Jorge Polinaris Vargas, politólogo, exministro de Planificación Nacional y director ejecutivo del Observatorio Humanista Cristiano del Desarrollo.

28 de octubre del 2026

Introducción

El Observatorio Humanista Cristiano para el Desarrollo tiene como principio fundamental colocar en el centro de toda reflexión, acción y política a la persona humana y a su dignidad inherente. Desde esa convicción, asume como propósitos esenciales contribuir a la gobernabilidad democrática, promover un desarrollo humano integral en sus formas más avanzadas y sostenibles, y fortalecer la participación responsable de la ciudadanía en la construcción del futuro nacional.

Estos objetivos adquieren una relevancia particular en el contexto actual. Costa Rica enfrenta simultáneamente profundas transformaciones económicas, tecnológicas, sociales, ambientales y geopolíticas que están modificando las condiciones bajo las cuales las sociedades generan prosperidad, bienestar y desarrollo. Al mismo tiempo, experimenta crecientes tensiones políticas e institucionales internas, debates sobre la organización y eficiencia del Estado, cuestionamientos acerca de la sostenibilidad de su modelo de desarrollo y dificultades cada vez mayores para construir acuerdos duraderos sobre sus prioridades estratégicas.

La convergencia de estos fenómenos obliga a formular preguntas de fondo. No se trata únicamente de comprender la coyuntura inmediata ni de analizar los acontecimientos del día a día. Se trata de reflexionar sobre su capacidad para responder a desafíos que exceden los ciclos electorales y que probablemente influirán en el rumbo nacional durante las próximas décadas.

Por esta razón, el Consejo Editorial del Observatorio publicó el año pasado la serie de análisis denominada Disección del Panorama Político Nacional, orientada a examinar las características, tensiones y dinámicas que atravesaba la vida política costarricense, particularmente durante la pasada campaña electoral. Sin embargo, conforme avanzó esa reflexión se hizo evidente que detrás de la confrontación entre actores políticos, económicos e institucionales emergía una pregunta aún más profunda: ¿qué nos está diciendo esta confrontación sobre el momento histórico que vive Costa Rica?

A partir de esa constatación, el Observatorio incorpora ahora una línea complementaria de análisis dedicada a “los grandes desafíos globales del siglo XXI”, concebida como un marco de referencia para comprender las grandes transformaciones internacionales y las oportunidades y riesgos que estas plantean para Costa Rica, sus instituciones, sus empresas y sus ciudadanos. Paralelamente, continuará dando seguimiento permanente a las principales vicisitudes políticas nacionales, convencido de que la comprensión de la coyuntura solo adquiere pleno sentido cuando se la observa dentro de procesos históricos más amplios.

De esta manera, el análisis de la realidad política costarricense y la reflexión sobre las grandes transformaciones forman parte de un mismo esfuerzo intelectual. Ambas perspectivas buscan responder una pregunta común: cómo prepararse para enfrentar los desafíos de las próximas décadas.

El hilo conductor

Por ello, el Observatorio mantendrá un hilo conductor que orientará el conjunto de sus investigaciones, publicaciones y actividades futuras. Ese hilo conductor parte de una convicción fundamental: Costa Rica se encuentra inmersa en una transición histórica de sus estructuras que le exige repensar aspectos esenciales de su modelo de desarrollo, de su organización institucional, de su estructura productiva, de la capacidad de organización y acción de sus actores políticos y de su capacidad para construir acuerdos nacionales duraderos.

Con frecuencia, los períodos de confrontación política no constituyen las causas fondo de las transformaciones históricas, sino la manifestación de problemas más profundos. Detrás de los desacuerdos visibles suelen encontrarse debates relacionados con el rumbo del desarrollo nacional, el papel del Estado y la iniciativa privada, la distribución del poder y los beneficios económicos, las prioridades sociales, los mecanismos de movilidad social y la forma en que una sociedad imagina su futuro.

