Una lucha de 70 años: Las sufragistas, Ángela Acuña Braun y su liderazgo.

La pobreza es femenina, las víctimas de la violencia machista, las excluidas del sistema de educación, esa utopía que soñaron las sufragistas, que al participar en el ejercicio de elegir y ser electas íbamos a transformar la sociedad, íbamos a mejorar nuestras vidas, sigue siendo utopía. Pero lo que sí es cierto es la deuda de nuestra memoria a Ángela Acuña Braun, ejemplo innegable de fe y pasión.

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Ángela Acuña Braun (1888-1983)

Macarena Barahona Riera, Poeta y catedrática de la Universidad de Costa Rica   

El siglo XX trató a sus mujeres con rudeza y castigo, las mujeres de principios del siglo XX tuvieron que bregar con afán por abrir los cotos privados de la cultura, del arte, de la política, de la ciencia. Tuvieron que cuestionar los fundos heredados de los varones, irrumpir en la educación y en la vida pública exigiendo los mismos derechos, la misma libertad, el mismo salario al mismo trabajo.

En palabras de Ángela Acuña, “La paciencia ha sido la gran aliada del trabajo femenino, a lo largo de los años, en sus espléndidas batallas emancipadoras. No la paciencia inerte, reducida a aceptarlos todo sin protesta, sin defensa, sino aquella que actúa junto al valor, para alcanzar la meta, para transformar en realidad los ideales que forjó la mente y alentó el corazón “.

Mujeres como Ángela Acuña Braun irrumpieron y forjaron nuevos caminos para las mujeres, desde su lucha por el bachillerato en el liceo de Costa Rica, luego entrar a la Escuela de Derecho, luego para ejercer su notariado, y el arduo recorrido en plaza pública, en la Revista Fígaro, en los periódicos, junto a otras mujeres comprometidas con la lucha por la igualdad de las mujeres.

La Liga Feminista se funda el 15 de setiembre de 1923, y pertenece a ella Esther de Mezerville, Ana Rosa Chacón, Corina Rodríguez, Lydia Fernández, Vitalia Madrigal, Anis Quesada, Lupita Soto, Rosaura Moreno de Venegas, Carmen Salazar Loría, Lupita Santos de Cabezas, Mariana Quirós Silva, Emilia Salazar Pinto, Salvadora Alvarado, Mariana Rodríguez, Ana Cantillano, Elsa de Echandi, América Lern, Marita Oleary de Vene, Isabel Calderón, Marta Sancho, Lorena Rodríguez, Rosario Floripe, María Teresa Villegas, Lela Campos, María Esther Amador, María del Rosario Burgos, Ana María Loaiza, María Isabel Zamora. Desde 1923 hasta 1947 organizaron y desplegaron campañas públicas, mítines, reuniones, presionaron a diputados, recogieron miles de firmas, redes de telegramas de maestras y maestros apoyando las demandas. Hubo otros nombres que citó Ángela Acuña y en que describe el ambiente en esos momentos:

“Sabíamos de sobra que todavía no se tomaban en serio nuestras actividades. En torno a ellas se mantuvo, durante muchos años, una especie de conspiración de silencio a fin de conservar la situación tal como estaba, en la creencia de que en esa forma se apagarían los bríos de las mantenedoras de la idea…” Eran muchos los indicio en que se ofrecían a la consideración de las naciones, al iniciarse el siglo XX, sobre el avance de la conquista de las mujeres otras batallas enunciadas, ya que han convertido en tormentoso este siglo de las grandes trasformaciones. Dichosamente las mujeres en general, lucharon con paciencia y sin sangre”

En las informaciones periodísticas se transcriben partes de los discursos inaugurales de Ángela Acuña, la doctora Calderón, Ana Rosa Chacón, Ana María Loaiza, María del Rosario Borges, Ada García, Mercedes Zamora, Claudia Alfonso y Claudia Trejos. Reproduciendo parte de uno de ellos:

“Prometemos ser fuertes en la lucha de la vida y llenas de optimismo el corazón, haciéndolo latir por ideales que derriben las tradiciones opresoras…Poner el alma cerca de todas las cosas y llevar el pensamiento con libertad absoluta, a través del universo para perfeccionar la realidad sin distinción de razas ni fronteras…ser las vehementes compañeras de los hombres en la grandiosa batalla de conquistar una humanidad mejor”

El gobierno de Teodoro Picado Michalski firma, La Carta de las Derechos Humanos en 1945 y la suscribe en Las Naciones Unidas y se envía al Congreso de la República. Los diputados comunistas lo apoyan, un grupo reducido de diputados del Partido Republicano, pero la mayoría no; como antecedente inmediato a la constituyente de 1949 está la reforma enviada al congreso la reforma por Teodoro Picado al artículo 9 de la constitución de 1971. “La República no establece ninguna diferencia por razón de sexo en el ejercicio de la ciudadanía y, en consecuencia, las mujeres, a igual que los hombres participan en las votaciones populares y pueden ser nombradas para el despeño de cualquier función pública”.

Esta reforma fue enviada al Congreso Constitucional el 4 de junio de 1947 y no logró pasar al plenario. Quince fueron los diputados que apoyaron esta iniciativa del ejecutivo, que, además, querían ajustar nuestra legislación con lo establecido por la Carta de la Naciones Unidas, la cual había sido aprobada por nuestro congreso y ratificada por el Ejecutivo. Los diputados son: Luis Carballo Corrales, Fernando Volio Sancho, Carlos Luis Fallas Sibaja, Jaime Cerdas Mora, Bernardo Benavides Zumbado, Arturo Volio Guarda Guillermo Cruz, José Albertazzi Avendaño, Fernando Lara Bustamante, Emilio Sanuhuja Muñoz, Alfredo Picado Sáenz, Carlos Barahona Sánchez, Florentino Cruz Gonzáles y Víctor Rodríguez Campos.

Al integrar la Asamblea Constituyente después de los sucesos políticos de 1948 es importante resaltar que: ninguna mujer fue miembro ni tampoco hubo mujeres en el Centro de Estudios para los Problemas Nacionales.

Es patético reconocer que los diputados prefirieron un no para los derechos de las mujeres y un no a la iniciativa del presidente. Esos diputados meses después cambian de opinión para votar si a los derechos de las mujeres, esa es la gran convicción de la igualdad política y ese aquí donde a 70 años transcurridos las mujeres no tenemos ni el mismo poder político ni social y muchos menos económico. La pobreza es femenina, las víctimas de la violencia machista, las excluidas del sistema de educación, esa utopía que soñaron las sufragistas, que al participar en el ejercicio de elegir y ser electas íbamos a transformar la sociedad, íbamos a mejorar nuestras vidas, sigue siendo utopía. Pero lo que sí es cierto es la deuda de nuestra memoria a Ángela Acuña Braun, ejemplo innegable de fe y pasión.

 

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