Miguel Gutiérrez Saxe. Economista y analista de política pública costarricense.
Sirva este artículo para redondear lo que he venido trabajando en varios, a partir de una revisión crítica del tipo de cambio y el régimen cambiario. La CEPAL nos puso hace un par de meses, sin proponérselo del todo, frente a un espejo incómodo. Dualismo productivo es lo que describe nuestro estilo de desarrollo, según nos lo recuerda el Secretario Ejecutivo, el costarricense José Manuel Salazar-Xirinachs, en agosto de este año. Tenemos, dijo, una economía con sectores modernos, de alta productividad, insertados en el mundo y que pagan buenos salarios; y, al lado, amplios sectores del régimen definitivo que no crecen a esas tasas y se van quedando atrás, muchos corren riesgo de tener que cerrar. No es la crítica de un adversario: viene del organismo que nos pone de ejemplo regional por nuestro clúster de dispositivos médicos. Y coincide con lo que desde el Estado de la Nación venimos documentando hace años con otra imagen. Hablamos de la economía de las dos caras: un jet veloz pero de pocos pasajeros, las zonas francas, y un avión comercial que lleva a la mayoría pero despega con dificultad.
Conviene tomar en serio el diagnóstico, porque tiene sustento técnico y no solo retórico. Las investigaciones de Karla Meneses, entre otras contribuciones, para el Estado de la Nación mostraron que apenas una parte menor de nuestra producción genera encadenamientos de verdad, es decir, es a la vez demandante y oferente relevante de insumos. También mostraron que muy pocos productos tienen altos multiplicadores de empleo. Traducido: después de tantos años de zonas francas, no podemos seguir esperando que sus beneficios se derramen solos sobre el resto de la economía. El enclave exportador convive con un tejido nacional de baja productividad, y entre ambos hay menos puentes de los que quisiéramos.
¿Qué propone la CEPAL frente a esto? En un informe reciente de una comisión de expertos independiente, Rupturas y oportunidades, ordena la agenda alrededor de tres ideas, que intento adaptarlas para Costa Rica. La primera es gestionar el tipo de cambio real como variable de desarrollo, sin dejarlo enteramente al mercado ni subordinar la política monetaria a un único objetivo de inflación. La segunda es rehabilitar la política de desarrollo productivo. No se trata de volver a la vieja protección arancelaria, sino de intervenir selectivamente para densificar encadenamientos, escalar en las cadenas de valor y llevar la producción fuera de las zonas francas y de la Gran Área Metropolitana. La tercera es una inserción internacional que capture más valor agregado y se apoye en la integración regional, con la igualdad como brújula y un pacto fiscal que financie todo sin sacrificar la inversión. En una frase: convertir un estilo que tiene exitos, pero dual, en un estilo de desarrollo integrado.
Hay tres desencuentros de fondo con nuestra política económica. El primero es cambiario y monetario. Mientras la CEPAL recomienda gestionar el tipo de cambio real, hemos tolerado una apreciación del colón de más del 30% desde 2022, con una tasa de política monetaria que, con deflación, es en términos reales de las más altas de la región. Ya mostré que ese precio no sale de un mercado neutral, sino de una flotación altamente administrada; la pregunta, entonces, no es si se administra, sino para qué. Su consecuencia está a la vista: nos encarece frente a Centroamérica, socio comercial de importancia, justo cuando el arancel estadounidense y la incertidumbre nos empujan hacia ella.
El segundo es la falta de una política de desarrollo productivo. Invertimos en I+D menos del 0,5 % del PIB, cifra impropia de un país que presume de talento, y los programas de proveedores y de escalamiento de pymes no pasan del discurso. Así, seguimos atrayendo inversión extranjera sin exigirle transferencia tecnológica ni encadenamientos, ni financiar a las instituciones que proveen recursos humanos e inversión a todos los sectores.
El tercero es fiscal. La consolidación era necesaria, pero se logró recortando la inversión pública. Eso es austeridad procíclica: ordena la casa hoy y la empobrece mañana.