Costa Rica parece encontrarse precisamente en uno de esos momentos históricos en los que el modelo que le permitió avanzar durante décadas ya no ofrece todas las respuestas, mientras el nuevo paradigma capaz de orientar el desarrollo futuro aún no termina de emerger plenamente. Es en estas etapas de transición cuando las preguntas adquieren un valor especial, porque ayudan a identificar los desafíos que definirán el rumbo de las generaciones futuras.

La revolución de la inteligencia artificial, la reorganización de la economía mundial, las nuevas dinámicas geopolíticas, la transición demográfica, el cambio climático y la expansión del crimen organizado transnacional están modificando profundamente las condiciones bajo las cuales las naciones construyen prosperidad y bienestar. En el caso de Costa Rica, el crecimiento del narcotráfico y de las economías ilícitas asociadas constituyen un desafío estratégico de primer orden, al operar como una economía paralela capaz de disputar al Estado recursos, territorio, legitimidad institucional e influencia sobre procesos políticos, económicos y sociales esenciales para el desarrollo nacional.

Pero los desafíos no provienen únicamente del entorno internacional. También surgen de realidades nacionales que interpelan directamente a nuestra sociedad. Las desigualdades territoriales revelan la existencia de distintas velocidades de desarrollo dentro del mismo país. Persisten brechas económicas, sociales y de infraestructuras que afectan a numerosas personas, en especial a mujeres y hogares en situación de vulnerabilidad. La informalidad laboral limita las oportunidades de cientos de miles de trabajadores y familias. El deterioro de los mecanismos tradicionales de representación política y la creciente fragmentación partidaria dificultan la construcción de acuerdos nacionales de largo plazo.

En consecuencia, la cuestión central ya no consiste solamente en cómo crecer más. La verdadera pregunta es cómo construir un desarrollo capaz de integrar a todas las personas, a todos los territorios y a todos los sectores sociales dentro de un proyecto nacional compartido. Ello exige recuperar una visión avanzada de Estado. No entendida como un aparato burocrático más grande ni como una simple suma de instituciones, sino como la capacidad colectiva de anticipar el futuro, articular acuerdos duraderos, fortalecer la democracia, impulsar el desarrollo humano integral y orientar el progreso económico hacia el bien común.

Porque, en definitiva, una sociedad no se transforma únicamente por la calidad de sus diagnósticos; también por su capacidad para construir una visión compartida de futuro y convertirla en acción. Y, en el fondo de todas estas transformaciones, emergen interrogantes que acompañarán el conjunto de las reflexiones futuras de este Observatorio:

Costa Rica frente al mundo emergente

¿Está preparada para competir y prosperar en un mundo cada vez más definido por el conocimiento, la innovación y la tecnología? La inteligencia artificial, la automatización, la digitalización y la economía del conocimiento están transformando la productividad, la competitividad y los mercados laborales en todo el planeta. Los países que logren desarrollar talento humano, investigación, innovación y capacidad tecnológica estarán mejor posicionados para aprovechar las oportunidades del siglo XXI. Esta pregunta invita a reflexionar sobre si Costa Rica posee las capacidades humanas, educativas, científicas e institucionales necesarias para participar exitosamente en esta nueva etapa de desarrollo.

¿Nos alcanzará el actual modelo de desarrollo para sostener mayores niveles de bienestar, movilidad social y competitividad durante las próximas décadas? Los logros alcanzados durante las últimas décadas son significativos. Sin embargo, los motores que impulsaron esos avances enfrentan hoy nuevas exigencias derivadas de la competencia global, los cambios tecnológicos y la reorganización de las cadenas internacionales de producción y, sobre todo, la politización de los aranceles impuestos en países desarrollados. La cuestión consiste en determinar si las fortalezas que explicaron el éxito relativo del pasado seguirán siendo suficientes o si será necesario construir nuevas ventajas comparativas y competitivas y nuevas capacidades nacionales.

