¿Y por qué diantres hablar de “reactivación económica”?

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Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D).

¿A qué se refiere el concepto “reactivación económica” y por qué es importante?

En sencillo: se trata de darle impulso a la economía nacional, para que crezca a un ritmo más acelerado del que lo hace. Ello es importante en vista de su mediocre –bastante gris– desempeño, lo cual incide negativamente sobre el empleo y la precaria situación fiscal. Pero reactivar solo tiene sentido en el corto plazo, no como un proceso que se posponga en el tiempo de forma indefinida. Y ello es así, y no podría ser de ninguna otra forma, porque la muchísima gente que carece de un empleo digno, lo necesita ya mismo, y porque la acuciante situación fiscal, reclama una economía dinámica, sin lo cual salir de ese atolladero será muchísimo más difícil y costoso.

No es, en modo alguno, un problema nuevo. Desde 2009 en adelante –este año incluido– la economía costarricense crece un 30% por debajo de sus promedios históricos. O sea: un decenio completo, entrando ya al onceavo año. O sea: la anemia se nos volvió crónica. Los liderazgos políticos, así como el gremio de economistas, se han resistido pertinazmente a reconocer esta realidad. Poco a poco han debido admitirla, aunque siempre buscando atajos que les permitan eludir la discusión de fondo, la cual es sin embargo obligatoria puesto que, evidentemente, no estamos en presencia de un problemita menor y de carácter transitorio, sino de una realidad que no solo tiene múltiples e importantes consecuencias, sino que, asimismo, tiene raíces profundas, como se desprende del hecho de su tenaz persistencia a lo largo de un período tan largo.

Si durante los últimos diez años la economía en promedio crece apenas por encima del 3% al año, en el período reciente (mediados de 2018 a la fecha) tiende a caer, incluso por debajo del 2%. En rigor habría que pensar en hacerla crecer arriba del 6%  al menos por unos tres años, y lograr que, a lo largo del tiempo, sostenga un promedio de, cuanto menos, un 5%.

El crecimiento económico no basta

Hay cuestiones adicionales que demandan ser discutidas:

  • Empleo: una economía puede crecer generando en el proceso pocos empleos. Es nuestro deber garantizar que, al crecer, la economía costarricense genere muchos empleos, de buena calidad.
  • Crecimiento y naturaleza son una pareja mal avenida. El crecimiento a menudo causa daño a la naturaleza, genera gases de efecto invernadero, altera los paisajes, acumula deshechos. Es indispensable comprender que el sistema económico es parte de un sistema más amplio –el de la vida en el planeta– y que inevitablemente está sujeto a las leyes de la termodinámica, en especial el segundo principio (irreversibilidad y entropía).

En resumen: debe interesarnos una reactivación que genere muchos buenos empleos y que se oriente de forma tal que minimice sus consecuencias sobre la naturaleza y cree las bases para una mayor sostenibilidad futura (por ejemplo: a través de la modificación de la matriz energética).

La coordinadora del equipo económico

¿De qué depende que la economía se logre “reactivar”?

Primero que nada recordemos que la nuestra es, principalmente, una economía capitalista. En ese contexto, la inversión de las empresas –nueva maquinaria, plantas industriales, tractores, sistemas de cómputo, etc.– es un motor fundamental. Pero, a su vez, esa inversión depende de la rentabilidad (la del pasado inmediato y la esperada), sin la cual las empresas no querrían invertir.

En la realidad costarricense actual, diversos factores (que omito analizar aquí) afectan negativamente esa rentabilidad, y ello se visibiliza en un desempeño muy gris de la inversión empresarial durante el último decenio.

Asimismo es importantísimo el consumo de la gente, y de hecho, hasta hace algunos años, ese era el factor que más contribuía al crecimiento de la economía. Pero para que ello fuese posible, las familias y las personas han debido recurrir al endeudamiento, puesto que el poder adquisitivo real de los salarios ha estado estancado –incluso en algunos casos se ha deteriorado– a lo largo de todo ese extenso período. Pero al crecer la deuda, crecen las obligaciones correspondientes, y ello obliga a que la gente frene su consumo. Eso es justamente lo que venimos observando en los últimos dos años, en que el dinamismo del consumo se ha debilitado sensiblemente.

Finalmente están las exportaciones. En los últimos tres años han sido el rubro más dinámico, aunque es un dinamismo en declinación. Pero aquí el asunto resulta engañoso, casi una pura ficción estadística, porque ese crecimiento se genera fundamentalmente en zonas francas, cuyo aporte, en términos de generación de empleos y contribución fiscal, es sumamente reducido. Con un agravante: este año 2019 la economía mundial, y en especial Estados Unidos, muy probablemente se frenarán, lo cual lastimará adicionalmente el desempeño exportador.

Se suma a lo anterior, la hoja de ruta elegida por las élites políticas, con el gobierno de Carlos Alvarado a la cabeza. Para ilustrarlo, resulta ilustrativo remitirse a los datos sobre déficit fiscal que el Ministerio de Hacienda hizo públicos recientemente. En medio de un jubilo injustificado ante un dato de déficit fiscal equivalente al 6% del PIB (el segundo más alto registrado en los últimos 35 años), los datos publicados claramente evidencian un esfuerzo restrictivo sobre transferencias, remuneraciones y, sobre todo, y con particular violencia, inversión pública. Todo lo cual tiene inevitables efectos recesivos, o sea, un impacto negativo en el crecimiento económico.

¿Qué queda por hacer?

El panorama, en su conjunto, acumula razones suficientes para el escepticismo ¿Nos sentamos, brazos cruzados, a esperar algún milagro del cielo? En rigor, eso nos ofrecen los liderazgos políticos actuales y, en especial, la administración Alvarado. Revisar su plan de desarrollo 2019-2022 lo ratifica: sus propuestas en materia de reactivación y empleo no pasan de ser un inocente “juego de casita”. Pero no es mejor el discurso mágico con que nos quiere arrullar la ministra Aguilar de Hacienda, cuando habla de un despertar milagroso de la inversión empresarial gracias al paupérrimo plan fiscal aprobado.

Para la reactivación en el corto plazo, solo hay una herramienta económica que, razonablemente, podría ser eficaz: la inversión pública. Pero en una dimensión mucho mayor de la que tiene contemplada el gobierno actual: cuanto menos un 5 o 6% anual, como proporción del PIB. Pero hacer eso realidad requiere romper mil cuellos de botella e incontables marañas burocráticas y obstáculos. Se requeriría una firme voluntad política y todo un gran esfuerzo nacional de diálogo y concertación. Pero esto debe ser visto como una fase transicional, mientras se impulsan una serie de otros cambios y reformas, que permitan refundar la estrategia económica de Costa Rica sobre bases distintas, mucho más sólidas en lo económico, socialmente inclusivas y equitativas, responsables y respetuosas con la naturaleza.

¿Estamos en capacidad de lograrlo? Me temo que no.

Luis Paulino Vargas
El autor de formación en sociología, ciencias políticas y economía, es Director Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE-UNED) y Presidente Movimiento Diversidad Abelardo Araya. Recibió el Premio Nacional Aquileo Echevarría.

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