Queremos democracia porque queremos paz, porque demandamos libertad para pensar, decir, organizarnos, manifestarnos, protestar.

Luis Paulino Vargas Solís

Jueves 6 de agosto, Plaza de la Democracia en San José, Costa Rica.

Una tarde espléndida, fresca, no demasiado soleada. Luego, las sombras de la noche y, con esta, las luces de los faroles y el reverberar de la multitud como oleaje rítmico y acompasado, y el crescendo de los cánticos, de las banderas, de las luces de los celulares, de la alegría y, al mismo tiempo, de la indignación, de la esperanza y la ilusión y del espíritu de lucha y reivindicación.

Era el coro inmenso de un pueblo que se quiere libre y en paz.

Fueron docenas de miles de personas. Quizá 60 o 70 mil o más personas. E innumerables banderas de Costa Rica ondeando al aire y pitoretas y canciones y proclamas y abrazos y sonrisas.

El mensaje fue claro y contundente.

Quienes ahí estuvimos –en aquella multitud abigarrada y multicolor– seguramente no estamos de acuerdo en todo. Pero sí estamos de acuerdo en lo esencial.

Que nuestra democracia es imperfecta y que nuestro Poder Judicial tiene limitaciones, vicios y defectos.

Más aún: que ningún ámbito de nuestra institucionalidad democrática está libre de pecado.

Y, claramente, que ninguno está tan contaminado por la influencia de las mafias del crimen organizado, la corrupción, la negligencia y la ineptitud como el Poder Ejecutivo jefeado por Laura Fernández y Rodrigo Chaves.

Pero nuestra proclama, nuestra opción, nuestro reclamo fue uno y fue unánime: ¡¡¡DEMOCRACIA!!!

Queremos democracia porque queremos paz, porque demandamos libertad para pensar, decir, organizarnos, manifestarnos, protestar.

Queremos democracia porque exigimos justicia social: que nadie se quede fuera; que nadie se quede atrás ni se quede al margen; que toda persona, sin excepción, que toda persona tenga una vida digna.

Queremos democracia que es querer división de poderes; independencia del Poder Judicial; contrapesos y controles que eviten la concentración del poder y los abusos.

Queremos una Costa Rica donde se pueda disentir sin temor, debatir con altura, conversar con inteligencia, deliberar participativamente.

No más gritos, no más insultos, no más vulgaridad, no más desplantes. Basta de chabacanería y estridencias; basta de matonerías y desplantes. Sobre todo: basta de odio.

Y volver a abrazarnos y volver a reconocernos en nuestra común condición humana y volver a sabernos y a sentirnos parte de una misma comunidad, que llamamos Costa Rica, tejida con los hilos de la solidaridad y el reconocimiento mutuo.

Y reivindicar el pluralismo de las ideas y celebrar la diversidad de la vida y gozar con libertad de la riqueza de nuestra sensibilidad y del poder de nuestra inteligencia.

Pero, sobre todo, queremos democracia, paz, libertad, justicia social, diálogo y abrazo porque ESO es Costa Rica, y no aceptamos otra Costa Rica qué no sea ESA Costa Rica: un país de democracia, paz, libertad, justicia social, diálogo y abrazo.

El mensaje iba directo al gobierno de Laura Fernández y a su fracción legislativa. Pero fue un mensaje para toda la clase política de Costa Rica.

Y ese mensaje fue, centralmente, uno: la democracia solo crece lozana y florece a plenitud en terrenos fertilizados por la justicia y la igualdad., precisamente para eso, fue elegida presidenta?

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.