario y el sector construcción está de plácemes.

Los centros comerciales exhiben tiendas de lujo con moda parisina e italiana, muchas veces sin clientes y llenas únicamente del aire que producen los bostezos de sus empleados. Mientras tanto, circulan automóviles de altísima gama, desde Ferrari en adelante, y las agencias que los comercializan viven momentos de prosperidad.

Algunos alcaldes de zonas costeras, afirma el autor, han sido comprados por el narcotráfico. Ese dinero también habría financiado a algunos partidos políticos durante las pasadas elecciones mediante la compra de bonos de la deuda política, pagados en dólares y recuperados posteriormente en colones.

El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) revisa actualmente los aportes realizados a catorce partidos políticos durante la campaña electoral. Existen 126 financistas bajo investigación para determinar el origen y la trazabilidad de esos recursos. El monto analizado ronda los 3.000 millones de colones y, según publicó La Extra el martes 7 de julio, página 4, el 72% corresponde al Partido Pueblo Soberano, identificado por el autor como el partido del binomio presidencial Chaves-Fernández.

Pero el narcotráfico no solo compra bonos. También reparte dinero en efectivo, en bolsas tipo canguro o sobres de manila, a candidatos —no a todos, por supuesto— para comprar conciencias y posteriormente cobrar esos favores, porque en esos niveles no existen almuerzos gratis.

En muchas regiones del país proliferan barberías, salones de belleza, lavacar, bares y restaurantes cuyos propietarios tienen acento colombiano. También participan en subastas ganaderas, financian la compra de ganado y, en numerosas zonas rurales, sustituyen a la banca de desarrollo mediante los conocidos préstamos «gota a gota», dirigidos a pequeños emprendedores.

Estos son apenas algunos ejemplos visibles de las características propias de un narcoestado. ¿Qué estará ocurriendo, entonces, en las altas esferas del poder, donde la información permanece oculta y donde la traición suele pagarse con la muerte?

El 17 de marzo, cuando doña Laura recibió del Tribunal Supremo de Elecciones sus credenciales como presidenta electa, afirmó:

«Hoy que tomo las credenciales como presidenta electa, quiero dar un mensaje que quede claro, directo y frontal al crimen organizado y al narcotráfico: voy por ustedes. No los queremos en Costa Rica. No vamos a permitir que sigan causando dolor a nuestra gente ni voy a consentir que perdamos la paz en los hogares.»

La pregunta es inevitable: ¿qué ha hecho al respecto durante estos dos meses, aparte de difamar al Poder Judicial, institución que el autor considera indispensable para impedir que el narcotráfico continúe consolidándose en el país?

Por favor, Chaves y Laura: ya es hora de dejar atrás los insultos. La campaña terminó y ya obtuvieron lo que buscaban. Ahora les corresponde gobernar. Es tiempo de sanar las heridas, recuperar la economía que recibieron —o que, según el autor, hoy permanece en estado de coma— y devolverle al país la serenidad institucional que tanto necesita. Costa Rica merece un gobierno que construya puentes y fortalezca sus instituciones, no uno que profundice la confrontación permanente.

William Hayden

Por William Hayden

El autor es profesional independiente en el sector Banca de inversiones. Hayden & Asociados. Ex Gerente General del Banco Nacional de Costa Rica. Articulista en medios de comunicación.