¿Y si  Dios no existe?… La Apuesta de Pascal.

Resumiendo todo lo anterior les dejo con una frase que me enseñó un viejo cuáquero en Monte Verde: “Vive simplemente, para que los demás simplemente puedan vivir”.

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Jorge J. Porras C.

El estudio de las ciencias, sobre todo las exactas, lleva a la humildad (parafraseo acá a Carl Sagan), efectivamente el amante de la ciencia al aumentar su conocimiento se hace a la vez consciente de su inmensa ignorancia, pues para el científico siempre serán más las preguntas que las respuestas.

Yo no soy científico, pero si amante de su estudio y una de las áreas que más ha impactado mi vida, a todo nivel, es el estudio de las probabilidades, las cuales me han enseñado que vivo en un mundo sobre el cual no puedo determinar con absoluta certeza nada, pues efectivamente, al analizar las probabilidades se descubre que en realidad no existe un 100% de probabilidades de algo o un 0% de nada, lo que implica que en este universo todo es posible y nada es imposible, piensa en la idea de un suceso, por absurdo o disparatado nunca existirá un 0 absoluto de que no vaya a suceder, o una certeza absoluta sobre ello, las respuestas mas extremas será de un 0.0000000….% o 99.999999….%.

Hace muchos años adopté por una temporada el ateísmo, creí que era lo digno de un racionalista que abraza la lógica como guía y cree unicamente en aquello que se puede demostrar científicamente, veía por tanto a los creyentes con desdén y me burlaba para mis adentros de ellos que no solo creían en ese disparate llamado: Dios, sino que además me ofendía la certeza de ellos de que tenían razón basados simplemente en la fe ciega y sentían piedad de mi por no pensar igual que ellos; más no pasó mucho tiempo antes de que notara algo y es que así como ellos obraban de esa forma desde su fe, lo hacía yo desde mi ciencia, pues efectivamente yo negaba con absoluta certeza la existencia de Dios y les tachaba de ignorantes al no aceptar esa realidad que la ciencia supuestamente me mostraba; lo que no esperaba era que la propia ciencia se volvería contra mi argumento.

Un día en la playa meditaba sobre este tema y el recordar la Teoría de probabilidades recordé la máxima que señalé arriba: “Nunca existe matemáticamente un 100% de probabilidades de algo, ni un 0% sobre nada”, lo que implicaba que no podía negar rotundamente la existencia de Dios, de la misma forma en que los creyentes no podían asegurar lo contrario, por unos segundo reí al pensar que esos ignorantes nunca admitirían que existía una probabilidad por ínfima que fuera de que ellos se equivocaran, pero mi risa se apagó de inmediato cuando apliqué la misma linea lógica sobre mi y cayó sobre mi un balde de agua fría cuando en un arrebato de humildad, que para mi rayó en la epifanía, me pregunté: “¿Y qué pasa si el que está equivocado soy yo?”.

Fue tiempo después que descubrí que ya hacía varios siglos el famoso filosofo y científico Blaise Pascal había llegado a una conclusión similar, plasmada en lo que se conoce como: “La Apuesta de Pascal”, que toma la duda antes explicada y plantea el ser o no creyente como un tema de azar y analiza las implicaciones de una y otra de la siguiente forma:

  1. Creo en Dios y Dios existe = Voy al cielo (punto para los creyentes).
  2. No creo Dios y Dios no existe = No pasá nada (no hay punto para ninguno).
  3. Creo en Dios y Dios no existe = No pasa nada (no hay punto para ninguno).
  4. No creo en Dios y Dios si existe = Voy al infierno (punto para los creyentes).

Llega así Pascal a la conclusión de que simplemente creer ofrece más beneficios que ser ateo, recuerdo acá a Facundo Cabral cuando decía: “Si los malvados supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos aunque fuera por negocio” y el evidente conflicto ético creado por el ser creyente simplemente en espera de un beneficio futuro, lo cual dejaré para otro artículo futuro.

Obviamente Pascal, al igual que la gran mayoría de los habitantes de occidente, conceptualizamos a Dios desde una óptica cristiana, sin embargo y sin mayor problema podemos aplicar esa misma linea lógica a cualquier latitud y creencia, incluso si eliminamos de ella el factor del cielo o infierno, pues aún sin pensar en un “beneficio futuro”… ¿Qué me pide la vida de creyente? Llevar una vida sin vicios, amar a mis semejantes, ayudar a quienes están en desgracia, etc, básicamente: Llevar una vida sana y honesta … ¿Tiene eso algo de malo? Seamos realistas: si todos le hicieran caso a los 10 mandamientos esta tierra sería un paraíso.

Ahora: ¿Qué pasa si la religión está en contra posición a mi realidad?, el ejemplo en boga actualmente: ¿Dónde queda la vida de un homosexual de querer vivir en apego a una fe como la cristiana? Situación muy compleja sin duda, que se solucionaría de una forma muy sencilla si aplicamos la norma de: “Amad a tu prójimo como a ti mismo”, pues bien decía el Papa Francisco: Si un gay “acepta al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. Efectivamente los problemas surgen cuando los hombres asumimos el papel de dioses y tomamos para nosotros el derecho de juzgar a los demás, cuando es bien sabido por todos: “Sólo Dios conoce lo que hay el corazón de las personas”.

Por último: ¿Qué pasa si la religión está en contraposición a mis intereses? Mi respuesta personal a eso es otra pregunta: ¿Esos intereses son de beneficio para ti y la hermandad a la que llamamos “humanidad”?, si la respuesta es afirmativa, adelante; si la respuesta es negativa: Por favor detente, pues si sigues adelante no sólo te dañarás a ti mismo, sino también a la sociedad; pues tu libertad termina, donde empieza la de los demás.

Resumiendo todo lo anterior les dejo con una frase que me enseñó un viejo cuáquero en Monte Verde: “Vive simplemente, para que los demás simplemente puedan vivir”.

Saludos y bendiciones.
Jorge J. Porras C.

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