William Hayden Quintero, Economista.

Augurium (augurio). Comienzan a sonar mejor las maracas en el Partido Liberación Nacional (PLN). Los frescos aires de renovación se están filtrando por las añejas hendijas de las ventanas del conservadurismo y del favoritismo. Todo ha comenzado con el nuevo secretario del partido, Miguel Guillen, quien se dice fue ficha de Oscar Arias, pero quien está dando muestras de independencia y de serias iniciativas.

En marzo de este año le pidió a la Asamblea Nacional tomar acciones para que los excandidatos presidenciales depusieran sus aspiraciones. “No puede haber renovación si no hay un cambio real de caras en el liderazgo”. Les pidió “que no participen más, que ya tuvieron su oportunidad, que la sociedad costarricense no los favoreció con su voto y que el PLN en su esfuerzo de renovación debe plantearse el reto de tener nuevas figuras al frente, de gente que vea hacia el siglo XXI, con una visión renovada y moderna” (La Nación 12 de marzo/23). De momento no han dicho nada los excandidatos de pasadas elecciones: Johnny Araya (2014), José Antonio Álvarez (2018) y José María Figueres (2022), están calladitos desojando margaritas: “Voy o no voy” he aquí su dilema, pero con cualquiera de ellos, sin ser pitonisa del Oráculo de Delfos, el PLN vuelve a perder las elecciones presidenciales del 2026. De momento no hay otras caras visibles y con potencial, quizás algunas de las figuras que participaron en la última convención interna y que aún quedan (Thompson y Benavidez), o los viejos aprovechados de siempre, pero son igual de añejos, estancados en el liberacionismo de 1951 y su desgastada ideología social demócrata que ya no convence a nadie.

Frente a esta dura realidad: “Que no hay caras nuevas, ni hay ideología”, el secretario del PLN dio un paso osado, proponer a la Asamblea celebrada el pasado 13 de mayo eliminar el requisito de dos años de militancia para aspirar a cargos de elección popular contenido en el artículo 14 de sus Estatutos. Lo logró, la asamblea dio ese paso trascendental y de esta forma permitir de ahora en adelante que cualquier persona honorable con deseos de representar al partido pueda postularse con solo ofrecer su adhesión, con esta reforma se pretende abrir a la agrupación y ampliar sus bases y poder de convocatoria en las próximas elecciones, que ha venido disminuyendo drásticamente desde el 2010. Otra propuesta aprobada para las elecciones municipales del 2024 consiste en el PLN haga alianzas con partidos cantonales, sus dirigentes y candidatos municipales para que se incorporen y participen bajo su bandera. Es posible que esta novedad se repita en las elecciones presidenciales y de diputados del 2026 y que muchos partidos que participan con bandera propia se incorporen al PLN uniendo sus fuerzas, lo cual sería interesante para eliminar el multipartidismo que está asfixiando y haciendo ingobernable a nuestra democracia.

Pero, además, en su afán de renovar al partido y eliminar sus viejas mañas del machismo se aprobó la paridad horizontal de género en los cargos de elección y que el 20% de los puestos en las papeletas correspondan a la juventud. También se aprobó erradicar el nepotismo para las próximas elecciones municipales en el sentido de evitar que familiares de las actuales autoridades municipales participen como herederos en los cargos de elección. Esto del nepotismo de los cargos públicos y el hereditario, si el PLN busca una verdadera renovación, debe llevarse a su máxima expresión, para evitar que conyugues, hijos, tíos, sobrinos, se hereden las curules del Congreso y otros puestos, como pasa actualmente con algunas familias liberacionistas, que viven de la política colocando a sus miembros una y otra vez en esos puestos. Todos estos cambios son importantes y urgen porque el PLN desde el 2010 no gana una elección y otra perdida en el 2026 podría ser su entierro definitivo.

El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) también se encamina a un proceso de renovación. En agosto del 2022 eligieron a Juan Carlos Hidalgo como el nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional para el periodo 2022-2026, con la esperanza de guiar a la agrupación a cambios importantes; entre ellos, se anticiparon al PLN en eliminar la obligatoriedad de la militancia de dos años para aspirar a cargos públicos y ahora cualquier hijo de vecino puede participar con solo darle la adhesión. Igualmente están considerando la forma de elegir a los candidatos a diputados para que no sean las Asambleas Provinciales quienes los elijan sino la Asamblea Nacional para cohesionar la configuración del Congreso en torno a la figura del partido que gane la presidencia de la República. Asimismo, pretenden cambiar el nombre del partido, posiblemente poque las siglas del PUSC se parecen fonéticamente al pus de las infecciones y huele feo. Se estudia que el nuevo nombre sea simplemente Unidad y quizás pretendan, dentro de este espíritu, llamar a Junior Calderón para que se incorpore, olvide las viejas rencillas, pero siempre y cuando deje el camote de que el Dr. Rodolfo Hernández sea su eterno candidato a presidente de la República. El PUSC al igual que PLN casi que está en vía de extinción, desde las elecciones del 2002 que las ganó con Abel Pacheco no ve una, y con otra pérdida en el 2026 cantará viajera.

Podría ser interesante que estos partidos (PLN y PUSC) que a partir del año 1982 se alternaron en el poder durante 32 años hasta el año 2014 en que murió el bipartidismo con el gane del Partido Acción Ciudadana (PAC), se fortalezcan nuevamente y evitar la fragmentación (multipartidismo) de tantos partidos oportunistas, taxis, y vientres de alquiler en procura de la deuda política que están pululando en las últimas elecciones y que hace ingobernable al Poder Ejecutivo y el Legislativo

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Por William Hayden

El autor es profesional independiente en el sector Banca de inversiones. Hayden & Asociados. Ex Gerente General del Banco Nacional de Costa Rica. Articulista en medios de comunicación.