Víctor Valembois.
Ironía: truquillo que nada tiene de trampa
Pese a que su nombrecillo remonta al griego, hágame el favorcito, lector. Acompáñame en este trecho*, ningún trance. Literalmente refiere a que uno juega de ignorantito, pero agarra por el pescuezo al otro, no de chanchito*, sino de cómplice.
No solo la palabra esa de ironía resulta escondidilla, sino su aplicación, su prác-tica. ¡Problema! El costarricense, suele reír, y a mandíbula suelta, pero solo en chota, en burla, con la risa más que un poquitillo gruesa, grosera. Al otro se le hacen muecas, se le lanzan punzaditas en forma de chisme*. Una birrilla ayuda, y en grupillo, ni hablar. Todos engomaditos pasándola… la jarrita, o pasándolo, el pitillo.
La ironía, en cambio, suele ser valientilla, de frente, sin la muleta de unos traguitos, para dar a entender lo contrario de lo que se dice. No es ningún enredadillo, sino una figurita. Retórica le pusieron a la pobrecilla. Así sale la risilla curvada, que no ignora que sobre su techito también pueden caer gotas.
Es son-risilla fina, abierta, bien portadita. Pruébela con la compañerita: sale aun más rapidito que un texticulito*. ¿Por qué? Porque en vez de la carátula de su celular, usted pone su propia carita. Créame: a Agripina le resultará más contagioso que la gripe esa….
La ironía puede ser arma* poderosilla y más baratita que la comprilla que hizo un des-chavetado: al declarar que “pronto comenzarán a llegar unos cohetitos con una precisión a trescientos kilometritos”, debajo del kepi*, le salió una pizca de ese picantito.
Pero el tico hasta en eso se declara pacífico: esos dardos… le resbalan. Es parte de una corraza marca portamí, nada hechita por chinitos sino en Zapote y el Palmares.
Y ya con sarcasmo (una ironía de un escaloncito más fuerte), perdonen: ¡qué diferencia confrontar los toritos desde la barrera, en esos lugares y en Madrid! Vulgaridad versus arte.
Más zorrito e inteligentito, Erasmo, nada acomplejadito, finito jugueteaba con la lengua, en auto-sonrisa*, explicitando que era hijito del amor. En un librillo recurrió a esa escopeta donde pone a hablar a una chiflada. Otro contraste, la gracia de lo vasto en cultura y experiencia, frente a lo bajo, basto para bostezo.

