La identidad que durante décadas sostuvo a buena parte de la oposición parece haberse agotado y todavía no surge una propuesta capaz de reemplazarla. Por eso se encuentra en una posición defensiva, sometida a un desgaste progresivo y a la espera de un cambio que difícilmente ocurrirá por sí solo.

Oscar Arévalo Solórzano, Abogado, Asesor Parlamentario.

La política actual no puede entenderse únicamente desde las ideas o los programas. Cada vez más, las personas buscan pertenencia, identidad y referentes que les ayuden a interpretar un mundo cambiante e incierto. Quizás ahí se encuentre una de las claves para comprender el momento político que vivimos. Se trata de identidades.

Hay un problema con la forma en que la oposición ha asumido el desafío político de la creciente hegemonía del chavismo. Y es que el fenómeno no tiene que ver principalmente con propaganda, ni con ideas, ni siquiera con razones. Tiene que ver con identidades.

Hoy, gran parte de la política gira alrededor de una pregunta esencial: ¿quién soy y a qué pertenezco? En un mundo cada vez más individualista, moralmente cambiante y lleno de incertidumbres, las personas buscan respuestas sobre quiénes son sus aliados, quiénes sus adversarios y dónde encuentran un sentido de pertenencia.

Esto no significa que las ideas y las razones hayan dejado de ser importantes. Significa que deben presentarse de manera distinta. Las personas no solo buscan argumentos; buscan relatos capaces de dar sentido a sus experiencias, especialmente después de sentirse engañadas, defraudadas o desencantadas.

Paradójicamente, las identidades se construyen mediante relatos. Son una especie de mitología moderna que explica el mundo de manera sencilla y comprensible. Pero esos relatos solo funcionan cuando incorporan un componente afectivo que conecta emocionalmente con quienes los escuchan.

Los relatos populistas suelen ofrecer precisamente eso. Proporcionan una explicación simple de la realidad, ofrecen una identidad colectiva y construyen una conexión emocional entre ambas cosas.

Frente a ello aparecen las viejas identidades políticas, muchas de las cuales han perdido credibilidad. Carecen de respuestas convincentes para explicar los problemas cotidianos de las personas y, además, con frecuencia han terminado tratando a los ciudadanos como simples segmentos de mercado o números dentro de una estrategia de comunicación.

En consecuencia, el statu quo aparece como el principal responsable de los problemas. Los grupos que simbólicamente lo representan tienen dificultades para construir un relato creíble y suelen limitarse a repetir lugares comunes que ya no generan adhesión ni entusiasmo.

Por eso el problema de la oposición no es solamente la ausencia de un relato. Es que carece de una propuesta identitaria capaz de generar vínculos afectivos duraderos. También carece de una figura simbólica que encarne esa identidad y la haga reconocible para amplios sectores de la población.

Mientras tanto, el chavismo sí posee una identidad claramente representada por una figura concreta. Esa diferencia resulta fundamental para comprender la dinámica política actual.

La identidad que durante décadas sostuvo a buena parte de la oposición parece haberse agotado y todavía no surge una propuesta capaz de reemplazarla. Por eso se encuentra en una posición defensiva, sometida a un desgaste progresivo y a la espera de un cambio que difícilmente ocurrirá por sí solo.

Personalmente, creo que esta es una de las lecciones más importantes del momento político actual. Las sociedades no se movilizan únicamente por datos, diagnósticos o programas de gobierno. También se movilizan por sentimientos de pertenencia, por símbolos y por relatos que les permitan reconocerse a sí mismas. Ignorar esa realidad no hará que desaparezca; simplemente hará más difícil comprender por qué la política está cambiando ante nuestros ojos.

Óscar Arévalo Solórzano

Por Óscar Arévalo Solórzano

Abogado especializado en Derecho Constitucional y analista político. Fue asesor parlamentario en la Asamblea Legislativa durante 23 años. Cuenta con amplia experiencia en el ámbito legislativo y el análisis constitucional.