Willy Castro Durán: ¿Cómo está profesor?

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Willy Castro Durán, Abogado.

Mes de noviembre – Mi esposa María Eugenia, profesora y contadora ya retirada. Yo, abogado y notario. Nos hemos matriculado en uno de los cursos de verano que se imparten en la Universidad de Costa Rica para las personas de la tercera edad, tal como lo hemos venido haciendo los años anteriores.

En esta oportunidad escogimos: “La literatura Mexicana en la Época de la Revolución de 1910 – Pedro Páramo, de Juan Rulfo “. Llegamos en la tarde a la Universidad, al aula correspondiente. Estaba ya abierta. No había nadie. Nos sentamos en sendos pupitres. Llevábamos nuestros portafolios. María Eugenia como siempre, bien arreglada y peinada. Yo, como de costumbre, con corbata y vestido entero.

Comenzaron a ingresar personas mayores, en su mayoría en parejas. Y, por supuesto, los saludos de rigor: “¡muy buenas tardes!“ Luego la respuesta. Y todos con sus portafolios.

De pronto ingresa al aula un hombre, digamos sesentón. Vestía unos “bluyines”, camisa deportiva y sandalias en sus pies desnudos. Un portafolio en sus manos. Luego se dirige a mí y muy atento me dice: “¡Buenas tardes! ¿Cómo está profesor?” De inmediato todos vuelven su mirada hacia mí. Iba a decirle “yo no soy el profesor, él no ha llegado aún”, pero no logro hacerlo ya que, de inmediato, prosigue “usted fue mi profesor en el Liceo de Costa Rica Nocturno, este es el último curso que imparto ya que me pensiono. ¡Qué agradable verlo después de tantos años!”

El curso resultó magnífico, enriquecedor y muy participativo. Un análisis de la obra, personajes y del contexto histórico de esa época tan interesante de México

Cómo un sueño deja de serlo.

Año 1929 – Ingreso al Kínder de la escuela Buenaventura Corrales. Allí está mi primera maestra: Carmen Lyra (María Isabel Carvajal Quesada), con su gran proyecto educativo y formativo.

1931 – Primer grado en la escuela Escuela República de Chile. Conozco y saludo a otra gran maestra: Gabriela Mistral (Lucila Godoy Alcayaga), educadora y escritora chilena, de visita en Costa Rica. Llegó a mi escuela en compañía del también escritor y profesor don Joaquín García Monge.

1937 – Ingreso al Liceo de Costa Rica (fundado cuando se cerró temporalmente la Universidad de Santo Tomás). En este liceo están los mejores profesores ya que había que conformar una óptima enseñanza media. Se da mi encuentro con profesores que influirán en gran forma en mi mente y espíritu: Lic. Alejandro Aguilar Machado, Isaac Felipe Azofeifa Bolaños, Carlos Monge Alfaro, el suizo doctor Carlos Borell, Rafael Obregón Loría, doctor Nilo Villalobos, Rafael Lucas Rodríguez Caballero, León Pacheco Solano.

Ellos y otros más me hicieron soñar y ser profesor en el futuro. Empiezo los avatares de mi vida (algo o bastante complicada), que me llevaron a otros campos del saber: al Derecho y a la Contabilidad. Luego a un bufete de abogados y asesoría de empresas.

1955 – Ya ha sido fundado el Liceo de Costa Rica Nocturno. Me ofrecen impartir las lecciones de Educación Cívica, que acepto gustoso. ¡Se ha hecho realidad mi sueño! Me mantengo en el bufete de abogados.

1981- Han pasado 26 años. Me retiro del profesorado, pero continúo en el bufete y las asesorías.

2015 – Ya tengo 91 años. Es tiempo de ir a casa a pasar mis últimos años con mi gran compañera por más de 70 años, María Eugenia Monge Otárola, filóloga, profesora, esposa, madre y maestra de hijos y nietos. Tiempo para recordar una frase inolvidable: “¿Cómo está profesor?”

2020 – A mis 96 años decido escribir este recuerdo como homenaje a mis profesores y a mi pasión.

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