Yariela Webb: El Gran Riesgo del Gas LP en Costa Rica

En resumen, la falta de estrategia al concentrar el 100% del inventario lejos de donde realmente se consume, la vulnerabilidad de una cadena de suministro que debe elaborar una logística compleja para llevar el producto a los consumidores y todos aquellos factores externos que impactan el suministro del gas hacen que Costa Rica experimente constantemente situaciones que atentan contra todos aquellos que dependen de esta energía para su diario vivir.

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Yariela Webb, Ingeniera química

A la familia que lo usa para cocinar, a la madre que mantiene a sus hijos con una soda, a los hoteles que colocan el nombre de Costa Rica en alto ante turistas de todo el mundo, a la pequeña y mediana industria que lucha por producir bienestar económico…

Todos ellos y otros que utilizan el Gas LP en su diario vivir experimentan actualmente una situación que torna vulnerable la cadena de suministro, desde tres puntos de vista:

  • El estado actual de la infraestructura de importación y distribución a granel
  • El tipo de cadena de suministro y distribución final
  • Los factores del entorno que se encuentran fuera de nuestro control

En el caso del estado actual de la infraestructura de importación y distribución a granel, RECOPE, el único importador, mantiene una concentración de los inventarios en el litoral Caribe. Es en su Terminal de Moín donde el país recibe, almacena y vende el 100% del gas que consume el país.

El producto llega al Valle Central en camiones cisterna articulados que deben atravesar la Ruta 32 para abastecer cerca del 90% de los consumidores, ubicados principalmente en las provincias de San José, Alajuela, Heredia, Guanacaste y Puntarenas. Es decir, que el almacenamiento de gas es lejano a la mayoría de los clientes, por lo que las logísticas de distribución se vuelven complicadas.

Esto nos hace caer en el segundo punto, la cadena de suministro y distribución final, una responsabilidad que recae principalmente en las cuatro empresas gaseras encargadas de la distribución al mayoreo y de cilindros. Ellas son las que deben atravesar, varias veces al día, cientos de kilómetros con sus camiones, para llevar esta energía a todo aquel que dependa de ella para su diario vivir o hacer.

Sin embargo, su gran esfuerzo tiene límites. Al cabo de 2 o 3 días pueden llegar a agotar sus inventarios si algo les impide recargar este importante producto, lo que conlleva un riesgo latente para más del 90% de los consumidores de gas que dependen de estas empresas para abastecer sus tanques estacionarios de autoconsumo o sus cilindros de cocina.

Es aquí donde el tercer punto se vuelve altamente peligroso para todos estos ciudadanos. Dado que el proceso completo es tan vulnerable, los factores del entorno que se encuentran fuera de nuestro control, siempre están al acecho. Lo vimos con la última tormenta tropical, que dejó incomunicado al Valle Central de Limón y puso en vilo a muchos costarricenses ante un inminente desabastecimiento de gas, que estuvo a horas de materializarse.

No es la primera vez que algo así ocurre. Lo mismo pasó durante los bloqueos y manifestaciones que se llevaron a cabo en el 2020 y la huelga del 2018. En este último caso, se debió priorizar las ventas de gas para aquellas actividades consideradas esenciales como los hospitales, los centros de cuido de adultos mayores, los centros penitenciarios, entre otros.

En resumen, la falta de estrategia al concentrar el 100% del inventario lejos de donde realmente se consume, la vulnerabilidad de una cadena de suministro que debe elaborar una logística compleja para llevar el producto a los consumidores y todos aquellos factores externos que impactan el suministro del gas hacen que Costa Rica experimente constantemente situaciones que atentan contra todos aquellos que dependen de esta energía para su diario vivir.

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