William Hyden: La seriedad de la política en broma y con fisga, V-40

Urge reformar al sistema. ¿Pero quién le pondrá el cascabel al gato si los partidos con sus ratoncitos diputados son los que deben reformar parcialmente la Constitución? Respuesta: Así la situación. Nadie. Sola una Constituyente.

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William Hyden Quintero, Economista.

En nuestra centenaria democracia, como ocurre en casi todas las del planeta, los ciudadanos tienen limitados sus derechos individuales de participar en política y ser elegidos libremente como presidente, vicepresidentes de la República o diputados, sin pertenecer a ninguna agrupación política, ya que en la Constitución de 1949 en su artículo 98, los constituyentes los obligaron a agruparse en partidos políticos para intervenir en la política nacional, y son estas agrupaciones las que expresan el pluralismo político y los responsables de la formación y manifestación de la voluntad popular y los instrumentos para la participación política. Así las cosas, miles de ciudadanos no pueden presentarse ante el Pueblo en las próximas elecciones del 6 de febrero del 2022 para ser elegidos en algunos de esos cargos porque no son miembros de los 27 partidos que se inscribieron para estos comicios.
Esta es la triste realidad que lleva más de 132 años de existencia y sin visos de que pueda ser modificada, al existir el cálculo político interesado, de todos los que disfrutan de esta graciosa concesión electoral, para no convocar a una Asamblea Constituyente que reforme integralmente la Constitución incluyendo desde luego el Capítulo II relativo al tema del Sufragio. En nuestro país en su evolución de la colonia a la República democrática no existían los partidos políticos. En la Constitución de 1871 los ciudadanos para los comicios escogían a representantes que a su vez se organizaban en Juntas Populares, y estas, en Asambleas de Electores eran las que votaban por el presidente y los diputados, pero igualmente, en forma personal nadie participaba directamente, sino era por medio de estas Juntas que como hoy escogen a los suyos. El tema entonces es de vieja data, desde 1889 que surgieron los partidos.
Pero además de esta violación al derecho humano e individual a ser elegido se da un adefesio democrático que debe ser eliminado. Partiendo del supuesto que las Asambleas de los 27 partidos están integradas en promedio por cien miembros cada una, tenemos un total de 2.700 personas, que comparadas con el Padrón Electoral de 3.724.245 representan el 0.07%, que son quienes les dicen a todos los votantes por quienes deben votar de los 1.620 ciudadanos (3 para la presidencia y 57 diputados multiplicados por 27) que ellos en sus Asambleas escogieron. Solo estos 1.620 que representan el 0.04% del Padrón Electoral pueden ser elegidos. El resto, 99.6% de los electores, vamos como borregos en rebaño a votar por estas personas que nos impusieron los partidos. El derecho al berreo es no votar. Es  justo en una democracia, que sean las minorías las que le digan a las mayorías por quien votar. Definitivamente NO, de ahí la necesidad de reformar la constitución íntegramente.
Hecha la ley, hecha la trampa. Claro está que la solución, dirán algunos, es no brincar tanto y que los excluidos se metan en los partidos existentes y/o funden uno propio. Meterse a los partidos tradicionales es casi que misión imposible por la argolleta institucional. Entonces lo más fácil es crear partidos nuevos. Esto es precisamente otro de los grandes problemas de nuestro sistema electoral. Dado el creciente interés de algunos ciudadanos de participar en política y ser elegidos por el único  medio posible de estar vinculados a partidos, se ha venido generando la “epidemia infecciosa de partitis”. Cada quien funda su propio partido, junta 70 amigos y conocidos en una Asamblea para salir elegido y sus asambleístas también. Todo queda en casa. Asimismo ha contribuido a propagar esta epidemia la modificación en la Ley N° 7675 del 12 de julio de 1997 al artículo 96 numeral 2) de la Constitución que bajó del 10% al 4.0% el derecho de los partidos a recibir financiamiento estatal si obtienen al menos un 4% de los votos válidamente emitidos a escala nacional o escala provincial o eligen por lo menos a un diputado.
La creación de partidos desde esta modificación constitucional, también ha generado un negocio para muchos partidos y familias de políticos que viven de ello, ya que cada cuatro años, sí obtienen ese porcentaje de votación (4.0%) o eligen un diputado, el Estado con la Deuda Política, (en realidad nosotros los ciudadanos con los impuestos que pagamos) les financia los gastos electorales incurridos en el proceso más las necesidades de capacitación y organización política que les presenten, y como estos datos se abultan, el financiamiento estatal alcanza para para vivir bien durante 4 años a la espera de reiniciar el circulo vicioso y jugoso electoral.
¿Quiénes reformaron a su favor la Constitución para esta granjería? Pues los partidos políticos con sus diputados. Por esto para las elecciones del 2022 hay 27 agrupaciones con un menjunje de ideologías y ocurrencias, 14 más que en las elecciones del 2018, de estos hay 12 que repiten desde el 2010 y 15 son nuevos. Esta es la “epidemia de partitis” y nuestro sistema electoral permite brotes crecientes de partidos cada cuatro años, los que continúan y los que nacen (pocos mueren en el contagio electoral). Urge reformar al sistema. ¿Pero quién le pondrá el cascabel al gato si los partidos con sus ratoncitos diputados son los que deben reformar parcialmente la Constitución? Respuesta: Así la situación. Nadie. Sola una Constituyente.
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