En estas condiciones es posible que vengan persecuciones contra personas, contra cualquiera de nosotros que hable o escriba sobre estos temas y alerte, porque somos una amenaza

María Eugenia Venegas Renauld.

No tenemos en el país una herramienta o mecanismo electoral directo para destituir a un presidente de la República bajo el supuesto de financiamiento con el narcotráfico. Contamos con vías constitucionales que emanan del ordenamiento jurídico, vías penales y electorales que permitirían procesar y juzgar y, hasta creo, remover a un presidente de su cargo si se demostrara ese tipo de delitos.

No soy abogada ni mucho menos, pero un sentido ético de la vida en sociedad me dice que ese tipo de infiltraciones interesa a todo ciudadano que ejerce su derecho a votar y a vivir en un país. No es ni más ni menos que una forma de cooptar al Estado por intereses de individuos, usando medios y recursos ilegales y, con ello, erosionar la convivencia democrática, libre y plena del poder de decisión que el pueblo tiene, como en nuestro caso.

Entiéndase que cooptar es, desde el punto de vista político y sociológico, una forma que usan los líderes o las élites para mantener el control del poder y su estabilidad, y neutralizar a opositores o grupos sociales.

Por eso, el tema es de obligado interés público y no podemos satanizar a quienes, en su justa labor, están obligados a llegar a los últimos rincones para iluminar lo que podría estar de por medio.

Desde mi ideal ciudadano, ocupamos normativa directa en el Tribunal Supremo de Elecciones para atender con rapidez la destitución de un mandatario o mandataria que esté involucrado en acciones directas, en la permisividad y en el conocimiento de actos ilegales, por ejemplo, el financiamiento con dinero del crimen organizado. Sería deseable una nulidad absoluta de la elección y una remoción inmediata de quien ocupe el cargo.

Es demasiado lo que está en juego: la vida de la población toda, diversa, desigual. Es una afrenta inhumana a los intereses de la colectividad, un vicio que, aunque venga de las organizaciones humanas desde la antigüedad, no por ello debe ser permitido.

Nuestros mecanismos son lentos cuando de despercudir el ambiente corrupto del narco se trata, y lo vemos a diario. Hay de por medio una maraña legal que no puedo entrar a juzgar porque estoy realmente enojada y ofendida con todo lo que el país está conociendo acerca del gobierno actual y el anterior, que son lo mismo, y de la infiltración que se va demostrando de figuras comprometidas moralmente con acciones ilegales y recursos, influencias y dádivas en el poder político.

La olla hedionda de corrupción, droga, lavado, influencia y vaya a saber qué más nos avisa de sospechas sobre la podredumbre del financiamiento electoral de dos períodos electorales recientes y sobre la sostenibilidad de una camada de figuras cuestionadas. Lo mostrado en fotos, videos y seguimientos de actividades económicas y sociales en el país, con vinculaciones nacionales e internacionales, nos está llevando a las entrañas de una odisea que jamás pensamos que fuera tan degradante para la vida nacional, para nuestro prestigio internacional y, mucho menos, para nuestra historia.

A sabiendas de que esa podredumbre se cuece en las derechas nauseabundas y los conservadurismos férreos que campean por el mundo, liderados sin duda por dirigentes a los que América ve con horror, pero permite por el propio horror del abandono, la ignorancia, la ambición, la desigualdad y el malestar, y por la esperanza de una prosperidad que, al estilo de grupos religiosos, se les inculca con atinada veneración y subyugación, siempre hay un hálito de esperanza para que la historia por fin tenga la luz que ocupamos.

Costa Rica, copada por un Ejecutivo y un Legislativo abrumadoramente nefastos, lamentablemente no está en manos de gente deseosa de proporcionar soluciones y recursos para paliar los problemas esenciales y vitales.

Por el contrario, mientras las manos oscuras parecen ser descubiertas en sus dádivas de dinero sucio para posicionar líderes y la mentira campea en los discursos, se desangra la oportunidad de alimentar el bien social y se usa a los mismos necesitados y trabajadores que buscan sostener una vida digna como víctimas absolutas.

El deseo de hacerse con el Poder Judicial no es ni más ni menos que cerrar las válvulas para que la verdad y la demostración de los delitos se oculten. Nos dejan a merced del delito, del crimen y de la droga que sigue pululando camino al norte o se estanca en los barrios más pobres para su venta y distribución, mientras consumidores de todos los niveles hacen fiesta y se evaden de la realidad que les pesa con furia.

A ese nivel parece que hemos llegado y, por ello, quienes todavía tenemos fuerza para alzar la voz, pensar, explicar y advertir estamos obligados a hacerlo.

