Keynor Ruiz Mejías: Retos del Mercado Laboral y Empleo para el 2021

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Keynor Ruiz Mejías, Académico

Como ya se ha mencionado de diversas maneras, la situación de empleo antes de la pandemia venia mostrando características de una economía que no venía creciendo lo suficiente para generar las oportunidades para las personas que buscaban empleo.  Por ello, las cifras para el cuarto trimestre del 2019 mostraban una tasa de 12,4% de personas desempleadas con respecto a la Población Económicamente Activa (PEA) del país; a esta cantidad de personas se le sumaban un 11,1% de personas ocupadas con subempleo, lo que mostraba un total de 23,5% de la población con problemas de empleo.

Para ese cuarto trimestre del 2019 la población total estimada para el país era de 5 075 372, la fuerza de trabajo fue estimada en 2 492 283 y de estas 585 686 personas eran las que tenían problemas de empleo, tanto desempleo abierto como subempleo.  Asimismo, del total de personas ocupadas (2 182 818), alrededor de un 15% formaban parte del empleo público y del restante 85%, alrededor de la mitad se encontraba laborando en condiciones de informalidad.

Por decirlo de alguna manera, esta era la situación con la que se inició en el 2020, misma que estaba acompañada con un proceso de reactivación que había iniciado y que mostraba algunos indicadores favorables en cuanto al crecimiento de sectores específicos.  No obstante, apenas iniciando marzo se presentaron los primeros casos de Covid-19 en Costa Rica e iniciaron las medidas, tanto internas como externas, de limitaciones en la movilidad de las personas y en actividades que involucrasen alguna forma de aglomeración.  La primera de estas afectó radicalmente una de las actividades importantes en cuanto al crecimiento económico del país en los últimos años, el turismo, que con el cierre de fronteras y aeropuertos la demanda cayó casi en su totalidad.  De igual manera, los espectáculos públicos y actividades sociales se han limitado por completo y en algunos casos se han venido abriendo actividades bajo estrictos protocolos de higiene y proximidad.

Así, para el trimestre Agosto – Octubre del 2020, las cifras de INEC muestran una situación que se detalla a continuación. La población total es estimada en 5 119 089, de la cual 2 403 966 son Fuerza de Trabajo. La tasa de desempleo abierto es de 21,9% y la estimación de los ocupados con subempleo es de 23,8%, lo que sumado muestra una tasa de población con problemas de empleo de 45,7% de la fuerza de trabajo; en otras palabras, 1 098 612 personas entre desempleadas o subempleadas.  Básicamente, según las diferencias interanuales, aumentado por 263 882 personas adicionales que para este trimestre no tenían la categoría de ocupados, sumado a 218 305 personas que según las cifras del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social se encuentran en condición de suspensión de contrato (32,3%) o reducción de la jornada laboral (67,7%).

Prácticamente en todos los sectores, en todas las ramas y grupos ocupaciones se evidencia una pérdida en el número de ocupados, no obstante, en alguno de estos se concentra el mayor número de personas afectadas.  En la distribución por sector, la mayoría de la pérdida de puestos de trabajo se concentra en el sector terciario, con un 80% de la pérdida de su condición de ocupados, siendo particularmente afectadas las personas que trabajan en los hogares, en comercio y reparación, y en actividades profesionales y administrativas de apoyo.  Por su parte, un 17,2% de la reducción de los ocupados son del sector secundario y el restante en el sector primario.  Asimismo, del total de personas que perdieron su empleo, el 78,7% eran asalariados.

Ahora bien, sin lugar a dudas, esta ha sido una situación inesperada que por el tipo de efectos (cierre de fronteras y aeropuertos) muestra vulnerabilidades en unos sectores, mientras que a su vez evidencia fortalezas en otros (como la producción y consumo para el mercado interno); que golpea las finanzas públicas, no solo por incurrir en gastos no previstos, sino también por la reducción en la recaudación tributaria causada por la pérdida de dinamismo en la actividad económica; que obliga a tomar decisiones sobre la base de una gran incertidumbre, pero con los objetivos de salud pública y de reducir la afectación por la pérdida de ingresos.

De igual forma, otros problemas asociados al mundo del trabajo, y relacionados con la pérdida o deterioro del empleo o los cambios en la forma de trabajar a evidenciado estrés, desgaste emocional, depresión, ansiedad y entre otros; sin hablar del potencial incremento de estructuras delincuenciales por la pérdida de ingresos necesarios para la satisfacción de necesidades básicas.

La problemática es compleja, es multifacética y heterogénea, no afecta a todos por igual o de la misma manera ni con la misma intensidad.  Por tanto, es difícil pensar en una única solución que lo “resolverá todo”.  Decir que se requiere un programa de reactivación es decir muy poco, hay que detallar las medidas de política que incorpora ese programa.  Por otro lado, el proceso de reactivación con sus diferentes medidas y políticas es corresponsabilidad de todos los actores que participan dentro de la actividad económica nacional.