¿Cómo aprovechar las oportunidades asociadas a la inteligencia artificial, al nearshoring («relocalización productiva cercana») y al friendshoring («relocalización productiva entre países socios o aliados estratégicos»)? La reorganización de la economía mundial en varios polos de influencia, en sustitución de las estructuras tradicionales que caracterizaron etapas anteriores de la globalización, está creando retos disruptivos, pero también oportunidades para países capaces de ofrecer estabilidad política, talento humano, seguridad jurídica e infraestructura competitiva. Costa Rica cuenta con activos valiosos para beneficiarse de estas tendencias, pero deberá actuar con visión estratégica para convertirla en empleo, mejores salarios, inversión, innovación y desarrollo sostenible. El aprovechamiento de estas oportunidades dependerá también de la capacidad para preservar condiciones de seguridad, estabilidad institucional y confianza, en un contexto marcado por el crecimiento del narcotráfico y otras formas de criminalidad organizada que pueden afectar algunas de las ventajas competitivas sobre las cuales descansa la atracción de inversión y la relocalización productiva.

¿Puede la economía costarricense aumentar significativamente su productividad sin transformar profundamente la educación, la infraestructura, la innovación y la eficiencia institucional? La productividad aparece de manera recurrente en los análisis nacionales e internacionales como una condición indispensable para sostener el crecimiento económico y el bienestar social. Esta pregunta remite a la capacidad del país para generar más valor agregado, mejores ingresos, mayor competitividad y mejores oportunidades para las nuevas generaciones. También obliga a reflexionar sobre la relación entre productividad, educación de calidad, infraestructura moderna, innovación tecnológica y capacidad institucional.

Costa Rica frente a las fracturas internas

Existen hoy dos Costa Ricas: la pobre y la rica. ¿cómo cerrar las brechas que las separan? Los indicadores económicos y sociales muestran la coexistencia de realidades profundamente diferentes dentro de un mismo país. Mientras algunas regiones logran integrarse exitosamente a los principales circuitos de inversión, innovación y empleo de alta productividad, otras continúan enfrentando mayores niveles de pobreza, informalidad, rezago educativo, bajo nivel de dominio de idio y limitaciones para atraer nuevas oportunidades.

Esta realidad obliga a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer el desarrollo territorial, la infraestructura y la conectividad regional, así como impulsar proyectos productivos acordes con las vocaciones económicas, sociales y ambientales de cada territorio. El desafío no consiste únicamente en redistribuir ingresos y recursos, sino también en generar nueva riqueza y nuevas oportunidades en aquellas regiones que históricamente han tenido menos posibilidades de desarrollo. Pero el reto es hoy más complejo, pues ciertos sectores ubicados en los regímenes especiales (zona franca) enfrentan cada vez mayor competencia internacional, que las ha obligado a cerrar o reubicarse en países más competitivos.

¿Cómo garantizar que el desarrollo del siglo XXI contribuya a reducir las desigualdades que afectan particularmente a las mujeres y otros grupos en situación de vulnerabilidad? La pobreza y la vulnerabilidad social tienen con frecuencia rostro de mujer. Muchas continúan enfrentando mayores dificultades para acceder a empleos de calidad, ingresos estables y oportunidades de desarrollo económico. A ello se suma la carga desproporcionada de responsabilidades de cuidado familiar que limita sus posibilidades de participación plena en la vida económica y social. La construcción de una sociedad más competitiva debe ir acompañada de políticas capaces de ampliar oportunidades y reducir barreras persistentes que afectan a mujeres, jóvenes y sectores vulnerables de la población, fortaleciendo el acceso a la educación, el empleo de calidad, los sistemas de cuido, la inclusión financiera y las oportunidades que generan la transformación tecnológica, la economía digital y los nuevos sectores productivos del siglo XXI.

¿Cómo construir una economía capaz de transformar la informalidad en trabajo productivo, protegido y generador de oportunidades? La informalidad laboral constituye una de las principales fracturas estructurales del país. Miles de trabajadores permanecen fuera de los mecanismos de protección social, capacitación, financiamiento y movilidad económica que ofrece la economía formal.
El desafío no consiste únicamente en crear empleo, sino en generar empleo digno, productivo y sostenible y registrar incrementos en el salario real. La reducción de la informalidad constituye una condición fundamental para fortalecer la cohesión social, aumentar la productividad y ampliar las oportunidades de desarrollo humano. Eso obliga a replantear el alto costo financiero de la seguridad social y formas alternativas de financiarla.