Lo que estamos viviendo esta semana con la captura de gente con causales delictivas es realmente maravilloso como sinónimo de esperanza y fe en que podemos salvarnos y salvar al país. Pero requerimos de todo el esfuerzo de la prensa seria, de la gente que ilumina, de la oposición decente y de la gente seria para acuerpar la tarea que desarrollan las fuerzas estatales, aún libres del poder nefasto del gobierno, para darnos seguridad.

¿Que hay que limpiar a los infiltrados ahí? Sin duda, como hay que limpiar en todo partido las canchas para sacar a los corruptos y traidores, y desterrarlos. ¿Que los hay en todos los partidos? Claro que los hay. Somos seres humanos y el ser humano también se desvía; por eso, la mirada atenta a la conducta de todos es esencial.

En cualquier momento hay que sacar de los partidos a quien corrompe sus ideales, cuando son buenos. De ahí que esos discursitos de manipulados oficialistas, haciendo gala de nombrar a gente de otros partidos como ejemplo de corrupción para dañar a toda la oposición, no van.

Ellos mismos están recogiendo toda esa cosecha de gente podrida que debe salir de inmediato y, entre más se junten en el oficialismo, más se clarea el agua por la que corre la democracia.

Yo aspiro, como muchísimos en este país, a que toda esta red sobre el país se descubra. Como estamos viendo, el dinero y, con él, la influencia son lo peor de los inventos humanos.

Plata para comprar música, comida, transporte, bailongos, reuniones, festejos, banderas, pago de votos, dádivas, acceso a negocios para aumentar rentabilidades, ropa, maquillistas, joyas, sirvientes de todo tipo, alquileres, paseos, viajes, servicios, papelería, vallas, banderas, medios de comunicación, sueldos, accesos a sociedades y agrupaciones, construcciones y compras ilegales: son solo ejemplos de la extensa red de servicios y recursos que cubre el dinero sucio que tantos ambicionan. Súmeles los diezmos y regalías en templos de santurrones, sátiros y pedófilos.

A mí no me convence para nada la tapadera de obras de caridad cuando el dinero que manejan los líderes puede provenir de conductas de sometimiento y vasallaje a la dignidad y la solidaridad humanas.

No me deslumbra el empleo de la palabra Dios, que falsos profetas ensucian a diario en los discursos con los que seducen las neuronas de la gente más sencilla o temerosa de su dios, el que sea.

La época exige apertura mental y libertad de pensamiento, condiciones de las que la misma naturaleza nos ha dotado para decidir en colectividad cómo hacer. Y estos momentos de verdad son aquellos para los que quisiera que nuestro sistema electoral tuviera una vía expedita para erradicar tanta maldad que vemos que ha crecido en nuestro suelo. Si se comprueba con mayor evidencia esta porquería política que nos cayó principalmente en 2021, que podamos, con toda la energía del mundo, destruirla.

Es posible que vengan persecuciones contra personas, contra cualquiera de nosotros que hable o escriba sobre estos temas y alerte, porque somos una amenaza; que vengan nuevas e insospechadas amenazas, uso de la fuerza policial y otras oscuras fuerzas externas, alianzas negras y recursos de afuera para seguir con la tapadera de malas gentes y actuaciones delictivas.

Pero la evidencia que nos muestra la madeja corrupta que teje el poder se va consolidando y, en una Tierra redonda, parece que la cola y la boca están cada día más cercanas.

Hago votos por que el pueblo todo despierte, abra las neuronas a la información que es imposible ocultar y exija, para sí mismo y su descendencia, el retorno o, mejor, un rumbo hacia una vida más limpia que la que incluso hemos tenido en otros momentos, porque, además, estamos ante riesgos planetarios que hay que atender.

Actuemos pronto, porque pronto también podemos estar en situaciones aún no consolidadas de hambre y precariedad, o de ausencia de producción, salud, educación, vivienda, transporte, libertad, pensiones, salarios, créditos, ambiente y paz.

El mayor compromiso ahora es proteger lo bueno logrado, hacerlo crecer y desterrar esos financiamientos: desde los buses, el arroz con pollo y las servilletas de papel rojo de a mil que se montan en cuanta presentación hace el poder político, hasta las enormes dádivas en salarios, dietas y contribuciones sucias.

Ocupamos muchas manifestaciones, como las que se están realizando en el mundo, con gente que sale a las calles a denunciar esta podredumbre enquistada. Ocupamos seguir siendo libres y vivir en paz. Ahora, a poner nuestro grano de trigo en medio de tanta cizaña.

 

Maria Eugenia Venegas Renauld

Por Maria Eugenia Venegas Renauld

María Eugenia Venegas Renauld, es una educadora costarricense, que se ha desempeñado como decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica. Diputada ante la Asamblea Legislativa y Embajadora en México. Actualmente, colabora ad honorem en la UCR.