Los tres apuntan en la misma dirección, y ninguno se corrige por inercia. Tampoco la desigualdad cede sola: cede con mecanismos robustos de ascenso social.
Si el diagnóstico es certero, las medidas correctivas se ordenan casi por sí solas.
En lo cambiario y monetario, si el Banco Central ya es el actor dominante del MONEX, el debate no es si interviene, sino con qué objetivo. Gestionar el tipo de cambio real exige sumar a las compras de divisas la atención a los flujos de capital de corto plazo, no abusar de la esterilización con cuando se emite para convertir dólares, una regulación macroprudencial que modere la cuenta de capital y una política monetaria que pondere el empleo y la competitividad, no solo el índice de precios.
En lo productivo, hace falta una política de desarrollo con nombre y presupuesto. Eso significa programas de proveedores, escalamiento de pymes y más contenido local. Significa también fortalecer el sistema de innovación y la formación técnica, con un enfoque territorial que impulse la producción fuera del enclave.
A eso se suma un “gran impulso” ambiental que use nuestra marca verde (matriz renovable, pago por servicios ambientales, bioeconomía) como motor de competitividad auténtica y no como adorno.
En lo externo, toca profundizar la integración centroamericana para superar el límite de un mercado pequeño. Y en lo fiscal, un pacto que financie la inversión y la política productiva sin descargar el ajuste sobre la inversión social.
Sería deshonesto presentar esta agenda como un consenso de la profesión. Es la posición de una escuela, la estructuralista, y tiene críticas que hay que consignar. La política industrial selectiva puede ser capturada por intereses y exige capacidades institucionales que no siempre tenemos. Gestionar el tipo de cambio real choca con restricciones conocidas y con nuestra dolarización financiera. El espacio fiscal es estrecho y está atado a la regla fiscal. Y hay quienes sostienen, con argumentos, que fue precisamente el modelo abierto y pro-inversión extranjera el que explica nuestro éxito exportador. Todo eso es cierto. Pero la respuesta estructuralista también lo es: ese éxito convive con una desigualdad persistente y con una productividad agregada que crece poco. Ahí la evidencia del Estado de la Nación le da la razón a la preocupación de fondo.
Costa Rica no tiene que elegir entre celebrar sus zonas francas y atender al resto de su economía; el punto es, justamente, conectarlas. La CEPAL nos devolvió el diagnóstico que ya conocíamos, con la autoridad de quien nos pone de ejemplo. Sería una lástima quedarnos con el halago y desoír la advertencia. El reto no es tener menos jet; es lograr que la línea aérea comercial, la que lleva a la mayoría, por fin despegue.oductivo la supervivencia de todos. En la de menos es tiempo de cambiar el régimen cambiario y la política monetaria.
Libro que reúne la colección de artículos disponible en AMAZON


Sobre el malestar y las respuestas ofrece una mirada clara y rigurosa a los desafíos actuales de Costa Rica, reuniendo artículos que combinan reflexión accesible, perspectiva histórica y propuestas realistas para comprender el país con serenidad y criterio.
Estas páginas recorren asuntos que van desde la gobernabilidad, la institucionalidad democrática y la seguridad ciudadana, hasta reflexiones más amplias sobre la posición de Costa Rica en un mundo en transformación.
Más que una recopilación de artículos, este libro es un testimonio de pensamiento comprometido y un llamado a ejercer la ciudadanía con información, criterio y responsabilidad. Publicados entre 2022 y 2025., los textos de Miguel Gutiérrez Saxe constituyen un análisis crítico y realista de la realidad costarricense.
Su autor, Miguel Gutiérrez Saxe, reconocido investigador y analista de larga trayectoria, aporta una voz experta, rigurosa y profundamente comprometida con el bien público.
La Revista CR, medio independiente dedicado a la opinión, la cultura y el análisis nacional, impulsa esta obra como parte de su misión de fortalecer el pensamiento crítico y promover una ciudadanía informada.


