Salvador Novo: Poesía

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Salvador Novo.

Nació en 1904, en la Ciudad de México [murió en 1974]. Fundador, junto con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928), fue activo participante en la renovación de nuestra literatura. Si Novo puede ser el prosista más diestro de los «Contemporáneos», su poesía cuenta entre las mejores de ese grupo. (Como autor de versos satíricos nadie se le compara.) Espíritu afín al de Tablada en algunos aspectos.
Salvador Novo, «nacionaliza» el humor de vanguardia: sus poemas manifiestan la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje de la primera posguerra: urbano, industrial, publicitario. En las letras inglesas descubre su auténtica voz. Las breves, casi epigramáticas, composiciones de Espejo rescatan, fijan con distancia crítica, imágenes de la infancia perdida.
En Nuevo amor el encuentro, la separación, la memoria de sal o de ceniza se expresan directa y libremente, con una tonalidad de íntima pesadumbre que no menguó nunca su novedad ni su frescura. Novo ganó el Premio Nacional de Literatura en 1967.»*
Su poesía completa nunca ha sido publicada. Su poesía está en XX poemas (1925), Nuevo amor (1933), Espejo (1933), Seamen Rhymes (1934), Décimas en el mar (1934), Romance de Angelillo y Adela (1934), Poemas proletarios (1934), Never ever (1934), Un poema (1937), Poesías escogidas (1938), Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), Decimos: «Nuestra tierra» (1944), Florido laude (1945), Dieciocho sonetos (1955), Poesía 1915-1955 (incluye Poemas de infancia, 1955), Sátira (1955) y Poesía (l961).

Salvador Novo fue el primer poeta mexicano del que se tradujo un libro completo en inglés en 1935 (para entonces ya había sido traducido al francés y al portugués). Algunas de las traducciones que aquí se presentan provienen de Nuevo amor, traducido por Edna Worthley Underwood (The Mosher Press: Portland Maine). Otras provienen del libro Now the Volcano: an Anthology of Latin American Gay Literature, editado por Winston Leyland, traducido por Erskine Lane, Franklin D. Blanton, Simon Karlinsky (San Francisco: Gay Sunshine Press, 1979).
Las memorias de Salvador Novo han sido recientemente publicadas bajo el título La estatua de sal(México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección Memorias Mexicanas, 1998). Varios tomos de La vida en México…, con buena parte de su trabajo periodístico, han sido publicados en la misma colección. Sus ensayos también han sido publicados recientemente, editados por Sergio González Rodríguez, Viajes y ensayos (México, Fondo de Cultura Económica.
  • Fuente: Poesía en movimiento. México, 1915-1966 (editado por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis), Siglo XXI, México.
Compartimos Nuevo Amor, poema de largo aliento, que navega entre lo carnal y lo erótico. Reflexión sobre la posesión del amor y luego su pérdida. Un maestro. Le rendimos homenaje.

 


