¿Qué sí podemos concluir a partir de esta concatenación de hechos? Que el narcotráfico ha invadido a fondo –“hasta el tuétano”– el Poder Ejecutivo y ha logrado tejer una densa telaraña que envuelve a la propia presidenta Fernández.

Luis Paulino Vargas Solís.

Guobin Tam Zhang, también conocido como Juan Carlos Tam Cheong, es un ciudadano costarricense que enfrenta un proceso de posible extradición hacia Estados Unidos bajo los cargos de narcotráfico internacional, lavado de dinero y supuestos vínculos con los carteles de Sinaloa, el Golfo y el Clan del Golfo.

El ciudadano Tam Cheong, según todas las evidencias a mano, se ha movido en las esferas más exclusivas del poder político de Costa Rica. Como dijera Lola Flores en su famosa canción: “a la verita” de la propia presidenta Laura Fernández.

Se le vio en la “fiesta del triunfo” de Fernández la noche del primero de febrero en un coqueto hotel josefino.

Fue luego filmado entre el grupo de autoridades chavistas –incluida la presidenta, diputaciones y ministros– con motivo de la inauguración de alguna de las obras del sacerdote católico conocido como padre Sergio.

Misteriosamente apareció en el grupo ultra-selecto de la delegación que rodeaba a Fernández cuando ella se encaminaba a la puerta de salida, rumbo a la tarima donde sería investida oficialmente como presidenta de Costa Rica.

Dejemos al ciudadano costarricense Tan Cheong.

Hablemos del empresario de espectáculos Hugo Barboza y del concierto del Grupo Firme, una banda que interpreta música norteña mexicana.

Ahí estuvo Fernández, siendo todavía presidenta electa. Y, según ella lo comentó, lo disfrutó a mares.

Luego, en medio de besos, abrazos y ramos de rosas rojas, fue cálidamente homenajeada por el empresario Barboza.

Hoy el empresario Barboza está recluido en una de las cárceles de Costa Rica, sospechoso de vínculos con una banda criminal dedicada al narcotráfico y liderada por un tal “Sobrino” (Edwin Vargas García). Se habla de montos que rondan los $859 mil, los cuales fueron introducidos a la lavadora con el noble y caritativo propósito de financiar espectáculos musicales masivos.

Pasemos la página.

Días atrás se detuvo a Maiker Guzmán Charpantier, oficial al servicio de un grupo élite del Ministerio de Seguridad Pública, llamado Unidad Especial de Apoyo (UEA). Era uno de los selectos policías a cargo de la vigilancia del que fuera “el criminal más buscado de Costa Rica”, o sea, el famoso “Diablo” (Alejandro Arias Monge).

Solo que, según la evidencia disponible, el oficial Guzmán Charpantier entabló estrechos lazos de amistad con el tal “Diablo” al punto de que, solícito y servicial, le llevaba diversos dispositivos electrónicos ¿Para qué podría requerir el señor Diablo tales artefactos? Solo una posibilidad se me ocurre: seguir la Santa Misa transmitida por Facebook cada domingo.

El hecho es grave en cuanto el implicado es lo que es: una de las luminarias de la élite policial del Ministerio de Seguridad de Laura Fernández.

Pero lo que hace más interesante la historia es que Guzmán Charpantier es hijo de un tal “Inca”, de nombre Eduardo Guzmán López, quien, a su vez, es miembro de otro de esos grupos policiales selectos, en este caso la Unidad Especial de Intervención (UEI), la cual –vea usted la maravilla– está directamente adscrita al Ministerio de la Presidencia, cuyo jerarca, como bien sabemos, es el señor Chaves.

Pero, como es obvio, si hablamos del Ministerio de la Presidencia, hablamos del entorno de la presidenta Fernández, ahí, muy a la verita de ella.

Pero es que el tal “Inca” también desempeñó delicadísimas laborares de seguridad muy, pero muy a la verita del señor Chaves, cuando este era presidente de Costa Rica.

Según diversas versiones por parte de gente familiarizada con la cuestión, tales delicadísimas labores incluían espionaje, persecución, hostigamiento y amenaza contra opositores del susodicho señor Chaves.

O sea, Inca es lo que se dice un angelito.

Ahora bien, sabemos que desde las altas esferas del gobierno de Laura Fernández se niega que el señor Inca haya cumplido responsabilidades securitarias de nivel presidencial. Es notable que no era muy distinto lo que decían respecto del señor Tam Cheong, asegurando que jamás de los jamás lo habían visto ni sabían quién era. Y tan frescotes y despreocupados lo decían cuando al mismo tiempo circulaba masivamente la evidencia gráfica que mostraba a ese señor muy a la verita de la propia presidenta Chaves.

¿Qué no podemos concluir a partir de esta concatenación de hechos? No, tales hechos no nos permiten afirmar que Fernández esté involucrada con el narcotráfico. No dan para tanto.

¿Qué sí podemos concluir a partir de esta concatenación de hechos? Que el narcotráfico ha invadido a fondo –“hasta el tuétano”– el Poder Ejecutivo y ha logrado tejer una densa telaraña que envuelve a la propia presidenta Fernández.

Y eso es de una importancia que es imposible de exagerar porque eso nos advierte de conexiones e influencias al más alto nivel.

¿Qué es lo peor de esto? Que a Fernández todo se le va en justificaciones, evasivas, pretextos y excusas.

La mujer no mueve un dedo para tomar las decisiones que le corresponden.estamos en manos de un gobierno por completo incapaz de decir nada que sea serio ni de proponer nada que sea sensato.

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.