Óscar Arias reúne experiencia, claridad de pensamiento y una profunda preocupación por el destino democrático de nuestros países.

Comentamos el artículo «Debemos adaptar el pensamiento cuando los hechos cambian», del expresidente de la República y Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias Sánchez, publicado en el diario La Nación el martes 27 de octubre de 2026.

El texto propone una reflexión de indudable actualidad: la política debe conservar sus principios y, al mismo tiempo, revisar sus instrumentos cuando las circunstancias lo exigen. La fidelidad a una tradición democrática requiere capacidad de aprendizaje, disposición al diálogo y valentía para reconocer que algunas respuestas del pasado necesitan transformarse.

Uno de sus temas centrales es la renovación de la socialdemocracia. Arias cuestiona que esta pueda definirse únicamente por la defensa de los monopolios estatales y sitúa su razón de ser en objetivos sustantivos: combatir la pobreza, reducir las desigualdades, garantizar oportunidades y proteger la dignidad humana. Su planteamiento queda expresado con claridad cuando afirma: «Una socialdemocracia para nuestro tiempo entiende que no necesitamos un Estado grande, sino un Estado fuerte y eficiente».

Esta afirmación debe leerse junto con una advertencia igualmente importante: «es irracional confundir —como lo hace la extrema derecha— la rectificación del papel del Estado con una mutilación indiscriminada de sus capacidades». Renovar las instituciones exige fortalecer su capacidad para cumplir sus responsabilidades. La eficiencia adquiere sentido cuando permite ofrecer mejores servicios, administrar adecuadamente los recursos y responder a las necesidades de la población.

Arias reconoce el valor del mercado, pero también sus limitaciones. Por eso sostiene: «Estoy convencido de que es urgente reducir las desigualdades en la distribución de la riqueza, una tarea que está más allá de lo que el mercado puede lograr». Su reflexión incorpora, además, la responsabilidad ambiental y la necesidad de impedir que la libertad económica se ejerza en perjuicio de los demás. Hay aquí una concepción del desarrollo que vincula prosperidad, justicia y solidaridad.

Otro eje fundamental es la responsabilidad de la oposición democrática. Al recordar su experiencia legislativa, el expresidente reivindica la independencia de criterio frente a las presiones partidarias: «Siempre he creído que en la vida se requiere más valor para coincidir que para discrepar». Más adelante precisa: «una oposición responsable es aquella que sabe decir “no” cuando debe y tiene la grandeza de decir “sí” cuando corresponde».

A mi juicio, esta reflexión tiene una relación directa con los desafíos de la política costarricense actual. Necesitamos recuperar la capacidad de valorar las propuestas por sus consecuencias para el país y de construir acuerdos que puedan explicarse públicamente. Esa disposición exige también firmeza: el diálogo democrático debe sostenerse sobre el respeto a la Constitución, la independencia institucional y la obligación de rendir cuentas. Coincidir requiere criterio; disentir, también.

La advertencia de Arias sobre el ejercicio del poder resulta especialmente significativa: «Aún seguimos permitiendo la falta de transparencia en el ejercicio del poder público. Aún seguimos angustiados frente a nuestros Bukeles criollos que amenazan nuestra separación de poderes». Sus palabras plantean una preocupación que considero esencial para Costa Rica: ninguna promesa de eficacia justifica debilitar los controles que protegen a la ciudadanía. Las instituciones pueden y deben mejorar, y esa transformación necesita preservar las garantías democráticas que dan legitimidad al poder.

El artículo invita, asimismo, a revisar nuestras propias certezas. La disposición de Helmut Schmidt a reconsiderar sus ideas aparece como ejemplo de una conducta política guiada por las necesidades de la sociedad. Esa apertura intelectual es indispensable para enfrentar problemas que cambian y demandas que no admiten respuestas automáticas.

El cierre condensa el sentido de toda la reflexión: «Nuestra tarea no es detener las manecillas del reloj mientras el tiempo y el mundo siguen inexorablemente su marcha».

Estamos ante un artículo lúcido, oportuno y de gran valor para la conversación nacional. Óscar Arias reúne experiencia, claridad de pensamiento y una profunda preocupación por el destino democrático de nuestros países. Su aporte merece una lectura atenta: invita a renovar las ideas, dignificar la política y colocar el bienestar colectivo por encima de las lealtades ciegas. Es una reflexión que enriquece el debate y ofrece una orientación valiosa para pensar, con responsabilidad y esperanza, el futuro de Costa Rica.rafos que vinculan estas ideas con Costa Rica están presentados como opiniones del comentarista, fuera de las comillas.

Eugenio Herrera Balharry