NUEVO AMOR

Thy bosom it enderead with all hearts
Which I lacking have supposed dead…
La renovada muerte de la noche
en que ya no nos queda sino la breve luz de la
conciencia
y tendernos al lado de los libros
de donde las palabras escaparon sin fuga, crucificadas
en mi mano,
y en esta cripta de familia
en la que existe en cada espejo y en cada sitio la
evidencia del crimen
y en cuyos roperos dejamos la crisálida de los adioses
irremediables
con que hemos de embalsamar el futuro
y en los ahorcados que penden de cada lámpara
y en el veneno de cada vaso que apuramos
y en esa silla eléctrica en que hemos abandonado
nuestros disfraces
para ocultarnos bajo los solitarios sudarios
mi corazón ya no sabe sino marcar el paso
y dar vueltas como un tigre de circo
inmediato a una libertad inasible.
Todos hemos ido llegando a nuestras tumbas
a buena hora, a la hora debida,
en ambulancias de cómodo precio
o bien de suicidio natural y premeditado.
Y yo no puedo seguir trazando un escenario perfecto
en que la luna habría de jugar un papel importante
porque en estos momentos
hay trenes por encima de toda la tierra
que lanzan unos dolorosos suspiros
y que parten
y la luna no tiene nada que ver
con las breves luciérnagas que nos vigilan
desde un azul cercano y desconocido
lleno de estrellas políglotas e innumerables.
— O —
Tú, yo mismo, seco como un viento derrotado
que no pudo sino muy brevemente sostener en sus
brazos una
hoja que arrancó de los árboles
¿cómo será posible que nada te conmueva
que no haya lluvia que te estruje ni sol que rinda tu
fatiga?
Ser una transparencia sin objeto
sobre los lagos limpios de tus miradas
oh tempestad, diluvio de hace ya mucho tiempo.
Si desde entonces busco tu imagen que era solamente
mía
si en mis manos estériles ahogué la última gota de tu
sangre y mi lágrima
y si fue desde entonces indiferente el mundo e infinito
el desierto
y cada nueva noche musgo para el recuerdo de tu abrazo
¿cómo en el nuevo día tendré sino tu aliento,
sino tus brazos impalpables entre los míos?
Lloro como una madre que ha reemplazado al hijo
único muerto.
Lloro como la tierra que ha sentido dos veces germinar
el fruto perfecto y mismo.
Lloro porque eres tú para mi duelo
y ya te pertenezco en el pasado.
— O —
Este perfume intenso de tu carne
no es nada más que el mundo que desplazan y mueven
los globos azules de tus ojos
y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan
tus brazos.
Hay todas las redondas naranjas en tu beso de angustia
sacrificado al borde de un huerto en que la vida se
suspendió por todos los siglos de la mía.
Qué remoto era el aire infinito que llenó nuestros
pechos.
Te arranqué de la tierra por las raíces ebrias de tus
manos
y te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!
Ya siempre cuando el sol palpe mi carne
he de sentir el rudo contacto de la tuya
nacida en la frescura de un alba inesperada,
nutrida en la caricia de tus ríos claros y puros como tu
abrazo.
vuelta dulce en el viento que en las tardes
viene de las montañas a tu aliento,
madurada en el sol de tus dieciocho años,
cálida para mi que la esperaba.
— O —
Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío
junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu
abrazo,
de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas,
sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia.
Si todos estos años que me falta
como una planta trepadora que se coge del viento
he sentido que llega o que regresa en cada contacto
y ávidamente rasgo todos los días un mensaje que
nada contiene sino una fecha
y su nombre se agranda y vibra cada vez más
profundamente
porque su voz no era más que para mi oído,
porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos
y mi alma es como un gran templo deshabitado.
Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño
forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo,
suave de mi tersura, grande por mis deseos,
máscara
estatua que he erigido a su memoria.
— O —
Hoy no lució la estrella de tus ojos.
Náufrago de mí mismo, húmedo del abrazo de las
ondas,
llego a la arena de tu cuerpo
en que mi propia voz nombra mi nombre,
en que todo es dorado y azul como un día nuevo
y como las espigas herméticas, perfectas y calladas.
En ti mi soledad se reconcilia
para pensar en ti. Toda ha mudado
el sereno calor de tus miradas
en fervorosa madurez mi vida.
Alga y espumas frágiles, mis besos
cifran el universo en tus pestañas
—playa de desnudez, tierra alcanzada
que devuelve en miradas tus estrellas.
¿A qué la flor perdida
que marchitó tu espera, que dispersó el Destino?
Mi ofrenda es toda tuya en la simiente
que secaron los rayos de tus soles.
— O —
Al poema confío la pena de perderte.
He de lavar mis ojos de los azules tuyos,
faros que prolongaron mi naufragio.
He de coger mi vida deshecha entre tus manos,
leve jirón de niebla
que el viento entre sus alas efímeras dispersa.
Vuelva la noche a mí, muda y eterna,
del diálogo privada de soñarte,
indiferente a un día
que ha de hallarnos ajenos y distantes.

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