No permitamos el asalto del poder político corrupto, desde la Hacienda pública, a la universidad pública.

María Eugenia Venegas Renauld.

Liberar el presente y el futuro democrático de Costa Rica solo es posible desde el espacio de la universidad pública.

La universidad pública ha sufrido persecuciones y críticas a lo largo de la historia, pero jamás como en este tiempo. La educación superior fue artífice de una vida ciudadana libre. La historia nos muestra cómo la universidad pública tiene voz y no tiene que andar guardando su pensamiento diverso ante la invasión del mercado, que alcanza incluso a tantas empresas académicas. Por la trascendencia de su ser y hacer, tiene la urgencia, como nunca antes, de ser el espacio para librar la lucha democrática nacional: el espacio para el plantón social.

Lo que está viviendo la universidad pública no es, como se puede creer o se difunde, un tema de financiamiento solamente. Esa es la punta del problema, pero lo que subyace en el ataque frontal del gobierno chavista, teñido de fascismo, es la carga de mentiras, brutalidades, racismo, corrupción e ignorancia que procuran apagar la crítica, el pensamiento, la reflexión, la defensa del bien común y la acción seria.

La universidad pública, más que nunca, es el espacio que hace posible la resistencia. A pesar de muchas debilidades que los tiempos han traído mediante normas y sometimientos financieros provenientes del poder, tiene en su condición ontológica la libertad y la autonomía, y no puede renunciar a ellas. No puede, ahora menos que nunca, perderlas por sometimientos presupuestarios. Es más que plata lo que se juega el país con el debilitamiento universitario estatal. No es un asunto exclusivo de cierres técnicos, reducción de matrículas o cancelación de proyectos. Hay que mirar lo que subyace en esa línea de acción. Lo que está en juego es la mente suya y mía, la de todos, que se pretende anular, como ocurre con todo fascismo. Entendámoslo pronto.

El discurso de la educación como liberación, movilización social, alfabetización y cultura debe dar paso a una resignificación mucho más poderosa y a una pedagogía nueva que las autoridades deben ejercer. Estamos obligados a actuar, enseñar y aprender a resistir. El chavismo no entiende ni le interesan los discursos de altura, porque vive en los sótanos oscuros de la mediocridad y la maldad. El discurso de la innombrable diputada chavista, harta de los derechos humanos, es un excelente ejemplo de la verdadera condición inhumana que los rodea.

La universidad está llamada, ¡ya!, a abolir esta nefasta casta delincuencial que se ampara en la inmunidad y baila con el poder nefasto alimentado desde el norte, y a recuperar la solidaridad y la pluralidad de voces. La universidad pública requiere ser el plantón permanente donde cabemos todos para desterrar este fascismo convulso y enfermo que infesta al país. Un plantón permanente que abogue por la solidaridad, la tranquilidad, el cultivo de la paz, la conquista de derechos y humanidad, nuestra identidad, la educación, la salud y el alimento.

Solamente en la esfera más alta del conocimiento, que representa la universidad pública, es posible defender la democracia, porque ella es voz, es fuerza, es valentía. Ella no tiene que callarse para salvaguardar intereses y proteger negocios. Es la única que puede alzar las banderas del pensamiento diverso y formar conciencia ciudadana. No puede sucumbir a comentarios de troles que hablan de universitarios corruptos o que asocian el ser universitario con pensiones de lujo, ni a la malévola intromisión narrativa de líderes foráneos naturalizados como ticos.

Los reveses de los ministros de Hacienda son siempre destellos de sus urgencias narcisistas, que perviven para destruir lo social, nunca para favorecerlo. Cuando el rebaño legislativo les facilita las cosas, muestran justamente la gravedad de su debilidad.

La universidad pública está llamada a concertar a los sindicatos, las fuerzas sociales, las organizaciones, los estudiantes, los profesores, los trabajadores, los campesinos, los emprendedores y los empresarios responsables para la gran resistencia que debemos hacer. Todas las personas, universitarias o no, deben saber que la universidad pública es voz representativa del pueblo, que abre sus puertas al bien común y que no ceja en el estudio y el pensamiento. Hay que entender la lucha del fascismo contra la universidad pública.

No permitamos el asalto del poder político corrupto, desde la Hacienda pública, a la universidad pública. No permitamos que sus sucias manos, ni las de ningún poder, intervengan en el único espacio posible de pensamiento y defensa democrática. En las universidades públicas está la defensa de todos quienes valoramos la vida libre, la paz y el bien, la historia y el futuro. La universidad pública es la única oportunidad de liberar nuestro presente y sentar los rieles para pensar el futuro.

Maria Eugenia Venegas Renauld

Por Maria Eugenia Venegas Renauld

María Eugenia Venegas Renauld, es una educadora costarricense, que se ha desempeñado como decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica. Diputada ante la Asamblea Legislativa y Embajadora en México. Actualmente, colabora ad honorem en la UCR.