Costa Rica frente a la necesidad de transformarse

¿Estamos preparados para enfrentar simultáneamente el envejecimiento poblacional, el cambio climático, la transformación tecnológica y las crecientes amenazas asociadas al crimen organizado transnacional? A diferencia de otros períodos históricos, los desafíos actuales no aparecen de manera aislada. Su complejidad radica precisamente en la simultaneidad con que evolucionan y se interrelacionan. Cada uno de ellos tiene implicaciones económicas, sociales, institucionales y culturales profundas. La capacidad nacional de adaptación será puesta a prueba en múltiples frentes durante las próximas décadas, incluidas las contiendas electorales. Particular atención merece el avance del narcotráfico y de las economías ilícitas asociadas, cuya capacidad para debilitar instituciones, capturar recursos, distorsionar actividades económicas y erosionar la confianza social puede agravar significativamente los demás desafíos que enfrenta el país.

¿Dispone Costa Rica de los instrumentos políticos e institucionales necesarios para impulsar las transformaciones que exige el siglo XXI? La construcción de una nueva etapa de desarrollo requerirá reformas, acuerdos y decisiones que trasciendan gobiernos y períodos electorales. Sin embargo, el país enfrenta un escenario caracterizado por la polarización, la fragmentación política, la crisis de identidad, la descomposición ideológica y la desvinculación sectorial de los partidos políticos tradicionales, así como por la volatilidad electoral y la dificultad para construir mayorías estables.

La crisis y el deterioro de los partidos políticos históricos han transformado profundamente la manera en que se construyen consensos e impulsan reformas de fondo. Aunque este proceso ha abierto espacios para nuevas fuerzas políticas y nuevos liderazgos, también plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema político para sostener transformaciones a largo plazo.

A ello se suma un fenómeno más amplio: el debilitamiento de diversos mecanismos de intermediación y representación social que durante décadas contribuyeron a la construcción de acuerdos nacionales. Cámaras empresariales, organizaciones sindicales, movimientos sociales y otros actores colectivos han visto disminuir su capacidad de articulación e influencia en un contexto de creciente confrontación política y fragmentación de intereses, y una polarización muy marcada en los distintos medios de comunicación.

¿Estaremos preparados para construir los acuerdos y reformas institucionales que exige una nueva etapa de desarrollo? Durante gran parte de su historia democrática reciente, Costa Rica se distinguió por su capacidad para procesar diferencias mediante el diálogo, la negociación y la búsqueda de acuerdos entre diversos sectores de la sociedad. Hoy, sin embargo, la polarización política, la erosión de la confianza institucional y el debilitamiento de los espacios de concertación entre actores públicos y privados dificultan la construcción de consensos duraderos en torno a los grandes temas nacionales.

Las transformaciones que demanda el futuro implican revisar estructuras institucionales, mejorar la eficiencia del Estado, fortalecer la capacidad de ejecución pública, modernizar mecanismos de nombramiento de altos funcionarios de los distintos poderes de la República y mejorar la coordinación entre instituciones, sectores y poderes del Estado. La cuestión de fondo no consiste únicamente en identificar qué debe hacerse. El verdadero desafío radica en determinar si existe la capacidad colectiva, la voluntad política y los mecanismos de diálogo necesarios para construir acuerdos duraderos que permitan hacerlo. De la respuesta a esta interrogante dependerá, en buena medida, la capacidad para enfrentar con éxito los desafíos y oportunidades del siglo XXI.