Hasta este momento se ha venido haciendo frente a la problemática con una serie de medidas que procuran por un lado contener que la situación se deteriore más (mediante la suspensión de temporal de contrato de trabajo y la reducción de la jornada laboral, así como arreglos de pago, moratorias en el pago de impuestos, cambios en las condiciones de créditos y tasas de interés) y por el otro rescatar la parte humana de la crisis y estimular el consumo de los hogares y el efecto multiplicador de estos (por medio del bono proteger y la distribución de víveres a través del MEP), así como el estímulo de procesos de reactivación (mediante reapertura gradual, tasas preferenciales al sector productivo, inversión de obra pública, agilización de trámites y la política de atracción de inversiones y nuevos negocios).  Todas y cada una de estas medidas con un costo asociado, ya sea social, financiero o fiscal, pero cada una de ellas procurando romper círculos viciosos de mayor deterioro o ser causal de círculos virtuosos de reactivación.

Ahora bien, esta claro que volver a la situación antes de marzo del 2020 no será ni rápido ni sencillo.  El proceso de recuperación de los sectores más seriamente afectados no se dará de la noche a la mañana, ello significa que algunas medidas aplicadas hasta ahora deberán continuar un poco más.  No obstante, el verdadero reto para el 2021 y los años venideros no está en intentar volver a lo que era antes, que en todo caso ya mostraba problemas de agotamiento, sino aprovechar el proceso de cambio que se estaba dando desde antes, aunado a lo que se ha vivido en el 2020 para que la reactivación se acompañe de varias fuentes potenciadoras.

En ese sentido, hay que continuar con algunas medidas de contención, lo cual demanda hacer una valoración muy sería de los permisos para la suspensión de contrato y de reducción de jornada.  No es posible pensar en este momento que junto con la tan anhelada vacuna se acaban todos los problemas de mercado laboral y hacerlo intempestivamente puede generar un disparo de la tasa de desempleo que hasta el momento se ha contenido por la existencia de estas figuras, pero como se vio en cifras anteriores es muy alto el número de personas afectadas por los problemas de empleo.

Asimismo, es clave procurar los recursos para continuar apoyando las medidas que permitan mantener el consumo de los hogares que así lo requieran.  Cada vez serán menos las familias que requieran este tipo de apoyo, pero el número no se verá reducido en el corto plazo a las cifras pre-pandemia.  Incluso será necesario en su momento una valoración de un ingreso mínimo para las personas y sus familias que no encuentren empleo tan fácilmente.

Por otra parte, el estímulo mediante medidas dirigidas a la reactivación debe continuarse.   En ese sentido, es de mucha importancia que haya dinero disponible a tasas preferenciales para que las empresas puedan hacerle frente a sus compromisos e invertir, de ahí que el uso de recursos del encaje mínimo legal es un instrumento apropiado en estos momentos.

Como ya se mencionó, la creación de nuevos empleos venía mostrando debilidades expresadas en un incremento paulatino en la tasa de desempleo, por tanto el proceso de reactivación debe apoyar tanto lo que hay, lo que decayó por la crisis y también nuevas iniciativas productivas.  Ello significa que es absolutamente necesario el estímulo hacia la creación de nuevas oportunidades de negocio, por ello tanto la reducción de trámites como los créditos favorables del sistema bancario y del sistema de banca para el desarrollo son clave para el financiamiento de nuevas ideas productivas, esto ya no solo para salir de la crisis, sino como parte de la estrategia país.

En esa misma línea, si en algún momento se vio la necesidad de repensar el futuro del trabajo, dados los cambios que se observaban en las actividades productivas y en la demanda de nuevas capacidades y competencias de la fuerza laboral, la situación actual es más que propicia para valorar insertar grupos de población en procesos de formación y re-capacitación asociados a nuevas competencias y habilidades.

Por ello, aprovechar los esfuerzos realizados en la actualidad y desde antes, como el programa proteger y el programa empléate, para crear capacidades y competencias en las personas, tanto las desempleadas actuales, como las que tienen suspensión de contrato o reducción de jornada.

Es necesario estar claros que la economía es muy heterogénea y las necesidades de los sectores no son todas iguales, por tanto, una única solución en formación no es necesariamente la respuesta.  Vale la pena considerar que todos los sectores, tanto los que se han visto reducidos en su actividad económica, como los que no, deben ser tomados en consideración, y valorar con ellos de manera prospectiva las necesidades futuras de la fuerza de trabajo, de manera que haya una co-evolución en el progreso técnico y las capacidades de las personas; pero en particular hay que tener en consideración esas actividades productivas que aún no existen

En este como en otros sentidos, es necesario que las políticas no se vean y mucho menos sean compartimientos aislados de correspondencia exclusiva del ministerio o la entidad respectiva, sino mirar de manera integral el proceso de reactivación y por qué no decirlo, el proceso de crecimiento y desarrollo país.  Por ello no se puede ver un proceso de reactivación aislado de las políticas de ciencia, tecnología e innovación, o del sistema de banca para el desarrollo, o de los programas de creación y fortalecimiento de micro y pequeña empresa del MEIC, o las iniciativas de aceleradoras de empresas, o del sistema de formación profesional, o de CINDE, o de las políticas de Comex – Procomer, para poner algunos ejemplos de interacción necesaria y que están estrechamente vinculados con algunas de las iniciativas mostradas.


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