Yuriy Gorodnichenko y Torbjörn Becker

ESTOCOLMO/BERKELEY – Cada día que pasa se torna más evidente que el apoyo occidental a Ucrania ha quedado atrapado en varios acontecimientos domésticos y geopolíticos que nada tienen que ver con la lucha de Ucrania por defenderse. En tanto la guerra de agresión de Rusia se acerca a su segundo aniversario, es crucial establecer un mecanismo de financiamiento más resiliente y estable.

Si bien los economistas rara vez concuerdan en algo, existe un amplio consenso de que el costo de no brindar suficiente respaldo a Ucrania para ganar la guerra sería mucho mayor que el costo de ayudarla. Pero el modelo de financiamiento actual depende marcadamente de negociaciones tensas de último momento entre los legisladores en Estados Unidos y la Unión Europea, y la incertidumbre resultante le genera enormes costos a la economía de Ucrania y socava su estabilidad política.

El problema se ve agravado por las divisiones políticas al interior de los países occidentales y entre ellos. Más allá de las acciones de Ucrania, la guerra muchas veces se ve eclipsada por otros conflictos domésticos e internacionales, y esto no hace más que obstaculizar los esfuerzos para entregar ayuda militar a pesar del abrumador respaldo público y político. El intento de bloqueo por parte del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, de un paquete de ayuda de la UE de 50.000 millones de euros (55.000 millones de dólares) para Ucrania y el uso de la ayuda a Ucrania por parte de los republicanos en Estados Unidos como moneda de cambio a la hora de abordar la crisis migratoria en la frontera entre Estados Unidos y México son excelentes ejemplos.

La vulnerabilidad del respaldo occidental a Ucrania frente a las luchas políticas internas sugiere que un sistema de toma de decisiones centralizado sería más efectivo que el actual proceso de financiamiento. El objetivo de un sistema de estas características sería proteger a Ucrania de los efectos de los retos, distracciones y dramas internos de sus aliados.

Afortunadamente, ya contamos con un modelo probado para contrarrestar un cortoplacismo de esta naturaleza. En los últimos diez años, muchos estados norteamericanos y varios gobiernos nacionales han creado fondos de emergencia para tiempos difíciles a fin de garantizarse los recursos y la flexibilidad que necesitan para responder a shocks inesperados como recesiones y pandemias. La Gran Recesión y las crisis fiscales subsiguientes han llevado a gobiernos nacionales y subnacionales por igual a mantener estos fondos como un componente crítico de sus estrategias de respuesta ante emergencias. Como demuestra el gráfico, los estados norteamericanos hoy tienen, en conjunto, 136.000 millones de dólares en este tipo de fondos -más de tres veces la cantidad que tenían en 2007.

Sin duda, hizo falta una catástrofe económica importante para que se tomara esta estrategia en serio. California, tras haber agotado sus reservas de efectivo durante la Gran Recesión, reformó su fondo de emergencia en 2014 para evitar futuras crisis financieras. Si bien no son perfectos, estos fondos demostraron su utilidad durante la pandemia del COVID-19.

En base a esta experiencia, los países occidentales deberían crear un fondo de largo plazo para brindar ayuda a Ucrania. Mediante un endeudamiento en mercados internacionales, podrían recaudar 100.000 millones de dólares -aproximadamente la cantidad que hace falta para respaldar el esfuerzo bélico ucraniano durante seis meses- sin ejercer una enorme presión sobre sus presupuestos nacionales. Asimismo, esta suma -una fracción mínima del PIB combinado de los aliados occidentales de Ucrania- no resultaría en un incremento sustancial de los ratios deuda-PIB de esos países.

Una vez que este fondo estuviera establecido y financiado, Ucrania podría extraer dinero de allí según las condiciones y necesidades establecidas en su programa existente con el Fondo Monetario Internacional, así como otros cronogramas y criterios relevantes determinados en coordinación con sus aliados.

Para minimizar el impacto en sus presupuestos nacionales, los aliados de Ucrania podrían compensar los pagos de intereses sobre la deuda a largo plazo haciendo uso de los retornos sobre los activos congelados de Rusia. Esto, en efecto, eliminaría los costos operativos iniciales y en curso del fondo de emergencia. Asimismo, la emisión de bonos soberanos de largo plazo les otorgaría a los países occidentales el tiempo que necesitan para llegar a un consenso sobre los medios legales para implementar esta estrategia.

Financiar un fondo de emergencia de 100.000 millones de dólares a través de un endeudamiento de largo plazo debería ser factible desde un punto de vista fiscal, especialmente si el volumen del fondo está vinculado al valor de los activos congelados de Rusia y a los retornos que generan. Supongamos, por ejemplo, que los países occidentales tuvieran 300.000 millones de dólares en activos rusos con un retorno anual moderado del 3%, mientras que su costo de endeudamiento promedio fuera del 4%. En un escenario así, tanto el retorno anual de los activos congelados rusos como los pagos de intereses relacionados con el fondo representarían 9.000 millones de dólares individualmente, lo que le permitiría al fondo endeudarse hasta 225.000 millones de dólares sin costos de intereses adicionales.

Por supuesto, dada la devastación generada por la guerra de agresión de Rusia, los activos congelados rusos deberían transferirse directamente a Ucrania. Pero éste podría ser un proceso lento y complicado, y Ucrania necesita desesperadamente un financiamiento inmediato. Establecer un fondo de emergencia, en cambio, requiere mucho menos papelerío legal. Una vez financiado y operativo, el fondo garantizaría que el apoyo a Ucrania no se vea obstaculizado por cuestiones domésticas no relacionadas.

En resumen, un fondo de emergencia no protegería a Ucrania de la incertidumbre geopolítica, pero sí aumentaría significativamente sus posibilidades de derrotar a Rusia. Al mitigar el daño causado por la guerra, este fondo podría ser de utilidad para la reconstrucción de Ucrania y así acelerar su acceso a la UE. Como dijo recientemente el presidente norteamericano, Joe Biden, Ucrania necesita más que un apoyo retórico de los países occidentales. Los aliados de Ucrania deberían demostrar su compromiso con su libertad y seguridad garantizando que recibe el apoyo financiero que necesita.

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Torbjörn Becker

Torbjörn Becker is Director of the Stockholm Institute of Transition Economics at the Stockholm School of Economics.

Yuriy Gorodnichenko

Yuriy Gorodnichenko is Professor of Economics at the University of California, Berkeley.

 

Por Project Syndicate

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