En otras palabras: la historia vivida moldea el mundo que hoy vivimos, y ese mundo no puede ser modificado a capricho como si todo lo vivido anteriormente no hubiese existido.
Luis Paulino Vargas Solís.
Cuando se ha cuestionado a Rodrigo Chaves o a Nogui Acota sobre los recortes al Poder Judicial que afectan al OIJ y que, por lo tanto, afectan también su valiente y muy eficaz combate contra el crimen organizado, la respuesta que dan empieza, generalmente, con una pregunta: ¿quién distribuye dentro del mismo Poder Judicial el presupuesto que se le asigna?
Y, enseguida, se contestan a sí mismos: lo distribuye el mismo Poder Judicial.
Lo que les da ocasión para otra pregunta: ¿por qué entonces no reestructuran sus gastos para darle más fondos al OIJ?
Lo mismo dicen, cuando, por ejemplo, se les consulta sobre la afectación que pudiera resultar de los recortes a las universidades.
Suena como muy básico, de sentido común. Y eso ha posibilitado que se popularice entre la feligresía chavista.
Pero es falaz, porque es un argumento que tiene un serio problema: supone que las organizaciones –tales como el Poder Judicial o las universidades– son como un lego cuyas piezas se pueden acomodar al gusto de cada quien para dar lugar a las figuras que mejor se prefiera.
O, mejor digamos, eso supone que las organizaciones son como una plasticina: se pueden moldear a capricho, quitándoles de aquí, poniéndoles allá, estirándolas de este lado, aplastándolas del otro.
En realidad, ninguna organización humana funciona así. Ni siquiera en el sector privado, no obstante que la ley concede más libertad de acción a lo privado.
En una empresa grande y seria nunca se harán esos cambios sin una planificación previa muy cuidadosa. Pero incluso un pequeño empresario sabe muy bien que reacomodos de tal naturaleza exigen cuidado y preparación.
En todo esto hay lo que podríamos llamar un “efecto de histéresis”, en el sentido de que la historia vivida influye, inevitablemente, en la realidad actual. Que también podríamos designarlo como “efecto de trayectoria”: el camino recorrido, y las relaciones entre personas humanas tejidas a lo largo de esa trayectoria de años, dan lugar a estructuras que poseen cierta estabilidad y resistencia.
También podemos pensarlo en términos de la “flecha del tiempo” tal como lo planteó el Nobel de química belga Ilya Prigogini: los procesos naturales –pero también los procesos sociales– avanzan desde el pasado hacia el futuro y son irreversibles.
En otras palabras: la historia vivida moldea el mundo que hoy vivimos, y ese mundo no puede ser modificado a capricho como si todo lo vivido anteriormente no hubiese existido.
Esto no quiere decir que las estructuras y organizaciones sociales no puedan transformarse. Claro que pueden cambiar. Pero ese cambio será una cosa necesariamente laboriosa y compleja, envuelta en un alto grado de incertidumbre precisamente porque hay una historia detrás que moldea lo que hoy existe y porque eso que hoy existe se materializa en estructuras organizacionales complejas.
Los recortes a lo bestia que el gobierno de Laura Fernández aplica bajo el comando de Chaves, y los cuales resultan especialmente violentos en el caso del Poder Judicial, obligarán a improvisar reacomodos que, con toda seguridad, traerán mucho desconcierto y confusión, provocarán menor eficiencia en el uso de los recursos y menos eficacia en la prestación de los servicios a la ciudadanía.