¿Necesita Costa Rica una visión avanzada de Estado para enfrentar los desafíos del siglo XXI? La magnitud de los desafíos identificados obliga a pensar más allá de la administración cotidiana de la coyuntura. Se requiere una visión avanzada de Estado capaz de anticipar transformaciones, articular acuerdos nacionales, fortalecer la gobernabilidad democrática e integrar desarrollo económico, cohesión social, equilibrio territorial, sostenibilidad ambiental e innovación tecnológica dentro de un proyecto nacional compartido. Esa visión debe incluir también la capacidad del Estado para preservar el monopolio legítimo de la fuerza, garantizar la integridad de puertos y fronteras, proteger sus instituciones frente a la penetración del crimen organizado transnacional y salvaguardar las condiciones de seguridad y confianza necesarias para el desarrollo nacional.

Esa visión de Estado avanzada debe colocar en el centro a la persona humana y su dignidad, entendiendo que el desarrollo solo adquiere sentido cuando amplía efectivamente las oportunidades y libertades de las personas, familias, empresas y las comunidades.

La gran pregunta integradora

Las preguntas anteriores no son independientes entre sí. En realidad, forman parte de una misma reflexión sobre la capacidad de Costa Rica para adaptarse a un mundo en transformación y construir una nueva etapa de desarrollo. Por ello, todas convergen en una gran interrogante: ¿Podrá Costa Rica construir una visión compartida de futuro y los acuerdos políticos e institucionales necesarios para transformar su modelo de desarrollo, integrar a todos sus territorios y sectores sociales, fortalecer sus capacidades estatales y responder exitosamente a los desafíos del siglo XXI antes de que las tensiones derivadas de la transición actual profundicen la fragmentación política, económica y social?

Si el país logra responder positivamente a este desafío, no sólo habrá fortalecido su competitividad y su desarrollo económico; habrá dado un paso decisivo hacia la construcción de una sociedad más inclusiva, cohesionada, innovadora y humana y territorialmente integrada. Y detrás de todas estas reflexiones gravitará la pregunta fundamental que orienta el conjunto de este esfuerzo intelectual: ¿qué Costa Rica queremos legar a las próximas generaciones y qué decisiones debemos adoptar hoy para hacerla posible?

Nota metodológica: La elaboración de este trabajo que tiene como fin contribuir a una conversación nacional sobre los retos, oportunidades y decisiones estratégicas que podrían definir el rumbo de Costa Rica en el siglo XXI, combinó la revisión de fuentes documentales nacionales e internacionales con el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa, particularmente Microsoft Copilot, empleada como apoyo para la organización de información, la sistematización de evidencias, la formulación de preguntas de investigación y el contraste de enfoques analíticos. Los contenidos, interpretaciones, conclusiones y juicios de valor que contiene el documento son responsabilidad exclusiva de su autor.

Entre las principales fuentes de referencia utilizadas destacan el Plan Estratégico Nacional 2050 del 2022 y el Plan Nacional de Desarrollo e Inversión Pública 2027-2030, ambos del Ministerio de Planificación Nacional, los Informes Estado de la Nación 2024 y 2025, la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) 2025, los informes y estudios sobre Costa Rica con alcances al 2025 y 2026 elaborados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que visito Costa Rica, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Foro Económico Mundial, así como el Informe de Política Monetaria y el Informe de Coyuntura Económica más recientes del Banco Central de Costa Rica (BCCR).

Jorge Polinaris Vargas

Por Jorge Polinaris Vargas

Jorge Polinaris Vargas, politólogo con estudios de posgrado en Administración Pública, actual Director Ejecutivo del Observatorio Humanista Cristiano del Desarrollo, ocupó los cargos de Ministro de Planificación Nacional, Vicepresidente del Consejo Latinoamericano de Administración Pública, Vicepresidente de la Red Interamericana para la Descentralización (OEA), coordinador de la comisión redactora de la Carta Social Cristiana a Costa Rica (2015), codirector y director de 4 programas de Gobierno del PUSC, asesor de fracción parlamentaria, consultor internacional en desarrollo territorial sostenible, investigador y profesor en las escuelas de Planificación de la UNA y de Ciencias Políticas de la UCR, impartió conferencias en 14 países y dirigió más de 50 planes de desarrollo en todos los niveles de Gobierno.