Yuliana Vega Quesada: La Familia – Pilar para edificar una sociedad sana y su impacto en la educación costarricense

Si cada uno, asume su rol, hoy por hoy tendríamos una Costa Rica más sana donde la cultura del individualismo no imperaría.

Artículo: Yuliana Vega Quesada, Educadora (Msc).

Es enriquecedor escuchar los relatos de nuestros ancestros recordando con anhelo la Costa Rica del pasado. Una Costa Rica en la que la familia era considerada el pilar fundamental que nutría la sociedad. Una sociedad justa, en la que no imperaba la cultura del individualismo, impregnada actualmente en la cotidianidad. Este narcisismo está desvirtuando los vínculos familiares que acaban por considerar a cada miembro de la familia como una isla, haciendo que prevalezca la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos asumidos con carácter absoluto. La rigidez provocada por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute inmediato, genera dentro de la familia dinámicas de intolerancia, agresividad y arrogancia, hechos que pueden conducir a percibir la familia como un lugar de paso al que se acude cuando le parece conveniente para sí mismo, o donde se reclaman derechos, mientras lo verdaderamente importante se deja de lado. Los vínculos, quedan en el abandono y la precariedad, voluble a los deseos y las circunstancias de cada uno, quien tira, rompe, gasta, aprovecha, explota y estruja mientras sea útil. El narcisismo presente en el ambiente familiar lamentablemente vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus necesidades y deseos. Sin embargo, quien utiliza a los demás tarde o temprano terminará siendo utilizado, manipulado y abandonado por alguien más.

Bajo esta coyuntura, enfatizo la labor de ciertos diputados quienes el pasado jueves 9 de noviembre firmaron en la Asamblea Legislativa la Declaración de San José a favor de la familia, solicitando fortalecer las políticas públicas en pro del núcleo de la sociedad: la familia. Hago propias las palabras del señor diputado Fabricio Alvarado cuando afirma que la familia es la primera escuela de valores donde se aprenden los comportamientos sociales. La libertad para elegir permite que la familia cultive lo mejor de sí misma, pero si carece de objetivos concisos, nobles y disciplina por parte de cada uno de sus miembros degenera una incapacidad para donarse generosamente a la sociedad y así aportar su granito de arena en pro de la justicia, la paz, soberanía y el bien común.

El secularismo (entendido como el alejamiento de valores trascendentes), en el que está ceñida la sociedad actual ha generado en las familias un debilitamiento de la fe y los valores producto de la “nueva era cultural” impregnada por el individualismo, el permisivismo, el hedonismo y el facilismo. La familia está llamada a ser la primera escuela, formadora de sanos comportamientos, valores y modales muchas veces en contra de la gran influencia de los medios de comunicación, en especial del desequilibrado uso del internet que hacen los niños y jóvenes en los distintos ambientes en los que se desenvuelven.

Ante esto, el Estado ciertamente, ofrece un servicio educativo de manera subsidiaria, acompañando la labor insustituible de los padres que tienen derecho a poder elegir con libertad el tipo de educación, accesible y de calidad, que quieran dar a sus hijos según sus convicciones. La escuela NO sustituye a los padres, sino que los complementa, este es un principio básico. Cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consenso y en cierta medida, incluso por encargo suyo. No obstante, se ha abierto una brecha entre familia y sociedad, entre familia y escuela. Este pacto educativo implícito hoy se ha roto y así la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis. La falta de oportunidades, el desempleo, la crisis económica, la ola de violencia y delincuencia que viven cientos de familias ha provocado en estas un quebrantamiento en lo moral y lo ético. Es lamentable observar, como en estos tiempos ya no son los padres los que conducen, guían y educan a sus hijos. Ahora esta tarea ineludible ha sido asumida por el internet, los vídeos juegos, Tic Tock, Instagram u otras aplicaciones de moda quien los “educa” de tal manera cuyas consecuencias negativas aún ni siquiera se vislumbran. Nunca antes en la historia se ha contado con tantos medios e instrumentos para la comunicación y se sufre tanta desconexión en las relaciones humanas.

Son las recientes generaciones quienes “reeducan” a sus padres debido al permisivismo de éstos. ¡Claro! Los niños y jóvenes de esta era les enseñan a sus progenitores que todo lo pueden a partir de la exigencia, la manipulación vestida de “berrinche”, la lástima o la mentira y sin importar a quienes afecten en su camino.

Familia: ¡Despierta!, es hora de cambiar el rumbo y construir nuevas generaciones caracterizadas por un espíritu de lucha, esfuerzo, solidaridad, tolerancia y respeto. No es competencia solo de una determinada clase social o estatus, es competencia, deber y tarea de todos. Cada uno desde su respectivo rol. Es en el seno de la familia, que las nuevas generaciones pueden transmitir su patrimonio intelectual, la cultura, los valores, las tradiciones y las creencias. ¡Basta ya! de confundir la libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece (subjetivismo), como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores y principios que orienten a las personas en su correcto pensar y actuar.

Para reconstruir una nueva sociedad es indispensable dejar de lado la indolencia de quienes tienen el deber primario de educar a los hijos, y reconocer que a pesar de los esfuerzos que realizan distintas entidades sociales (centros educativos, iglesias) que ofrecen acompañamiento y asesoramiento en cuestiones relacionadas con la superación de conflictos, educación de los hijos y crecimiento en el amor conyugal y por ende familiar, no se logrará nada, sin que antes cada persona tome conciencia sobre la importancia que tiene su aporte particular para el bien común de esta sociedad. Y esta toma de conciencia inicia en el hogar y se refuerza en las aulas desde las distintas disciplinas que se imparten en la malla curricular, cuyo propósito es formar de manera integral a las personas, desarrollando las competencias y habilidades que demanda sociedad para su desarrollo pleno como persona y como agente de cambio social.

Está en manos de los padres de familia, redirigir el timón, desde sus hogares, tomar nuevos rumbos y educar desde el amor: con disciplina, rigor y dedicación. Y facilitar que los docentes realicen su labor de formar en el área académica lo que les corresponde, sin que este proceso se vea entorpecido por la intervención de progenitores quienes lamentablemente, y no en pocas ocasiones, actúan con desconocimiento teorías pedagógicas, currículo, didáctica, evaluación, así como los distintos programas de estudio que se imparten dentro de la malla curricular.

Si cada uno, asume su rol, hoy por hoy tendríamos una Costa Rica más sana donde la cultura del individualismo no imperaría. Por ende, insto a cada parte a su asumir de manera responsable su rol, partiendo de los deberes y valores que se adquieren en el ambiente familiar, primera escuela y hogar de formación de “ciudadanos de ciudadanos amantes de su Patria, conscientes de sus deberes, de sus derechos y de sus libertades fundamentales, con profundo sentido de responsabilidad y de respeto a la dignidad humana” tal y como lo establece la Ley Fundamental de Educación de Costa Rica en su artículo segundo.

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