Los partidos políticos de Costa Rica no han sabido aprender. Están más preocupados por salvarse a sí mismos en esta coyuntura que por salvar a Costa Rica.

Oscar Arévalo Solórzano, Abogado.
El triunfo de Lula es enorme y de una significación histórica y geopolítica que trasciende, en mucho, al ya gigantesco Brasil. Un «estatequieto» al avance de la derecha internacional, una trompada en la cara a los señores tecnofeudales y una lección de política moderna.
Sin duda, Lula y el grupo intelectual orgánico que lo acompaña se cuentan entre los más grandes genios políticos contemporáneos. Pero el PT no ha sido, ni es, un partido típico de izquierda derivado de los partidos comunistas del siglo XX. Ni Lula es el político clásico. Es un obrero, sindicalista y activista que creció hacia la política. Simbólicamente, une la política con los movimientos sociales.
Además, lejos de anquilosarse y ensoberbecerse, ha sabido seguir aprendiendo con su movimiento hasta el día de hoy, con la visión de un estadista de nivel mundial. Lula no es cualquier político. Y se apoya, sin duda, en el trabajo de miles y miles de activistas, sindicalistas e intelectuales orgánicos de Brasil, a quienes ha sabido unir durante décadas de trabajo.
Hay mucho que aprender de esta campaña, pero también de la trayectoria del PT y de Lula. Estas cosas no se hacen de la noche a la mañana ni a punta de fórmulas mágicas.
Pero Costa Rica no es Brasil. De hecho, ambos países son equiparables en muy poco. No tenemos un PT y, por lo tanto, no tenemos un Lula. Tampoco un grupo intelectual orgánico equiparable. A nuestra izquierda le da miedo y asquillo disputar el poder real, y los partidos políticos siguen sumidos en un amplio desprestigio.
Mientras tanto, la oposición social y su aprendizaje parecen ir más rápido que la anquilosada oposición de los actores del mundo político. Esto está produciendo paradojas comunicacionales: los movimientos sociales pierden el miedo y abandonan la apatía, aumenta la actitud crítica hacia las políticas del Gobierno, pero se mantiene una alta aprobación de sus dos figuras principales, que siguen sabiendo comunicarse con las personas. Y siguen sin una verdadera oposición política.
Ante este fenómeno, pienso que Costa Rica podría estar más cerca de una experiencia como la «Lista Estudiantil» en Serbia que de los movimientos en Brasil.
Los partidos políticos de Costa Rica no han sabido aprender. Están más preocupados por salvarse a sí mismos en esta coyuntura que por salvar a Costa Rica. Por eso no sueltan ni medio, como se dice popularmente. Y por eso no tenemos propuestas acabadas. Solo formulitas para ver cómo salvar el propio bote.

