Hay que empezar a exigir soluciones o, por lo menos, planes concretos para atender los graves problemas que enfrenta el país.
Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).
La discusión pública pierde su propósito cuando las polémicas desplazan las preguntas sobre la gestión del Gobierno. Mientras la atención ciudadana se concentra en declaraciones y enfrentamientos, los problemas del país siguen esperando respuestas.
Cuesta creer que un partido político cometa tantos errores de manera descoordinada, por parte de presidentes, diputados, ministros y troles. La reiteración hace pensar en una estrategia coordinada, premeditada e instruida desde arriba, probablemente para mantenerse en la palestra pública y conservar la atención de sus seguidores incondicionales. El tema no importa. El lema es viejo: que hablen de ellos, bien o mal, pero que hablen.
Esta dinámica distrae a la ciudadanía, la mantiene ocupada en criticarlos y desvía la atención de lo que no están haciendo o están haciendo pésimamente, como el manejo económico o la búsqueda de soluciones a la larga lista de problemas que han creado o no han resuelto.
Además, las críticas les permiten recurrir después a su pretexto preferido: «No nos han dejado gobernar».
Hay que empezar a exigir soluciones o, por lo menos, planes concretos para atender los graves problemas que enfrenta el país.
La responsabilidad de gobernar debe medirse por los resultados. Corresponde exigir prioridades claras, plazos y rendición de cuentas, para que la conversación pública vuelva a centrarse en las necesidades de la población y en las obligaciones de quienes ejercen el poder.

